Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 26 de noviembre de 2011

En blanco y negro



No consigo entender esa ciega aferración a las cosas que tuvieron importancia en algún momento de nuestro pasado. Palabras, bromas, sueños, canciones, fotos, frases, sonrisas, abrazos, dibujos, poemas, flores, lugares, regalos, pájaros, costumbres o sentimientos…llenamos nuestros corazones de sentimientos caducados, la cabeza de pensamientos basados en la sospecha, en la necesidad de encontrar la verdad. Los cajones se llenan de letras de canciones, de poemas dedicados o de simples objetos que nos recuerden un momento especial, uno ya vivido que no podemos soltar por miedo a no volver a acordarnos de él, de lo que sentimos ni de como fuimos.
Todo está ligado a nuestro pasado, canciones que nos dedicó una persona que dejó una huella en nuestro corazón al marcharse, poemas que escribimos deseando inmortalizar los sentimientos más íntimos, esperando que así puedan perdurar un poco más dentro de nosotros; objetos que nos recuerdan a momentos ya vividos y que, por muy dolorosos que sean, no los dejamos ir; guardamos muchas cosas, recordamos instantes de sonrisas sinceras, pero también las lágrimas que derramamos siendo heridos por alguien…
Supongo que es por miedo, el miedo de que nos quiten lo que fuimos, que se olviden de nosotros. Es el temor de “perder” nuestro pasado, aunque nunca pasará, no es posible, porque todos los recuerdos se graban en nuestros corazones que a medida que pasa el tiempo se llenan de lágrimas derramadas, sentimientos, sonrisas pasadas y esperanza mezclada con ilusión.

Nunca podrán quitarnos los recuerdos, no harán que desaparezcan. Pueden quemar poemas, borrar canciones, tirar los regalos y cortar las fotos, pero jamás lo conseguirán, porque los recuerdos forman parte de nosotros…porque, de alguna manera, nosotros somos los recuerdos.

Historias de medianoche


...En ese momento se dio la vuelta y se fue dejando tras sí una sombra de duda. No entiendo cómo pudo pasarme, solo sé que nunca deje de quererle, aunque sabía que él no regresaría. Más tarde, una noche crepuscular, volvió, y con una sonrisa que curvo sus labios susurro que sentía haberme hecho esperar tanto; fue tan extraño pero, para mi sorpresa, no fue nada más que otro sueño con él de protagonista...

martes, 22 de noviembre de 2011

Exceso de ilusión, amistades rotas


No, no puede ser… las cosas vuelven a cambiar cuando todo parecía ponerse bien, no sé, no puedo hacer nada más…No puedo soportar ver como todo, absolutamente todo se derrumba bajo mis pies. Las amistades se rompen, la gente comienza a alejarse, incluso aquellos que creí que nunca lo harían. No, creo que no podré aguantar un golpe más, es demasiado.
Puede que algunos tengan razón y sea verdad lo que me digan, pero no, creo que negándolo consiga frenar el golpe aunque solo sea un poco, solo es que me duele demasiado admitir que tienen razón. Cada vez me aseguro más de que la gente que más te importa es aquella que más sufrimiento te puede proporcionar.
Y no, no puedo decirle que tiene la culpa, porque en el fondo la tengo yo. Por la inseguridad, por las ganas de que la situación cambie, por la ingenuidad y el exceso de ilusión. Sí, yo tengo la culpa de todo…
Puede que pida demasiado, puede que no me merezca tener las cosas que tengo, puede que haya hecho mal las cosas, puede que la situación no mejore… solo espero poder averiguar pronto porque estoy como estoy, ya que por mucho que lo intente no soy capaz de arreglar las cosas por mi misma.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Perfección no asimilada, confusión total


Los sentimientos me desbordan, me siento tan extraña, no sé… acabo de comprender que las cosas no suceden por casualidad, me refiero al hecho de conocer gente, hablo de la perfección.
Acabo de comprender que le quiero, bueno eso ya lo sabía, así que no será más que una confirmación, pero una confirmación significativa. Le quiero, le quiero, le quiero… puede que sea muy ingenua al pronunciar eso, al susurrarlo, al pensarlo, al soñarlo.. pero no puedo evitarlo, es más fuerte que yo.
Es algo único, porque cuando hablo con el ya no me importa nada más, todo lo que me rodea pierde importancia y solo está él, sus palabras, sus canciones, su presencia…
Tengo los ojos llenos de lágrimas, y no, no son lágrimas de dolor ni de desconsuelo, son de felicidad mezcladas con un poco de decepción.. por saber que no nos veremos nunca, por pensar que nada de esto es real, por darme cuenta de que soy una ingenua pensado que sí, que él siente lo que siento.
Me niego a creer que tiene defectos y no me cansaré de repetirle que es perfecto, al menos para mí,  porque me encantan las cosas que me dice aun sabiendo que muchas no sean verdad. Porque comprendí que hablar con él es lo que me falta para un día feliz, porque me encantan las fotos que me pasa solo para sacarme una sonrisa y porque si él no está feliz yo tampoco puedo estarlo. Simplemente comprendí que era perfecto para mí.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Recuerdos de un corazón roto


Y no consigo entenderlo, cómo en una simple frase puede provocar tantísimo daño. Es como una especie de puñal que te clavan directo al corazón y te deja sin respiración, pero no, simplemente, comienzas a recordar… Reaparecen los recuerdos que tanto te costó enterrar, de nuevo cobran vida algunas frases especiales o sonidos tan olvidados. No, definitivamente, no es para bien. Sé que las cosas ocurren por una determinada razón y ahora no puedo evitar buscar el sentido de esta última, la que tanto dolor me provoca, pero no… no soy capaz de encontrarlo.

Todo esto porque él no entiende cuando dolor me provoca que me diga “el de la otra vez”. Porque él no entiende lo que fue para mí, porque nunca lo sabrá,  porque después de tanto tiempo cree que esa frase es la más adecuada. Porque me arrepiento de haberle dicho que sí..