colmada de felicidad,
Alegría en los ojos
y ganas de triunfar.
Sensación de libertad,
un mundo por descubrir.
Curiosidad, juventud
y muchos sueños por cumplir.
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
Si me gusta hacer sentirse bien a la gente, verla sonreír y saber que es feliz, pero no soporto que me vean como alguien que solo está allí para escucharles y apoyarles. Soy algo más que eso. Sí, lo cierto es que, cuando alguien tiene problemas lo dejo todo y me olvido de mis cosas y corro a ayudarle, pero yo solo pido que se me escuche cuando lo necesite, nada más…