Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 22 de febrero de 2015

El perdón

Por mucho que escondas algunos pensamientos o recuerdos siempre habrá alguien que consiga sacarlos afuera. Lo compararía a la sensación de remover el azúcar que se ha depositado al fondo de una taza de té. Aparentemente no lo ves, pero sabes que con un movimiento certero puedes resolver esos granitos, cambiando el estado general de la sustancia. Así estoy yo ahora mismo, sintiendo cómo todo ese poso de recuerdos que tanto tiempo llevo encerrando en el rincón más oscuro de mi consciencia se entremezcla con el resto de mi ser y, de pronto, ya no me reconozco. Tengo la sensación de ser “disuelta”, de encontrarme en el ojo del huracán porque por mucho que aparente serenidad por dentro todo está en movimiento. Realmente no sé por qué escribo esto. Necesito soltar la presión que me viene de dentro. Necesito perdonar, lo sé, pero todavía no estoy segura. Y puede que quizá me dé miedo enfrentarme a un sentimiento nuevo que nunca he experimentado por eso ahora no dejo de enredarme en los viejos patrones que no hacen más que agujerear toda mi existencia. En el fondo, 
todo se reduce al miedo. Miedo a actuar de una forma nueva. 
Miedo a descubrir que tengo la posibilidad de recrearme
en nuevas rutas.

sábado, 14 de febrero de 2015

¿Ser o no ser?

Debes ser fuerte, decidido y saber perfectamente lo que quieres mientras avanzas hacia tu meta.  Perfectas máquinas. Dejando de lado los sentimientos para hacernos cargo de nuestra vida al afirmar el libre albedrio. Pero, ¿te controlas realmente? ¿Eres tú quién decide? Si la respuesta es afirmativa me temo que te olvidas de un factor importante.
La selección natural, esa antigua teoría que no deja de transmitirse de generación en generación, bajo valores actualizados. Antes la inteligencia, la dominancia de aquella persona ilustre y ahora, ahora la supervivencia del más rastrero, más manipulador… Bajo la capa de individualidad se esconde el más puro egoísmo entremezclado con superficialidad. La genuinidad se enmarcara con capas de falsedad y ya nada es lo que parece.

A medida que crecemos, tarde o temprano, se nos plantea una de esas pocas preguntas que marcan, realmente, el rumbo de nuestra vida. Para aquella gente cuyos valores se podrían corresponder con los de las épocas anteriores, al no ir a la moda de las prácticas actuales,  deben plantearse el cambio. Decidir si sustituyen sus valores por aquellos más cotizados, los que le permitirán triunfar en este mundo con escenarios de papel y máscaras de emoción, renunciando a lo que realmente son. Ese es el momento en el que, como muchas veces se ha representado en la literatura y replicado tantas veces, surge una única pregunta: ¿ser o no ser?

sábado, 7 de febrero de 2015

Distinta.

La melancolía rellena aquellos huecos que te faltan de aquella cena. Lo cierto es que recuerdas más bien poco. “Hubo alcohol”, te repites como si aquello te pudiese justificar la falta de recuerdo. En el fondo siempre queda un poso de sentimientos que cualquier detalle consigue reavivar. El corazón late más fuerte y tú, tú ya hace mucho que has dejado el presente. Vuelta atrás. Ahora todo se va aclarando. Casi consigues tocar el instante en el que se hizo la foto. Te miras a los ojos y ya no te reconoces. Eres distinta. Quizá más madura y menos ingenua, pero aquella noche sigue martillando el corazón a destiempo. Intentas engañarte diciéndote que no te trajo nada bueno, pero una parte de ti se resiste asumirlo. Durante un par de horas eras asquerosamente feliz y digo “asquerosamente” porque no podrías describir la 
sensación por mucho que lo intentases.