Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 21 de julio de 2012

Un pensamiento dicho sin pensar


Hay momentos en los que nos dejamos llevar por nuestros pensamientos, expresamos todas las cosas que se pasan por nuestra cabeza en aquel instante pretendiendo ser lo más francos posible. Lo conseguimos y entonces un sentimiento nuevo  recorre nuestro pecho. La sensación nos hace saber que hemos expresado con exactitud lo que pensábamos. Nos sentimos mejor, como si aquello nos pudiera mostrar con más claridad ante los ojos de los demás.

Instantes más tarde advertimos que las cosas no van cómo pretendíamos, nuestra intención se enmascara entre las líneas y solo quedan un puñado de palabras que dijiste sin pensar. Te preguntas ¿por qué demonios has decidido actuar dejando atrás las consultas al pensamiento racional? Y es cuando otra sensación recorre tu cuerpo, el sentimiento de pesadez te hace revivir lo que acabas de hacer, repites una y otra vez las palabras que soltaste en una bocanada y ves que nada de aquello cuadra. Sabes el nombre de aquella sensación. Ese arrepentimiento llega a cada célula, pero más ataca a tu cerebro. Sólo una pregunta persiste en el aire. ¿Por qué? Es tarde para cambiar las cosas, aunque sabes que hace poco, aquellas palabras era lo que necesitabas decir. Poco a poco, abandonas la idea de seguir atormentándote, sabiendo que las cosas paran por alguna razón.

Fantasía con un requisito imposible


Alguna vez leí que el hombre de tus sueños nunca será cómo te lo imaginas. Recuerdo cómo reí de aquella afirmación al decidir que no era nada más ni menos que otra tontería de alguna persona desilusionada. Hoy lo volví a recordar y me arrepentí de haber puesto en duda esa enunciación. Estaba pensando en mis cosas y, de pronto, lo comprendí. Nunca nadie podrá ser tal y como nos lo imaginamos. Todo es demasiado complejo, nuestra mente deja escapar un requisito imprescindible para hacernos felices. A ese sueño le falta una cosa existencial y es que ese hombre tan solo existe en nuestro pensamiento. Nunca podremos encontrar a alguien acorde con nuestra descripción, en nuestra opinión, perfecta.
Entonces reflexioné sobre la importancia de aquella frase, sobre cómo la gente se dejaba llevar por fantasías creadas por una imaginación vivaz, dejando de lado la realidad. Vi que nunca encontraría a alguien que cumpla los estúpidos requisitos que nos son marcados por la sociedad y, a lo largo del tiempo, incluso por nosotros mismos. Cuanto más pensaba en aquello que leí hace tiempo, más claro lo tenía. No quiero al concepto de un hombre, supuestamente, perfecto que creé en mi cabeza. Quiero al hombre que está a mi lado ahora. He comprendido que no cambiaría por nada al hombre que amo, ni siquiera por la viva imagen de mi fantasía más perfecta, he comprendido que he conocido al hombre ideal y este, en cambio de un sueño creado, sí existe.



Abre los ojos

Ni todos los monstruos viven en nuestros armarios, no todos los infiernos existen fuera de nuestro hogar, ni todo el dolor se escapa de nuestra mirada. Hay demasiadas cosas que decidimos no ver, no mostrar u ocultar de los que nos rodean. Algunas cosas nunca podrán ser explicadas, la decisión de callarnos nos permite creer en un futuro mejor, aunque para ellos se necesite algo más que un simple pensamiento difuso.


lunes, 16 de julio de 2012

Ajuste emocional


Y así de golpe asimilas lo que hace poco pasabas por alto. Te remontas al pasado con el fin de confirmar tu suposición y te sorprendes de su certeza. Y es que hay algo más que cambió desde que cesó el dolor. Algo significante que no te atrevías a admitir… se te devolvió la fe en la justicia.
Cuando crees que nada en esta vida será equitativo, cuando ves que las lágrimas que derramas no serán medidas entonces comienzas a perder esperanza en la vida. Evitas pensar en que podría cambiar algo sabiendo que no es así, pero de repente llega alguien que te hace cambiar de opinión, que te hace creer en la existencia de una justicia temporal. Parece poco, pero cuando pierdes la esperanza en un futuro mejor, la aparición de un hecho capaz de igualar tanto sufrimiento y felicidad repartida de forma injusta te hace respirar con más libertad.


jueves, 12 de julio de 2012

La eterna culpable


Injusticia. El sentimiento es demasiado profundo como para pasarlo por alto. Algo dentro de ti se arruga y te hace estremecer. Son las cicatrices del corazón que se unen para provocar más efecto sobre ti. La mente se llena de preguntas que nunca podrán ser contestadas. Son demasiadas, pero también imposibles de razonar. La estrategia fue preparada con detenimiento y tus principios, sí esos estúpidos esquemas mentales, te impiden actuar para detenerlo. Al pensarlo te das cuenta de que carece de sentido. Te niegas hacer algo para detener la injusta situación, pero entonces te acuerdas de la imagen que proyectas hacía exterior. Se te hace imposible hacer algo para negarte a la decisión tomada que, gracias a tu silencio, se convierte en inevitable.
El odio se esparce por tu cuerpo y sabes que no podrás escapar de su efecto. Lo peor de todo no es el origen del odio sino su objetivo. Comienzas a odiar tus silencios, tu incapacidad para actuar, para decir que no, para contrastar tu disgusto, para callar a los demás, para mostrar tu opinión más sincera. Atacándote a ti mismo no consigues nada, las garras de la injusticia te rodean y sabes que la culpa es tuya.

Te sientes mal por querer cambiar algo sabiendo que solo tú lo ves injusto. Entiendes que nadie más comprende tu punto de vista y eso acaba hundiéndote. No lo entiendes, le buscas explicación aun sabiendo que no la habrá. No en este caso y eso hace que te derrumbes. El apoyo de los demás desaparece cuando cambias de opinión, pero ¿qué más puedes hacer si se trata de tu felicidad? ¿Por qué no puedes ser egoísta por una vez?
Lo entiendes al darte cuenta de que nada cambiará, cuando ves que la culpa de todo el sufrimiento se halla en ti. En cada silencio, en cada mirada desviada, en cada verdad no dicha, en cada sonrisa que carecía de una completa felicidad. El comportamiento que pusiste por norma ha empezado a destrozarte pero, por uno de los principios morales, sigues sonriendo mientras tu almohada absorbe las injustas lágrimas que derramas por las noches.

lunes, 9 de julio de 2012

Valor temporal


Nunca me imaginé que podría llegar a valorar tanto un par de minutos. Pero, cómo siempre dicen, no aprecias algo hasta que lo pierdes. Bueno, quizá sea para bien… Sólo de esta forma puedo ver lo mucho que me importa esa llamada, puedo experimentar con más fuerza las ganas que tengo de escuchar su voz.

Por primera vez siento la extraña sensación que me haría silenciar al mundo si eso bastase para oír aquella voz que me hace estremecer. 

domingo, 8 de julio de 2012

Carta sin destinatario


Hay instantes perfectos para dejar atrás todo lo que conocías hasta ahora. Esos que te permiten adentrarte en un mundo nuevo donde te espera tu propia historia. Cada aventura te sirve de guía llevándote a un final feliz. Las caídas se convierten en lecciones y comprendes que puedes seguir adelante. Los comienzos de nuevas historias afirman que son una continuación alegre de las lágrimas que estabas derramando hace poco.

Solo tú decides el precio de tu felicidad. En ti se encuentra el poder de cambiar el rumbo de las cosas. Acepta por fin que eres el protagonista de tu historia (lo digo aun sabiendo que puede que yo nunca llegue a hacerlo). Cuando de verdad te concierne algo no importa lo que piensen los demás y menos si se trata del amor.

La atracción es la única fuerza capaz de hacernos cruzar océanos, esperar años y años conservando esperanza, llorar de alegría y olvidarnos del mundo que dejamos atrás descubriendo los límites de nuestra libertad. 

Simples humanos


No somos perfectos. No podemos estar seguros de nuestras acciones. No podemos evitar fallar. No somos completamente felices. No sentimos el dolor ajeno. No aprovechamos todas las oportunidades. No gritamos cuando las cosas salen mal. No dejamos atrás el pasado. No comenzamos de nuevo olvidando lo anterior. No saltamos de alegría con cada éxito.

Hay demasiadas cosas que hay montones de cosas que NO hacemos, sentimos, celebramos, lloramos, sufrimos, apreciamos… Pero no somos robots.

Somos humanos. Lloramos cuando nos decepcionan. Sonreímos cuando alguien nos sonríe. Saltamos de alegría cuando logramos nuestro sueño. Tenemos pesadillas por la que abrazamos mejor a nuestros seres queridos. Y somos los que mejor aprovechamos las segundas oportunidades. Disfrutamos de los pequeños detalles del día a día y comenzamos a escuchar los problemas de los demás con el deseo de ayudarles.

Poco a poco aprendemos que en cada fallo hay una nueva oportunidad de volver a comenzar, que el tiempo es muchas veces el mejor doctor y que la felicidad consiste en el camino y no en la meta final. Somos imperfectos y eso es lo que nos hace especiales humanos.


No sé vosotros, pero yo estoy orgullosa de ser una simple humana.

Un capricho extraño


Esa sensación te aprieta contra el pecho, algo te hace desear estar lejos de dónde estás ahora. Te lo planteas por un segundo… ¿Por qué me tiene que pasar ahora? ¿Aquí? ¿En este preciso instante?



Nunca entendí los extraños caprichos de mi corazón.

Sin ti


Eres como la luz que me guía
Comprendí que sin ti estaba perdida.
Por eso cada noche y al amanecer
Me imagino tus besos mi piel recorrer.

Las noches se convierten en aventura,
El tiempo sin ti en una tortura.
Por ello espero poder cada latido describir,
Contar que sin tu nombre me cuesta vivir. 

Caricia inventada


El vacío del pecho se hace más notorio. Te falta algo. Algo capaz de hacerte feliz con una sola presencia suya.
Comienzas a pensar en cómo sería tenerle aquí ahora. Te imaginas cada beso, sientes cada caricia inventada esperando cubrir el vacío que dejo. Pero nada funciona. Hay veces en los que intentas controlar el sentimiento que te provoca su falta, pero otras veces esa sensación te controla a ti. Y entonces respiras de forma superficial, pudiendo sentir como el aire frena su marcha al pasar por el hueco que abre la ausencia, sientes cada borde irregular de donde antes estaba su presencia en tu corazón y en ese momento lo admites. Te falta él.