El mundo de Alicia, contrario al
título del cuento conocido, jamás se asemejó al de una fantasía plagada de
seres cordiales y coincidencias afortunadas. Quedándose huérfana a la extraña
edad de 11 años el mundo se tiñó de gris. Y digo extraña porque aquella época
resulta crucial para decidir la máscara que llevarás a lo largo de tu vida y
ella, sola ante los peligros del mundo acechando, no se llegó a acostumbrar a
la ausencia de sus seres queridos. ¿Y quién podría si cada vez que te
encuentran un defecto te devuelven al orfanato? Tenía la sensación de
convertirse en un cachorro de escaparate cuando venían nuevas visitas que
desprendían chispas de emoción con solo mirar a los rostros inocentes (al menos
aparentemente) que albergaba aquel lugar.
Lo cierto es que Alicia nunca fue la
niña perfecta que los “futuros” padres anhelaban. Más allá de las coletas y las
cada vez más cortas faldas en función de la edad, el maquillaje y el esconder
revistas con vestidos de novia bajo la almohada, se trataba de una chica
simple. Frente a tantos rechazos de los potenciales padres que siempre acababan
por devolverla al orfanato, Alicia llegó a saberse al dedillo el protocolo de
adopción, el funcionamiento de las casas de acogida y las tareas de los
trabajadores sociales. Sin saber cómo, un nuevo deseo pobló su pequeño corazón
demasiado fragmentado para la edad que tenía.
Así me gusta, que vuelvas a escribir :)
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