Cuando las cosas salen mal solo
hay dos maneras de actuar. Tu reacción tan solo depende de ti y quizá allí es
donde encuentre aquella pequeña porción de libertad que puede hacerte respirar
con más soltura. Pase lo que pase, ya sea para bien o para mal, en ti está la
capacidad de aceptarlo y hacer algo al respecto. Puede que con el tiempo te des
cuenta de que no vale la pena tirarte al suelo arrepintiéndote de las cosas que
hiciste, en algún momento comprende que aquello no sirve absolutamente de nada.
La pena que puedes pretender dar a los que te rodean tan solo te hará sentir
peor, las ganas de seguir adelante irán desapareciendo poco a poco… ¿de verdad
crees que vale la pena hacerlo? La mejor solución está en optar por la otra
opción, una que te facilite las cosas, una que sea capaz de hacerte seguir
adelante sin perder la compostura.
La otra manera de actuar consiste
en aprovechar el viento para cambiar el rumbo. Hay que saber aprovechar las
adversidades. Puede que al principio no nos demos cuenta pera aquella es la
mejor opción, ya que aunque el golpe duela podemos beneficiarnos del dolor para
aumentar nuestras defensas. Quizá esté hablando de esto porque quiera volver a
demostrarme que la libertad de actuar está en mí y que un fracaso no implica
una rendición total. No pienso deja de caminar por causa de un rasguño que me
llevé por sorpresa, por un mero descuido… el camino es largo y no pienso
retroceder por muchas piedras que encuentre. Las cosas que valen la pena son
difíciles de conseguir, pero no por ello tengamos que dejar de avanzar. Pienso
proteger ese aspecto de mí que se llevó el peor golpe, pienso seguir adelante pase
lo que pase, pienso avanzar sin caerme de rodillas, pienso mirar la meta sin
que las lágrimas me nublen la vista, pienso sonreír aunque para ello tenga que
esforzarme mucho más, pienso hacer las cosas mejor de como las estaba haciendo
hasta ahora, pienso respirar con total libertad.
















.gif)
.gif)





















.jpg)



