Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
viernes, 31 de agosto de 2012
Anhelada libertad
domingo, 26 de agosto de 2012
Ser sobre el papel
Los dedos tamborilean por las
teclas, tus sentidos se concentran en la pantalla mientras que tratas de
ordenar todo lo que piensas para plasmarlo sobre el papel. Escribes todo que se
te pasa por la cabeza sobre ese tema, te olvidas del mundo que tienes alrededor,
tan solo estás tú y aquello que sientes. El corazón acelera su ritmo cuando
nota que estás expresando las mayores verdades sobre un trozo de papel y hay
algo que te hace sonreír. Nunca sabes lo que te hace sentir tan bien, pero no
te importa. Sabes que está sensación es cuanto necesitas para sentirte un poco
mejor. Quien iba a decir que esto iba a convertirse en una especie de droga que
te permite filtrar el aire que respiras, que te ayuda a aclarar los que piensas
y preguntarte cosas que nunca atreverías a decirte en tu mente. Sobre el papel
las cosas están un poco más claras, puedes fiarte de aquello que dices.
Lo cierto es que es una sensación
increíble salvo por una cosa, al acabar algo dentro de ti cambia. Ya no te
sientes igual y eso parece confuso. Sabes a qué se debe y que sin esta
sensación escribir no sería igual. No te gusta definirla porque su mención
provoca más incomodidad, pero has de acostumbrarte a ello. Es el vacío. El
vacío que sientes cuando dejas parte de ti en el papel, plasmada en las
palabras que salen de tus dedos casi sin pensar, palabras que nunca pasan por
la boca, palabras que la mente muchas veces se niega a admitir. Aquella
sensación de pérdida es temporal, con el tiempo admites que tan solo te paraste
a copiar aquello que pensabas, ya que la verdadera esencia de los que eres está
dentro de ti.
Damos otra vida a nuestros
pensamientos, los copiamos en un papel sabiendo que son partes de lo que somos,
de nuestras vidas, son nuestras sonrisas perdidas y lágrimas que olvidamos hace
muchos. Nunca deberíamos olvidar que escribiendo los pensamientos cobran una
nueva vida reflejando lo que somos en la realidad. Aquella sensación es
maravillosa. Cuando releemos lo que escribimos hace tiempo algo dentro de
nosotros parece transformarnos, nos recuerda que así es como fuimos, pero lo
mejor es que nos sonríe sabiendo que ahora somos mucho mejores.
Al poner un punto final, la
sangre aun corre con rapidez y un ligero dolor nos cruza las puntas de los
dedos, es entonces cuando comprendemos que acabamos de hacer algo increíble,
que logramos dejar una copia de lo que somos sobre el papel y entonces, un poco
mareados, sonreímos al pensar que eso es lo que buscamos, que por ello vale la
pena escribir.
Sensación fantasmal
Ya me acostumbré a pensar en ti
antes de dormir, a imaginarme tus abrazos cuando no estás. Se me hace raro lo
mucho que se puede echar de menos a una persona, pero supongo que es una parte
inevitable de estar enamorado. Cuando la incomodidad del vacío de mi pecho se
hace más notoria suelo dar un repaso a todos los recuerdos que compartí
contigo, es una tontería, pero me ayuda a darme cuenta de que todo es de
verdad, que las cosas no se estropean o que, cuando vuelvas, todo seguirá como
siempre. Tengo miedo a demasiadas cosas, pero comparado con perderte aquellos
temores parecen insignificantes. No puedo explicarte cómo me siento y en parte
aquello me tortura, me gustaría decirte lo que me haces vivir, en cambio,
cuando intento hablar mi corazón se niega a latir igual que siempre. Supongo
que debería dejar de intentarlo o no, quién sabe, quizá el secreto esté en
intentar explicar cómo me siento cada día, de esa forma me aseguraré de que al
día siguiente tendré que volver a intentarlo y por ello vale la pena seguir
adelante, seguir a tu lado y, por muy estúpido que parezca, seguir viva.
Mi corazón late desbocado cada
vez que un pensamiento sobre ti cruza mi mente. Todavía no lo comprendo, pero
me gusta experimentar aquella sensación. Supongo que eso me recuerda que te
quiero.
Detonante temporal
Creemos que ser fuertes implica
no pasar por el dolor, que si aguantas de pie las patadas que te de la vida el
sufrimiento es menor. Bueno, quizá en muchas ocasiones sea así pero, al igual
que siempre, nos olvidamos de la parte negativa de dar la cara sin inmutarnos.
Supongo que es una sensación que
se nota con el tiempo, cuando sientes que hay algo que te molesta, algo que no
sabrías identificar con total certeza. Hay veces en las que parece que las
cosas nos desbordan y, entonces, reaccionamos. La gente suele decir que aquello
suele pasar por haber sido fuertes demasiado tiempo y la verdad es que estoy de
acuerdo.
No podemos aguantar todo lo que
nos echen sin hacer nada, necesitamos actuar, expresar nuestras emociones de
cualquier modo para no terminar ahogándonos en ellas. Hace falta un detonante
para que toda la carga emocional explote y por más tiempo que pase la llama
capaz de incendiar nuestra reacción irracional se hace más fácil de conseguir.
Parecerá raro, pero aquel
detonante nos hace un favor, nos permite vaciar el tanque de emociones
escondidas y volver a empezar. El problema es que, muchas veces, aguantamos
demasiado tiempo el dolor, entonces la reacción puede ser perjudicial para
aquellos que nos rodean. La explosión de todo lo que llevas dentro de tu
corazón parece abrumar a los demás, quienes nunca experimentaron esa sensación
no lograrán comprenderlo, etiquetándonos de locos. Solo unos pocos, aquellos
que saben los que se siente al callar sentimientos, gritos, lágrimas e,
incluso, sonrisas, dirán: “Por fin se ha derrumbado”…
Y es que no se puede ser fuerte
todo el tiempo, nunca podremos aguantar el dolor sin reaccionar, todo tiene su
consecuencia. Supongo que habríamos de aprender a expresar aquello que sentimos
más adentro, aquello que revuelve nuestro corazón recordándonos que no siempre
las cosas nos irán bien. Hay que tener claro que con el tiempo, el cielo se
aclara y el sol vuelve a salir, solo hay que dejar de quemar viejos
sentimientos enterrados que nos impiden respirar con tranquilidad.
Supongo que es eso lo que me
pasa, estoy buscando un detonante para dejar escapar todo lo que llevo tiempo
guardando y la verdad es que me parece demasiado. Demasiados recuerdos,
demasiadas sonrisas, demasiadas lágrimas, demasiado dolor enmascarado… supongo
que he sido demasiado fuerte demasiado tiempo. Lo peor de todo es darte cuenta
de que estás llegando a tu límite, de que las cosas empiezan a sobrepasarte y
no encuentras manera de librarte de aquello que te preocupa. Lo malo es que
sabes que en algún momento inoportuno, explotarás y dejarás entrever todo
aquello que llevas tiempo escondiendo, puede que simplemente dejes de
esconderte tras máscaras y por fin muestres lo que sientes en cada instante,
puede que un día por la calle te eches de rodillas y te pongas a llorar dejando
que la gente te etiquete de loca, pero ya no te importará porque comenzarás a
recobrar tu fuerza esperando que, está vez, no explotes de nuevo.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Mañanas de dudas
Mañanas en las que todas las
decisiones que tomaste parecen erróneas. Una insoportable sensación despierta
dentro de ti y no hay forma de esquivarla. La incomodidad te tortura con sus
pensamientos y te replanteas el día de ayer. Lo irónico es que hace un par de
horas, todas las decisiones parecían resolverse. La tranquilidad de aquel
entonces te hizo respirar más libremente. Después de un tiempo parecía que las
cosas se iban solucionando, pero de repente te levantas y te das cuenta de que
nada ha mejorado, echas la vista atrás para criticar lo que hiciste antes y eso
tan solo sirve para aumentar la inseguridad que se adueña de tu cuerpo
impidiéndote, de cualquier forma, pensar razonadamente.
Comprensión medida por el dolor
Ojalá pudiese explicarte que te
entiendo más de lo que crees. Ojalá no me costara tanto admitir que se
perfectamente lo que sientes. Ojalá…
Y comprendes que lo peor de todo
es tener que comprender el dolor de alguien, sabiendo que siente lo mismo que sientes
tú y no poder actuar admitiendo que estás viviendo una realidad similar.
Carta personal
Ya estoy acostumbrada a escribir
cartas que nunca serán recibidas. Es una carta sin destinatario. Puede que sea
porque me dirijo a mí misma, escribo cosas que tengo miedo de pronunciar, pero
que tanto me hace falta admitir. Lo más irónico de todo es que hay cosas que
evito afrontar, temo ser franca conmigo misma por miedo al dolor que eso
podría causarme. Pero ¿sabes? ¿Acaso se
puede sufrir más? Bueno supongo que sí, pero cada uno tiene su medida de
sufrimiento.
El despertar imaginado
No puedo evitarlo. Me encanta
pensar en cómo sería despertar a tu lado. ¿Te lo imaginas? Adoro pensar en la
posibilidad de abrir los ojos y verte a mi lado, todavía con la cara dormida,
pero alegre. En ese momento me olvidaría de todo que no tenga que ver contigo.
Me dejaría capturar por tu mirada y perdería la noción del tiempo, comenzando a
sonreír. Supongo que te sería imposible ver el resplandor que iluminaría mis
ojos entonces. Seguidamente, mi corazón daría un vuelco y, solo entonces,
comprendería que no lo cambiaría por nada. Me olvidaría de los restos de sueño
aun presentes en mi rostro, ignoraría mi pelo revuelto y el ruido de los coches
que se percibiría a lo lejos. Y cuando
el corazón me amenazaría otra vez con volver a salirse del pecho, te besaría. Y
después… después te susurraría con otra sonrisa dibujada en los labios: “Buenos
días”.martes, 14 de agosto de 2012
Esta soy yo
Puedo recogerme el pelo y
soltármelo en medio de la calle. Puedo llevar medio día pensando qué ponerme y
cuando sea la hora de salir, decidir cambiarme. Puedo pintarme los labios y al
salir a la calle intentar quitarme el pintalabios pensando que me he pasado.
Puedo hacerme una taza de leche con chocolate y nunca ser capaz de acabármelo.
Puedo pintarme las uñas y luego decidir que no las quiero de ese color. Puedo
salir a dar una vuelta sola para poder estar asolas con mis pensamientos y no
dejar de escuchar música que me impida pensar. Puedo sonreír a la gente que veo
por la calle y luego indignarme al ver que no me sonríen de vuelta. Puedo
ponerme a cocinar y luego negarme a probarlo. Puedo querer levantarme pronto
por la mañana y nunca conseguirlo. Puedo
estar enfadada conmigo misma demasiadas veces. Puedo sentirme realmente mal por
pisar accidentalmente a mi gato aunque este siempre me ataque. Puedo pasarme el
día en las nubes y luego sentirme culpable por no haber hecho nada en absoluto.
Puedo levantarme el medio de la noche e intentar memorizar lo que soñé. Puedo
despertarme en medio de la noche y mirar por la ventana al escuchar el sonido
de la lluvia. Puedo alisarme el pelo y luego intentar que parezca ondulando. Puedo
olvidarme del tiempo y llegar tarde a casa. Puedo hacer fotos estúpidas a cosas
innecesarias. Puedo guardar recuerdos que empiezan a ocupar demasiado espacio. Puedo
dormir abrazada a una almohada sabiendo que de otra forma estaría incómoda.
Puedo pronunciar el nombre de la persona que echo de menos sabiendo que no lo
escuchará. Puedo agobiarme con un par de pensamientos bien escogidos. Puedo
emocionarme por tonterías y dejar pasar las cosas importantes. Puedo tropezar
por la calle y reír de mi misma. Puedo esperar a alguien durante un tiempo
limitado. Puedo hacerme daño con mi pasado. Puedo esconder montones de lágrimas
que nunca nadie verá. Puedo dar saltos de alegría por la calle cuando estoy
feliz. Puedo insultarme cuando hago las cosas mal sabiendo que si se tratara de
los demás nunca lo haría. Puedo ponerme una máscara de sonrisa permanente que
esconda mi tristeza. Puedo tener ataques de locura y hacer las cosas sin
pensar. Puedo llorar con el más mínimo roce con las viejas cicatrices. Puedo
querer a gente toda mi vida. Puedo recordar lo que sentí hace tiempo e intentar
mejorarlo por todos los medios posibles. Puedo comenzar algo, dejarlo por la
mitad y luego reprochármelo siempre que tenga una oportunidad para ello. Puedo
escuchar diferentes tipos de música aún sin saber cuál es mi favorito. Puedo mirar
cómo crecen las flores.
Hay demasiadas cosas que forman
parte de nosotros y la verdad es que esos pequeños detalles son los que realmente
definen quiénes somos.
lunes, 6 de agosto de 2012
Preocupación argumentada
Hay temores que siempre nos
perseguirán, miedos de los que nunca nos libraremos y tan solo tenemos la
opción de aprender a convivir con ellos. A veces nos preguntamos ¿qué debo
hacer? ¿Cómo sigo adelante? Y nada está claro salvo una cosa, la felicidad
viene ligada a esa sensación de pérdida continua. Jamás lograremos huir de
aquella sensación y otra pregunta retumba en tu cabeza ¿de verdad vale la pena
sentirte así? Y al instante sabes la respuesta, no dudas ni un segundo sabiendo
que esto es lo que quieres de verdad, que no te imaginas de otra forma, que
solo así puedes estar completamente feliz.
Las cosas siempre cambiarán
alrededor, de hecho, nosotros también cambiamos con ellas, la clave está en
aceptar aquel movimiento imprevisible que trastorna el orden de las cosas y
seguir adelante. El miedo nunca desaparecerá, pero podemos avanzar si pensamos
que cada cosa tiene su razón y que hay piezas que no pueden estar juntas. Hay
que dejar de lado el temor al cambio repentino y sabes disfrutar del instante,
sabiendo que nunca se volverá a repetir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


