Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 18 de noviembre de 2012

No he llegado aquí para darme la vuelta y volver atrás


Cuando las cosas salen mal solo hay dos maneras de actuar. Tu reacción tan solo depende de ti y quizá allí es donde encuentre aquella pequeña porción de libertad que puede hacerte respirar con más soltura. Pase lo que pase, ya sea para bien o para mal, en ti está la capacidad de aceptarlo y hacer algo al respecto. Puede que con el tiempo te des cuenta de que no vale la pena tirarte al suelo arrepintiéndote de las cosas que hiciste, en algún momento comprende que aquello no sirve absolutamente de nada. La pena que puedes pretender dar a los que te rodean tan solo te hará sentir peor, las ganas de seguir adelante irán desapareciendo poco a poco… ¿de verdad crees que vale la pena hacerlo? La mejor solución está en optar por la otra opción, una que te facilite las cosas, una que sea capaz de hacerte seguir adelante sin perder la compostura.

La otra manera de actuar consiste en aprovechar el viento para cambiar el rumbo. Hay que saber aprovechar las adversidades. Puede que al principio no nos demos cuenta pera aquella es la mejor opción, ya que aunque el golpe duela podemos beneficiarnos del dolor para aumentar nuestras defensas. Quizá esté hablando de esto porque quiera volver a demostrarme que la libertad de actuar está en mí y que un fracaso no implica una rendición total. No pienso deja de caminar por causa de un rasguño que me llevé por sorpresa, por un mero descuido… el camino es largo y no pienso retroceder por muchas piedras que encuentre. Las cosas que valen la pena son difíciles de conseguir, pero no por ello tengamos que dejar de avanzar. Pienso proteger ese aspecto de mí que se llevó el peor golpe, pienso seguir adelante pase lo que pase, pienso avanzar sin caerme de rodillas, pienso mirar la meta sin que las lágrimas me nublen la vista, pienso sonreír aunque para ello tenga que esforzarme mucho más, pienso hacer las cosas mejor de como las estaba haciendo hasta ahora, pienso respirar con total libertad.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Sobre el mar de sentimientos


Por muchas veces que intentes definir el amor siempre acabas en fracaso, pero cuando quieres a alguien, cuando de verdad sientes que sus sonrisas, sus miradas, sus palabras, sus caricias, sus besos se convierten en ese sentimiento que corre por tu venas despertándote, comprendes que aquello no importa, que por mucho que te decepciones al no encontrar las palabras adecuadas para describir aquello que sientes nunca dejarás de intentarlo. Aquel sentimiento te da una increíble sensación de ligereza. Parece que seas capaz de elevarte por encima del resto de la gente. Te conviertes en algo que antes no conocías, vives flotando a la deriva de un mar de sentimientos. La suave brisa suele elevarte hasta un cierto punto y terminas por pensar que aquello es lo más maravilloso que has vivido, pero pasa el tiempo y sientes que, poco a poco, pierdes altura y que casi llegas a mojarte con aquel mar de emociones. Aunque cuando menos te lo esperas llega una nueva ráfaga de viento, una más fuerte y rápida, una que te eleva incluso más que antes, una que consigue sorprenderte cuando creías que ya lo habías sentido todo. Tiempo después lo comprendes, esa perfecta sensación que te inunda por dentro no es más que otra faceta de aquello que sientes. Simplemente acabas de descubrir que puedes quererle todavía más, que le amas más que antes, cuando pensabas que aquello sería imposible.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El filo entre las decisiones


Algunas decisiones suelen ser demasiado simples. Nuestro problema está en pensar que detrás de todo problema se esconde una complicación. Cuan más pequeño sea el problema más tenderemos a complicarlo. No aceptamos las cosas simples, por ello solemos inventarnos obstáculos descabellados con el fin de creer que aquella dificultad nos impedirá seguir. Quizá nos asuste la simpleza de algunas cosas, quizá no nos guste admitir que hay preguntas que se pueden contestar con una palabra, quizá no queramos admitir que hay acciones que lo complican todo, quizá intentemos ignorar que aquello que hacemos pueda traernos un final diferente, un final del que podamos arrepentirnos, un final que la cabeza se imagina, pero que el cuerpo rechaza con el fin de dificultar la decisión que estamos a punto de tomar.

¿Has caminado alguna vez entre dos decisiones? ¿Has intentado seguir imparcial aun sabiendo qué decisión deberías tomar? Siempre pasa lo mismo, intentamos aplazar el tiempo de respuesta con el fin de tenerlo todo más claras, sin ver que las cosas que hacemos suelen complicarse con las acciones descuidadas que realizamos mientras rozamos las fronteras de dos posibilidades. Quizá nos guste saber que con tan solo un paso podemos tener lo que queremos, quizá nos hipnotice pensar que por un tiempo nos pertenecen las dos decisiones, quizá nos dé miedo perder alguna de las dos oportunidades, ¿quién sabe?
Al andar por el límite de las decisiones no controlamos nuestras acciones, en algún momento nos olvidamos de aquella pregunta que nos hizo medir aquel cordón de separación, por desgracia, descubrimos demasiado tarde que el hilo por el que andamos lleva espinas y que, tarde o temprano, una de ella nos obligará a tomar una decisión espontánea.
Nunca pensamos en lo que pasa a los lados del límite, solemos olvidar que el filo del cuchillo suele acabar cortando cuando uno pierde el equilibrio, cuando uno pasa demasiado tiempo premeditando el siguiente paso.

sábado, 3 de noviembre de 2012

La deuda ignorada


¿Cuál es la peor deuda? Supongo que cada uno tendrá su propia escala de pagos preferentes, pero nunca nadie tiene claro con qué le puede tocar pagar. Quizá no nos demos cuenta de aquello que nos es prestado, pero tarde o temprano, el compromiso bien oculto sale a la luz. De alguna forma sabes que fuiste tú quien inició el acuerdo, que son tus actos los que permiten que el contrato llegue a cumplirse. Cada uno puede elegir su forma de ganar beneficios, pero lo que está claro es que cuando llegue nuestra hora de saldar las deudas será otra persona quien decida por nosotros.

jueves, 18 de octubre de 2012

Sí (tú) ...


Si insistes y sigues preguntándome quizá te cuente las cicatrices que cruzan mi alma, si me abrazas lo suficiente quizá termine por soltar al aire aquella sensación que me oprime por dentro, si me sonríes como a nadie más quizá pueda volver a confiar en el nuevo amanecer, si me coges de la mano quizá pierda el miedo a la oscuridad, si susurras mi nombre quizá decida levantarme y seguir adelante, si confías en mí quizá pueda volver a respirar, si sigues adelante quizá pueda pensar en volver a soñar, si me miras con ternura quizá pueda olvidarme de las pesadillas que dejo atrás, si me sigues quizá pueda volver a avanzar, si me amas quizá pueda suspirar dejando atrás aquello que me impide volar.

lunes, 15 de octubre de 2012

El culpable sin crimen


¿Quién tiene la culpa de las cosas que no dependen de nadie? ¿A quién puedes culpar cuándo nadie tiene la culpa? Puede que la clave esté en aceptarlo y seguir adelante, pero casi siempre nos quedamos mirando el pasado con el fin de descubrir una pobre explicación que, de alguna forma, logre palear un poco la cicatriz que tanto daño nos hace. La solución no está en buscar al culpable y mucho menos en culparte a ti mismo… por desgracia, descubrimos un poco tarde que cada cosa de la que nos reprochamos suele abrir nuevas heridas. Sí, puede que no guste buscar consuelo en los demás, pero no hay que encerrarse en sí mismo esperando una explicación milagrosa que logre arreglar lo que se estropeo de repente. Piensa que cada cosa, por muy desagradable que sea tiene una razón, una razón que puedes no descubrir, pero lo que importa es que sepas seguir adelante aceptando las cosas tal y como son.


Quizá





Quizá la vida consista en buscar a ese alguien que te haga conocerte. ¿Qué pasa si tan solo hay una persona en este mundo capaz de hacernos sentir amados de verdad? No nos damos cuenta de que cada persona que pasa por nuestra vida nos cambia de alguna y otra forma, pero lo más extraño de todo es que la gente más importante llega a mejorarnos con su amor. El cambio es voluntario y, de repente, queremos ser mejores personas. Quizá sea eso lo que busquemos con todas nuestras fuerzas, quizá la perfección que ansiamos se encuentra en la sonrisa de aquella gente que nos quiere. Quizá para mejorar tan solo nos haga falta conocer a la persona adecuada. 

viernes, 12 de octubre de 2012

El despertar personalizado


Cada uno necesita llevar a cabo sus locuras, cada persona tiene un plan irracional que desea hacer realidad. Quizá sea algo breve o algo permanente, pero siempre será algo que haremos sin pensar. Supongo que hablo de esto porque acabo de cometer una locura.
La euforia todavía recorre tu cuerpo mientras que tus labios se juntan para expresar la indudable muestra de felicidad. Sí, creo que de vez en cuando nos hace falta algo fuera de lo normal, algo que ni siquiera nosotros mismos entendamos, algo que solo este guiado por nuestros sentimientos, sin pasar por ningún momento por los prejuicios de tu cabeza.
Quizá pocos lo entiendan, la verdad es que supongo que muchos reprimen esas frenéticas ganas de revelarse… ¿contra qué? pues sospecho que contra nada en concreto. Hacer algo sin pensar es como lanzarse a una gélida piscina de liberación sin pensar en lo que pasará después.
La sensación es indescriptible, es como despertar. Sí, creo que esa es la perfecta explicación. Quizá tras demasiadas horas de la rutina nos haga falta algo que nos avive del todo. Las locuras se convierten en el modo más fácil de despertar.
Todavía siento como la satisfacción inunda todas mis células rechazando los ataques de la razón. No me importan los argumentos se me presentan. Tan solo quiero conservar un poco más aquella sensación porque, aún con el pelo y hasta el último hilo de mi ropa mojados puedo decir con una sincera sonrisa que volveré a caminar bajo de lluvia.

jueves, 11 de octubre de 2012

Detonación frenada a tiempo


Quizá la razón de la injusticia se encuentre en nuestras palabras. Quizá el momento en el que nos callamos las cosas cambian. Quizá cuando desviamos la vista la realidad se transforma. ¿Qué sucede cuando admites que todo podría haber ocurrido de otra forma? La mayoría del tiempo nos olvidamos de aquellas cosas sutiles que nos impiden ser felices del todo, pero en algún momento chocamos contra la dura superficie de la realidad al romper la frágil burbuja de la ignorancia. Nunca se sabrá quién tiene la culpa de las cosas.

domingo, 7 de octubre de 2012

La fuerza en el huracán


Me pregunto cómo sería conocer a alguien que sea más fuerte que tú. Quizá allí esté tu salvación. Supongo que nunca lo sabré hasta que pase. Dicen que nunca comprendemos qué siente una persona hasta que no pasemos por lo mismo. Puede que esté equivocada, pero me encantaría encontrar a una persona que se haya estado ahogando con lo mismo que yo. Quiero conocer a alguien que comprenda cada coma de mi discurso. Quizá sea una locura, pero por momento me parece que esto es lo que necesito. Cuando te dicen que eres fuerte intentas ignorar ese hecho, das por sentado que es sólo otra frase de las que se dicen cuando no te salen otras palabras, cuando la gente no sabe exactamente qué debe decir para hacerte sentir mejor. Dan igual las veces que te lo repitan, cuando estás mal parece que nunca vas a salir de ello, quizá por eso siempre niegas aquella afirmación. Porque cuando la escuchas sientes como el dolor invisible te hace doblarte por dentro y entonces una pregunta surge de las tinieblas: ¿cómo puedo ser fuerte si esto me está matando por dentro?
Por alguna extraña razón, logras mantenerte en pie y las cosas cambian, tu alma se llena de nuevas cicatrices que todavía escuecen recordándote el sufrimiento. Comienzas a caminar hacia delante sorprendiéndote por seguir respirando. Cuando las heridas se cierran del todo recuerdas aquella frase que te dijeron en tu peor momento y admites que decían la verdad. Has logrado sobrevivir al huracán de hechos que intentaban hacerte caer.
Aceptas que tenían razón y que has sido capaz de seguir adelante, aunque todo esto deja de importar cuando el viento deja de soplar a tu favor, cuando aparece algo nuevo capaz de quitarte el aliento. Entonces te olvidas de tu fuerza y escuchas de nuevo: “eres fuerte” sin creértelo. Cuando todo acaba comprendes que por muy fuerte que seas, en el centro de la tormenta siempre serás alguien incapaz de valorar tu propia fuerza.
Quizá por eso quieres encontrar a una persona que coleccione un número mayor de cicatrices en su alma, quieres ver que es posible sobrevivir a más cosas de las que te hayan pasado porque puede que esto sirva para demostrarte que puedes aguantar lo que te echen, porque quieres estar seguro de que esa persona haya experimentado lo que sientes, porque esperas que haya alguien, en algún rincón del mundo, que comparta las mismas cicatrices, alguien que también olvida por momentos que, a pesar de todo, el sigue siendo fuerte. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Descripción vivida


Sentir el contacto de su piel con la tuya, deslizar tus dedos por su mano y terminar uniéndolos con los suyos. Mirarle a los ojos y, poco a poco, empezar a perderte en su mirada. Hundirte en sus pupilas esperando desaparecer. Salir a la superficie y pasear entre sus mejillas bajando hacía sus labios. Repasar el borde de su boca con el filo de tu mirada y sentir como el corazón hace la cuenta atrás. Inspirar aire tratando de memorizar cada detalle de aquel instante sabiendo que nunca lo conseguirás. Acercarte poco a poco y sentir como se acelera su respiración. Cerrar los ojos. Poner tus labios sobre los suyos y sentir como se funden. Perderte entre las sensaciones con el deseo de parar el tiempo. Dejar de pensar y sentir el paso de sus manos por tu espalda tratando de acercarte todavía más. Olvidarte del mundo por completo, dejar tu presente atrás, trasladarte a una nueva dimensión donde reinan los sentidos. Enredar tus brazos alrededor de su cuello manteniendo los ojos cerrados. Sentir el suave movimiento de su mano paseando por tu pelo, bajando y llegando a tu cuello, acariciando tus mejillas. Comenzar a perderte por completo, dejar de pensar en el tiempo sabiendo que, aunque no sea verdad, en este momento las manecillas han dejado de moverse. Poco a poco separarte de él y coger el aire mientras que una sonrisa se va dibujando en tu rostro. Sentir como el corazón todavía late desbocado intentando recuperar el tiempo. Volver a mirarle a los ojos y sentir como tus pies se elevan unos milímetros del suelo, levitar sobre la ilusión bañándose en su mirada. Sentir como sus brazos te acercan a él y te abrazan de forma suave. De nuevo, experimentar la indudable sensación de seguridad que recorre tu cuerpo. Sentirte pequeña, pero segura entre sus brazos. Cerrar los ojos y dejarte invadir por aquella sensación de paz que transforma cualquier preocupación en una nube que se va evaporando. Abrazarte más a él intentando alejarte de todo lo que te rodea, esperando permanecer un poco más en aquella dimensión de felicidad. Segundos después, de pronto, abrir los ojos con la necesidad de comprobar que todo aquello esté pasando de verdad. Sentir como el ritmo del corazón se ralentiza y tratar de mantenerte un poco más en ese estado de limbo. Volver a cerrar los ojos suspirando al pensar que aquello no podrá durar eternamente, sabiendo que pronto tendrás que volver a tocar el suelo.

Quizá... aunque ¿sabes? me da igual


¿Qué pasa cuando pierdes a la persona que te hace seguir respirando? Cuando estás enamorado nunca piensas en la posibilidad de perder a ese alguien que comienza a formar parte de todo lo que conoces. De pronto, el mundo cambia su rumbo y comienza a girar de otra forma. Nunca sabes lo que puede pasar, pero aquello deja de importarte. Simplemente dejas de fijarte en las cosas que antes podrían hacerte caer. Quizá ahí esté lo malo. Dejas de pensar en la posibilidad de perder lo que tienes, tan sólo una idea de ahogarte con la ausencia te saca todo el aire de los pulmones… y es que cuando amas a alguien cualquier mínima idea de perderle te resulta insoportable, cada pensamiento relacionado con su partida replantea tus motivos de seguir adelante porque desde el mismo principio sabes que sin esa persona las ganas de seguir viviendo en funden con el silencio.

martes, 2 de octubre de 2012

Espina dialectal


Después de conseguir lo que te propones habrá que gente dispuesta a hacerte caer, gente que no quiera verte triunfar o, simplemente, gente que quiera hablar de algo que no sean sus propios asuntos. Da igual el motivo, pero siempre habrá alguien que cuestiones aquello que haces. Quizá, para que todo vaya bien, tan sólo tengamos que asumirlo y seguir adelante a pesar de esos comentarios, ¿quién sabe? Bueno, sea como sea, has de estar seguro de haber logrado hacer tu sueño realidad porque en ese pensamiento está la clave para seguir adelante al esquivar los comentarios ajenos que siempre tratarán de derrumbarte y verte caer.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La huida perfecta


Sentir como un montón de pensamientos aleatorios retumban por tu cabeza. Subir el volumen y acelerar el paso intentando huir de la enorme avalancha de dudas que te persigue. Ver como poco a poco, los pensamientos se van callando mientras logras expirarlos al exterior. Coger una bocanada de aire fresco para recuperar el aliento, pero fracasar en el intento. Volver a acelerar el paso, sentir como el latido del corazón es cada vez menos definido. Suspirar al notar que algunas de las dudas siguen detrás de ti. Aumentar el volumen y aislarte de cualquier sonido proveniente del exterior. Seguir andando hasta que, poco a poco, estimes que ya no te quedan más pensamientos que expirar. Y, por último, sentir como la música va ocupando el espacio que dejan las reflexiones al fundirse con la letra que te va alejando del presente…

lunes, 24 de septiembre de 2012

Petición dictada por el miedo


Puede que las cosas hayan cambiado, puede que tengas miedo de que ya nada vuelva a ser como antes. La verdad es que no sé por qué hago lo que hago, por qué me siento tan mal, por qué no intento arreglarlo de ningún modo, por qué estoy deseando que todo esto acabe por fin. No entiendo nada de lo que está pasando, quiero hacer algo, pero hay algo dentro de mí que me frena, que me hace retroceder y seguir donde estoy. Triste, sóla, abandonada por la razón a causa de un comportamiento irracional que nunca podré explicar. A pasar de todo y aunque pueda parecer que todo se esté derrumbando bajo los pies, solo te pido una cosa. No me dejes caer.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cicatriz por sentir


En algún momento, con el paso del tiempo decides pasar la mano por las viejas cicatrices. Poco a poco los recuerdos resurgen entre las tinieblas y te atrapan en sus redes. Tratas de entender por qué vuelves a pensar en aquellos momentos que te destrozaron por dentro, pero no le encuentras lógica. Lo peor es que empiezas a comparar tu presente con los días pasados. Nada es lo mismo, las palabras que te dicen son completamente distintas y cuándo te lo planteas un filo de sangre recorre una de las heridas. Sabes perfectamente que no deberías hacerlo, pero aún con el riesgo de volver a caer por el precipicio del dolor lo haces.
Te planteas una única pregunta que abre otra herida. De nuevo, la voz de la razón te pide dejarlo estar, olvidarte de aquello y seguir adelante, pero ya es tarde. Todavía no sabes cuál es el motor de tus acciones, pero eso poco te importa.
Sabías que pasaría, pero te negabas a admitirlo. La cuestión planteada nunca tendrá respuesta y eso te hiere de nuevo. Comprendes que las cosas tienen una razón, pero en el fondo sabes que te volverás a plantear la misma pregunta con el tiempo, cuando otras palabras te evoquen los viejos recuerdos, cuando otra sonrisa te hará pensar en aquello que viviste, cuando otra canción te hará sentir cada cicatriz.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El precio de un respiro


Te das cuenta de que no soportas estar así, de que esa sensación está acabando con los restos del aire que te quedan. Empiezas a ahogarte con la soledad mientras buscas un trago de aire puro. Algo te oprime el pecho recordándote que nada de lo que hagas funcionará. Lo más molesto está en tener que quedarse con esa sensación a solas. Puede que no sea el aire lo que tanta falta que hace, es algo más complicado. Aunque no se vea a simple vista puedes sentir el enorme agujero que se acaba de formar en tu pecho. Quizá sea eso… que por mucho aire que inspires, este acabará saliendo de los pulmones mientras que tú estés doblándote por falta de fuerza.
Empiezas a odiar esta sensación. Cuando pensabas que habías dejado el dolor atrás, aparece uno nuevo, más intenso que el anterior. No soportas tener que coger cada vez más y más aire esperando llenar el vacío que se formó. Nunca funciona, pero sigues intentándolo. Te preguntas si vale la pena seguir así teniendo que soportar esa sensación.

En algún momento obtienes tu respuesta y te convences de la certeza de tus decisiones. De repente, llega algo que tapa el agujero por el que se escapaba todo el aire que inspirabas. Los pulmones se llenan de aire puro y sabes que por ello vale la pena pasarlo mal, que sólo de esta forma puedes apreciar lo que significa todo esto para ti. Y, entonces, ya te da igual tener que ahogarte con la soledad si al final te prometen un respiro de aire puro, de ese que suele revivirte de nuevo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Preguntas trampa



¿Cuál es el precio del amor que das o que recibes? ¿Todos los sentimientos tienen el mismo valor? ¿Por qué hacemos daño a la gente que más queremos bajo justificaciones poco razonables? ¿Cuánto amor propio hay en los celos? ¿Cómo se demuestra la fidelidad absoluta? ¿Bajo qué circunstancias dejamos marchar a alguien? ¿Vale la pena pelear por alguien que no te quiere a su lado? ¿Romperías con tu pasado por una ilusión efímera? ¿Perdonarías una traición? ¿Se puede odiar a la persona que amas? ¿Comprendes el significado del compromiso? ¿Puedes apostar por la certeza de su amor? ¿Serías capaz de dejarle marchar?


Opiniones ignoradas


Podría decir que todo sigue igual que siempre, pero estaría mintiendo. La verdad es que me encanta esta sensación nueva. De repente y sin más esfuerzo, puedes ser alguien diferente, una persona completamente nueva. Es la oportunidad de demostrar todo aquello que llevas tiempo escondiendo, las palabras que nunca pronunciabas o las sonrisas que ocultabas. Es un cambio grandioso. Descubres que hay millones de cosas nuevas que te hacen feliz, que ya no te importa lo que puedan pensar porque ves que con las decisiones que tomas eres feliz. ¿Acaso importa la opinión de la gente que no tiene relevancia en tu vida?


Lo único que importa es que ahora parece que las cosas van mejorando, que cada cosa nueva que vives te demuestra el porqué de estar aquí.

Cambio radical


Hay ocasiones en las que nuestra visión del mundo cambia. Dejas de ver las cosas tal y cómo las veías y te preguntas si podría ser de otra forma. Ese pensamiento implica una forma de libertad repentina. Sabes que puedes cambiar las cosas, que las decisiones que tomes pueden llevarte por un camino diferente y eso te inspira seguir adelante.
Supongo que la desconfianza se mezcla con el deseo de cambiar las cosas, porque cuando damos el primer paso algo parece derrumbarse tras nosotros. Los viejos estereotipos se destruyen mientras te preparas a recibir una imagen diferente de las cosas que vives. El cambio tan sólo depende de las decisiones que tomes.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Pequeñas dosis de él


El tiempo pasa. Hace un par de días que os veis, pero ya empiezas a pensar en él. Los recuerdos que parecen esperar a la mejor ocasión para sorprenderte vuelven a salir. Sientes cosas que dejaste olvidadas en un pasado cercano y vuelves atrás en el tiempo. Te sumerges de nuevo reviviendo aquellos instantes en los que le sentías a tu lado. Lo echas de menos. El deseo de verle se convierte en una necesidad con cada pasar de las manecillas del reloj. La impaciencia se hace cargo de la situación y luchas para poder aguantar un poco más. Nunca funciona, los recuerdos que sacas a luz no satisfacen tus ansias por verle. Sientes hundirte en un mundo donde el pasado manda sobre tu cuerpo.
Poco a poco sales a la superficie. La impaciencia persiste, pero hay algo nuevo que te hace olvidarte del pasado. El reloj reanuda su marcha aunque las manecillas pasen despacio ahora que sabes que pronto podrás verle. El ritmo de tu corazón delata tu ansia por besarle, pero no te importa. Ahora ya nada importa.
Tiempo después su aroma sigue impregnado en tu piel. Nuevos recuerdos han sido mezclados con los demás y una sonrisa aparece dibujada en tu rostro. Las cosas van bien ahora, aunque sea por un tiempo. Sabes que dentro de nada te hará falta otra dosis de él.

Pequeña fantasía apartada del mundo real


Y poco a poco empiezo a dibujar una fantasía en mi mente donde tú y yo somos los protagonistas. Aunque tú no lo sepas te imagino en mi cama por la noche. He comprendido que son tus besos los que quiero recibir por la mañana, que es a ti a quien espero encontrarme al llegar a casa y ya no me importará ni el lugar ni las circunstancias, tan solo espero poder llamar al timbre porque se me hayan olvidado las llaves y que me abras tú saludándome con un rápido beso para poder volver a la cocina donde se acaba de preparar la cena. Yo me quitaría el abrigo y los zapatos, me pondría unas cómodas zapatillas de ir por casa y comenzaría a poner la mesa. Encendería las velas y pondría música de fondo. Tú traerías los platos y nos podríamos a cenar hablando de cómo nos fue el día y de los planes para el fin de semana. Después nos levantaríamos de la mesa para llevar los platos a la cocina, pero no llegaríamos allí. Nos besaríamos, primero de una forma fugaz e inocente, pero los besos cobrarían una forma más apasionada y nos olvidaríamos de las mesa, de los montones de platos que había que fregar y nos uniríamos en otro beso, un beso que parezca dudar indefinidamente, un beso que encierre toda nuestra historia, un beso que nos haga olvidar de la realidad y nos transporte a aquel pequeño mundo que es solo nuestro, aquel mundo que tan solo nos pertenece, aquel mundo donde podemos ser felices sin más, aquel mundo que descubrimos al conocernos…

Adicción favorita


Hay un instante en el que todo cambia. En una cuestión de segundos comprendes que las cosas ya nunca serán lo que fueron. Y ya no te preguntas por qué es así o por qué ahora, simplemente te dejas arrastrar por esa sensación que te dicta el corazón. Es ese momento cuando comprendes que no puedes estar mucho tiempo separada de él, pero no… hay algo más… sientes que lo necesitas en tu vida. Te empieza a dar igual el tiempo que lleváis sin veros, precisas volver a sentir el roce de sus labios con tu piel en este instante. Quieres volver a recibir una dosis de sus palabras que siempre te sacan una sonrisa. El pulso se acelera y admites que algo ha cambiado, que ahora esa adicción a él es indispensable para ti.

Piezas del puzzle


Cada instante, cada sonrisa, cada hecho, cada fallo suele construir algo único. La vida que vivimos se forma con las pequeñas cosas que ocurren cada día. Si lo pensamos el mecanismo que nos lleva hacia delante es muy simple, pero al fijarnos más detenidamente podemos observar como cada cosa suele parecerse a una pieza de puzzle que encaja a la perfección. Todo tiente su motivo que tarde o temprano terminamos descubriendo, mientras tanto hay algo que nos hace avanzar. Nos aventuramos en la búsqueda de una pieza que pueda dar por acabado el enorme rompecabezas al que le llamamos vida. Cuando completamos el desafío aparece una nueva pregunta. ¿Lograré mantener todas las piezas juntas? Pero eso tan sólo se puede descubrir con el tiempo, mientras tanto esperamos que los bordes entre las piezas se unan fuertemente. Las manecillas del reloj marcan la hora de la verdad mientras descubrimos que si faltase una única pieza el puzzle no valdría para nada, que en esa pieza tan valiosa está la clave de sentirse completo al fin. 


viernes, 31 de agosto de 2012

Anhelada libertad


La ligereza se adueña de ti y parece que te elevas del suelo. Las cosas han cambiado, pero hay algo mejor. Sabes que tú y solo tú has provocado ese cambio y entonces sonríes. Sientes que ahora todo es diferente, que por fin has alejado esa parte de tu pasado que abría viejas heridas sin que pudieras evitarlo. Lo sorprendente es que esa sensación parece acunarte tranquilizándote del todo. Lograste llevar a cabo lo que te propusiste, cumpliste la promesa que te hiciste. No volverás a sufrir por ese motivo, acabas de eliminar un recuerdo oxidado que te impedía ser completamente feliz. El vacío que dejo se te hace incómodo, pero sabes que volverás a llenarlo con nuevos recuerdos y entonces sigues adelante, con un paso más firme y una sonrisa auténtica en tus labios porque sabes que acabas de hacer algo importante, que acabas de desechar una parte del pasado que te impedía respirar con libertad.

domingo, 26 de agosto de 2012

Ser sobre el papel


Los dedos tamborilean por las teclas, tus sentidos se concentran en la pantalla mientras que tratas de ordenar todo lo que piensas para plasmarlo sobre el papel. Escribes todo que se te pasa por la cabeza sobre ese tema, te olvidas del mundo que tienes alrededor, tan solo estás tú y aquello que sientes. El corazón acelera su ritmo cuando nota que estás expresando las mayores verdades sobre un trozo de papel y hay algo que te hace sonreír. Nunca sabes lo que te hace sentir tan bien, pero no te importa. Sabes que está sensación es cuanto necesitas para sentirte un poco mejor. Quien iba a decir que esto iba a convertirse en una especie de droga que te permite filtrar el aire que respiras, que te ayuda a aclarar los que piensas y preguntarte cosas que nunca atreverías a decirte en tu mente. Sobre el papel las cosas están un poco más claras, puedes fiarte de aquello que dices.

Lo cierto es que es una sensación increíble salvo por una cosa, al acabar algo dentro de ti cambia. Ya no te sientes igual y eso parece confuso. Sabes a qué se debe y que sin esta sensación escribir no sería igual. No te gusta definirla porque su mención provoca más incomodidad, pero has de acostumbrarte a ello. Es el vacío. El vacío que sientes cuando dejas parte de ti en el papel, plasmada en las palabras que salen de tus dedos casi sin pensar, palabras que nunca pasan por la boca, palabras que la mente muchas veces se niega a admitir. Aquella sensación de pérdida es temporal, con el tiempo admites que tan solo te paraste a copiar aquello que pensabas, ya que la verdadera esencia de los que eres está dentro de ti.

Damos otra vida a nuestros pensamientos, los copiamos en un papel sabiendo que son partes de lo que somos, de nuestras vidas, son nuestras sonrisas perdidas y lágrimas que olvidamos hace muchos. Nunca deberíamos olvidar que escribiendo los pensamientos cobran una nueva vida reflejando lo que somos en la realidad. Aquella sensación es maravillosa. Cuando releemos lo que escribimos hace tiempo algo dentro de nosotros parece transformarnos, nos recuerda que así es como fuimos, pero lo mejor es que nos sonríe sabiendo que ahora somos mucho mejores.
Al poner un punto final, la sangre aun corre con rapidez y un ligero dolor nos cruza las puntas de los dedos, es entonces cuando comprendemos que acabamos de hacer algo increíble, que logramos dejar una copia de lo que somos sobre el papel y entonces, un poco mareados, sonreímos al pensar que eso es lo que buscamos, que por ello vale la pena escribir.

Sensación fantasmal


Ya me acostumbré a pensar en ti antes de dormir, a imaginarme tus abrazos cuando no estás. Se me hace raro lo mucho que se puede echar de menos a una persona, pero supongo que es una parte inevitable de estar enamorado. Cuando la incomodidad del vacío de mi pecho se hace más notoria suelo dar un repaso a todos los recuerdos que compartí contigo, es una tontería, pero me ayuda a darme cuenta de que todo es de verdad, que las cosas no se estropean o que, cuando vuelvas, todo seguirá como siempre. Tengo miedo a demasiadas cosas, pero comparado con perderte aquellos temores parecen insignificantes. No puedo explicarte cómo me siento y en parte aquello me tortura, me gustaría decirte lo que me haces vivir, en cambio, cuando intento hablar mi corazón se niega a latir igual que siempre. Supongo que debería dejar de intentarlo o no, quién sabe, quizá el secreto esté en intentar explicar cómo me siento cada día, de esa forma me aseguraré de que al día siguiente tendré que volver a intentarlo y por ello vale la pena seguir adelante, seguir a tu lado y, por muy estúpido que parezca, seguir viva.

Mi corazón late desbocado cada vez que un pensamiento sobre ti cruza mi mente. Todavía no lo comprendo, pero me gusta experimentar aquella sensación. Supongo que eso me recuerda que te quiero. 

Detonante temporal


Creemos que ser fuertes implica no pasar por el dolor, que si aguantas de pie las patadas que te de la vida el sufrimiento es menor. Bueno, quizá en muchas ocasiones sea así pero, al igual que siempre, nos olvidamos de la parte negativa de dar la cara sin inmutarnos.

Supongo que es una sensación que se nota con el tiempo, cuando sientes que hay algo que te molesta, algo que no sabrías identificar con total certeza. Hay veces en las que parece que las cosas nos desbordan y, entonces, reaccionamos. La gente suele decir que aquello suele pasar por haber sido fuertes demasiado tiempo y la verdad es que estoy de acuerdo.
No podemos aguantar todo lo que nos echen sin hacer nada, necesitamos actuar, expresar nuestras emociones de cualquier modo para no terminar ahogándonos en ellas. Hace falta un detonante para que toda la carga emocional explote y por más tiempo que pase la llama capaz de incendiar nuestra reacción irracional se hace más fácil de conseguir.

Parecerá raro, pero aquel detonante nos hace un favor, nos permite vaciar el tanque de emociones escondidas y volver a empezar. El problema es que, muchas veces, aguantamos demasiado tiempo el dolor, entonces la reacción puede ser perjudicial para aquellos que nos rodean. La explosión de todo lo que llevas dentro de tu corazón parece abrumar a los demás, quienes nunca experimentaron esa sensación no lograrán comprenderlo, etiquetándonos de locos. Solo unos pocos, aquellos que saben los que se siente al callar sentimientos, gritos, lágrimas e, incluso, sonrisas, dirán: “Por fin se ha derrumbado”…


Y es que no se puede ser fuerte todo el tiempo, nunca podremos aguantar el dolor sin reaccionar, todo tiene su consecuencia. Supongo que habríamos de aprender a expresar aquello que sentimos más adentro, aquello que revuelve nuestro corazón recordándonos que no siempre las cosas nos irán bien. Hay que tener claro que con el tiempo, el cielo se aclara y el sol vuelve a salir, solo hay que dejar de quemar viejos sentimientos enterrados que nos impiden respirar con tranquilidad.
Supongo que es eso lo que me pasa, estoy buscando un detonante para dejar escapar todo lo que llevo tiempo guardando y la verdad es que me parece demasiado. Demasiados recuerdos, demasiadas sonrisas, demasiadas lágrimas, demasiado dolor enmascarado… supongo que he sido demasiado fuerte demasiado tiempo. Lo peor de todo es darte cuenta de que estás llegando a tu límite, de que las cosas empiezan a sobrepasarte y no encuentras manera de librarte de aquello que te preocupa. Lo malo es que sabes que en algún momento inoportuno, explotarás y dejarás entrever todo aquello que llevas tiempo escondiendo, puede que simplemente dejes de esconderte tras máscaras y por fin muestres lo que sientes en cada instante, puede que un día por la calle te eches de rodillas y te pongas a llorar dejando que la gente te etiquete de loca, pero ya no te importará porque comenzarás a recobrar tu fuerza esperando que, está vez, no explotes de nuevo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mañanas de dudas


Mañanas en las que todas las decisiones que tomaste parecen erróneas. Una insoportable sensación despierta dentro de ti y no hay forma de esquivarla. La incomodidad te tortura con sus pensamientos y te replanteas el día de ayer. Lo irónico es que hace un par de horas, todas las decisiones parecían resolverse. La tranquilidad de aquel entonces te hizo respirar más libremente. Después de un tiempo parecía que las cosas se iban solucionando, pero de repente te levantas y te das cuenta de que nada ha mejorado, echas la vista atrás para criticar lo que hiciste antes y eso tan solo sirve para aumentar la inseguridad que se adueña de tu cuerpo impidiéndote, de cualquier forma, pensar razonadamente. 

Comprensión medida por el dolor


Ojalá pudiese explicarte que te entiendo más de lo que crees. Ojalá no me costara tanto admitir que se perfectamente lo que sientes. Ojalá…
Y comprendes que lo peor de todo es tener que comprender el dolor de alguien, sabiendo que siente lo mismo que sientes tú y no poder actuar admitiendo que estás viviendo una realidad similar.


Carta personal


Ya estoy acostumbrada a escribir cartas que nunca serán recibidas. Es una carta sin destinatario. Puede que sea porque me dirijo a mí misma, escribo cosas que tengo miedo de pronunciar, pero que tanto me hace falta admitir. Lo más irónico de todo es que hay cosas que evito afrontar, temo ser franca conmigo misma por miedo al dolor que eso podría  causarme. Pero ¿sabes? ¿Acaso se puede sufrir más? Bueno supongo que sí, pero cada uno tiene su medida de sufrimiento.

El despertar imaginado


No puedo evitarlo. Me encanta pensar en cómo sería despertar a tu lado. ¿Te lo imaginas? Adoro pensar en la posibilidad de abrir los ojos y verte a mi lado, todavía con la cara dormida, pero alegre. En ese momento me olvidaría de todo que no tenga que ver contigo. Me dejaría capturar por tu mirada y perdería la noción del tiempo, comenzando a sonreír. Supongo que te sería imposible ver el resplandor que iluminaría mis ojos entonces. Seguidamente, mi corazón daría un vuelco y, solo entonces, comprendería que no lo cambiaría por nada. Me olvidaría de los restos de sueño aun presentes en mi rostro, ignoraría mi pelo revuelto y el ruido de los coches que se percibiría a lo lejos. Y  cuando el corazón me amenazaría otra vez con volver a salirse del pecho, te besaría. Y después… después te susurraría con otra sonrisa dibujada en los labios: “Buenos días”.

martes, 14 de agosto de 2012

Esta soy yo


Puedo recogerme el pelo y soltármelo en medio de la calle. Puedo llevar medio día pensando qué ponerme y cuando sea la hora de salir, decidir cambiarme. Puedo pintarme los labios y al salir a la calle intentar quitarme el pintalabios pensando que me he pasado. Puedo hacerme una taza de leche con chocolate y nunca ser capaz de acabármelo. Puedo pintarme las uñas y luego decidir que no las quiero de ese color. Puedo salir a dar una vuelta sola para poder estar asolas con mis pensamientos y no dejar de escuchar música que me impida pensar. Puedo sonreír a la gente que veo por la calle y luego indignarme al ver que no me sonríen de vuelta. Puedo ponerme a cocinar y luego negarme a probarlo. Puedo querer levantarme pronto por la mañana y nunca conseguirlo.  Puedo estar enfadada conmigo misma demasiadas veces. Puedo sentirme realmente mal por pisar accidentalmente a mi gato aunque este siempre me ataque. Puedo pasarme el día en las nubes y luego sentirme culpable por no haber hecho nada en absoluto. Puedo levantarme el medio de la noche e intentar memorizar lo que soñé. Puedo despertarme en medio de la noche y mirar por la ventana al escuchar el sonido de la lluvia. Puedo alisarme el pelo y luego intentar que parezca ondulando. Puedo olvidarme del tiempo y llegar tarde a casa. Puedo hacer fotos estúpidas a cosas innecesarias. Puedo guardar recuerdos que empiezan a ocupar demasiado espacio. Puedo dormir abrazada a una almohada sabiendo que de otra forma estaría incómoda. Puedo pronunciar el nombre de la persona que echo de menos sabiendo que no lo escuchará. Puedo agobiarme con un par de pensamientos bien escogidos. Puedo emocionarme por tonterías y dejar pasar las cosas importantes. Puedo tropezar por la calle y reír de mi misma. Puedo esperar a alguien durante un tiempo limitado. Puedo hacerme daño con mi pasado. Puedo esconder montones de lágrimas que nunca nadie verá. Puedo dar saltos de alegría por la calle cuando estoy feliz. Puedo insultarme cuando hago las cosas mal sabiendo que si se tratara de los demás nunca lo haría. Puedo ponerme una máscara de sonrisa permanente que esconda mi tristeza. Puedo tener ataques de locura y hacer las cosas sin pensar. Puedo llorar con el más mínimo roce con las viejas cicatrices. Puedo querer a gente toda mi vida. Puedo recordar lo que sentí hace tiempo e intentar mejorarlo por todos los medios posibles. Puedo comenzar algo, dejarlo por la mitad y luego reprochármelo siempre que tenga una oportunidad para ello. Puedo escuchar diferentes tipos de música aún sin saber cuál es mi favorito. Puedo mirar cómo crecen las flores.

Hay demasiadas cosas que forman parte de nosotros y la verdad es que esos pequeños detalles son los que realmente definen quiénes somos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Preocupación argumentada


Hay temores que siempre nos perseguirán, miedos de los que nunca nos libraremos y tan solo tenemos la opción de aprender a convivir con ellos. A veces nos preguntamos ¿qué debo hacer? ¿Cómo sigo adelante? Y nada está claro salvo una cosa, la felicidad viene ligada a esa sensación de pérdida continua. Jamás lograremos huir de aquella sensación y otra pregunta retumba en tu cabeza ¿de verdad vale la pena sentirte así? Y al instante sabes la respuesta, no dudas ni un segundo sabiendo que esto es lo que quieres de verdad, que no te imaginas de otra forma, que solo así puedes estar completamente feliz.



Las cosas siempre cambiarán alrededor, de hecho, nosotros también cambiamos con ellas, la clave está en aceptar aquel movimiento imprevisible que trastorna el orden de las cosas y seguir adelante. El miedo nunca desaparecerá, pero podemos avanzar si pensamos que cada cosa tiene su razón y que hay piezas que no pueden estar juntas. Hay que dejar de lado el temor al cambio repentino y sabes disfrutar del instante, sabiendo que nunca se volverá a repetir.

sábado, 21 de julio de 2012

Un pensamiento dicho sin pensar


Hay momentos en los que nos dejamos llevar por nuestros pensamientos, expresamos todas las cosas que se pasan por nuestra cabeza en aquel instante pretendiendo ser lo más francos posible. Lo conseguimos y entonces un sentimiento nuevo  recorre nuestro pecho. La sensación nos hace saber que hemos expresado con exactitud lo que pensábamos. Nos sentimos mejor, como si aquello nos pudiera mostrar con más claridad ante los ojos de los demás.

Instantes más tarde advertimos que las cosas no van cómo pretendíamos, nuestra intención se enmascara entre las líneas y solo quedan un puñado de palabras que dijiste sin pensar. Te preguntas ¿por qué demonios has decidido actuar dejando atrás las consultas al pensamiento racional? Y es cuando otra sensación recorre tu cuerpo, el sentimiento de pesadez te hace revivir lo que acabas de hacer, repites una y otra vez las palabras que soltaste en una bocanada y ves que nada de aquello cuadra. Sabes el nombre de aquella sensación. Ese arrepentimiento llega a cada célula, pero más ataca a tu cerebro. Sólo una pregunta persiste en el aire. ¿Por qué? Es tarde para cambiar las cosas, aunque sabes que hace poco, aquellas palabras era lo que necesitabas decir. Poco a poco, abandonas la idea de seguir atormentándote, sabiendo que las cosas paran por alguna razón.

Fantasía con un requisito imposible


Alguna vez leí que el hombre de tus sueños nunca será cómo te lo imaginas. Recuerdo cómo reí de aquella afirmación al decidir que no era nada más ni menos que otra tontería de alguna persona desilusionada. Hoy lo volví a recordar y me arrepentí de haber puesto en duda esa enunciación. Estaba pensando en mis cosas y, de pronto, lo comprendí. Nunca nadie podrá ser tal y como nos lo imaginamos. Todo es demasiado complejo, nuestra mente deja escapar un requisito imprescindible para hacernos felices. A ese sueño le falta una cosa existencial y es que ese hombre tan solo existe en nuestro pensamiento. Nunca podremos encontrar a alguien acorde con nuestra descripción, en nuestra opinión, perfecta.
Entonces reflexioné sobre la importancia de aquella frase, sobre cómo la gente se dejaba llevar por fantasías creadas por una imaginación vivaz, dejando de lado la realidad. Vi que nunca encontraría a alguien que cumpla los estúpidos requisitos que nos son marcados por la sociedad y, a lo largo del tiempo, incluso por nosotros mismos. Cuanto más pensaba en aquello que leí hace tiempo, más claro lo tenía. No quiero al concepto de un hombre, supuestamente, perfecto que creé en mi cabeza. Quiero al hombre que está a mi lado ahora. He comprendido que no cambiaría por nada al hombre que amo, ni siquiera por la viva imagen de mi fantasía más perfecta, he comprendido que he conocido al hombre ideal y este, en cambio de un sueño creado, sí existe.



Abre los ojos

Ni todos los monstruos viven en nuestros armarios, no todos los infiernos existen fuera de nuestro hogar, ni todo el dolor se escapa de nuestra mirada. Hay demasiadas cosas que decidimos no ver, no mostrar u ocultar de los que nos rodean. Algunas cosas nunca podrán ser explicadas, la decisión de callarnos nos permite creer en un futuro mejor, aunque para ellos se necesite algo más que un simple pensamiento difuso.


lunes, 16 de julio de 2012

Ajuste emocional


Y así de golpe asimilas lo que hace poco pasabas por alto. Te remontas al pasado con el fin de confirmar tu suposición y te sorprendes de su certeza. Y es que hay algo más que cambió desde que cesó el dolor. Algo significante que no te atrevías a admitir… se te devolvió la fe en la justicia.
Cuando crees que nada en esta vida será equitativo, cuando ves que las lágrimas que derramas no serán medidas entonces comienzas a perder esperanza en la vida. Evitas pensar en que podría cambiar algo sabiendo que no es así, pero de repente llega alguien que te hace cambiar de opinión, que te hace creer en la existencia de una justicia temporal. Parece poco, pero cuando pierdes la esperanza en un futuro mejor, la aparición de un hecho capaz de igualar tanto sufrimiento y felicidad repartida de forma injusta te hace respirar con más libertad.


jueves, 12 de julio de 2012

La eterna culpable


Injusticia. El sentimiento es demasiado profundo como para pasarlo por alto. Algo dentro de ti se arruga y te hace estremecer. Son las cicatrices del corazón que se unen para provocar más efecto sobre ti. La mente se llena de preguntas que nunca podrán ser contestadas. Son demasiadas, pero también imposibles de razonar. La estrategia fue preparada con detenimiento y tus principios, sí esos estúpidos esquemas mentales, te impiden actuar para detenerlo. Al pensarlo te das cuenta de que carece de sentido. Te niegas hacer algo para detener la injusta situación, pero entonces te acuerdas de la imagen que proyectas hacía exterior. Se te hace imposible hacer algo para negarte a la decisión tomada que, gracias a tu silencio, se convierte en inevitable.
El odio se esparce por tu cuerpo y sabes que no podrás escapar de su efecto. Lo peor de todo no es el origen del odio sino su objetivo. Comienzas a odiar tus silencios, tu incapacidad para actuar, para decir que no, para contrastar tu disgusto, para callar a los demás, para mostrar tu opinión más sincera. Atacándote a ti mismo no consigues nada, las garras de la injusticia te rodean y sabes que la culpa es tuya.

Te sientes mal por querer cambiar algo sabiendo que solo tú lo ves injusto. Entiendes que nadie más comprende tu punto de vista y eso acaba hundiéndote. No lo entiendes, le buscas explicación aun sabiendo que no la habrá. No en este caso y eso hace que te derrumbes. El apoyo de los demás desaparece cuando cambias de opinión, pero ¿qué más puedes hacer si se trata de tu felicidad? ¿Por qué no puedes ser egoísta por una vez?
Lo entiendes al darte cuenta de que nada cambiará, cuando ves que la culpa de todo el sufrimiento se halla en ti. En cada silencio, en cada mirada desviada, en cada verdad no dicha, en cada sonrisa que carecía de una completa felicidad. El comportamiento que pusiste por norma ha empezado a destrozarte pero, por uno de los principios morales, sigues sonriendo mientras tu almohada absorbe las injustas lágrimas que derramas por las noches.

lunes, 9 de julio de 2012

Valor temporal


Nunca me imaginé que podría llegar a valorar tanto un par de minutos. Pero, cómo siempre dicen, no aprecias algo hasta que lo pierdes. Bueno, quizá sea para bien… Sólo de esta forma puedo ver lo mucho que me importa esa llamada, puedo experimentar con más fuerza las ganas que tengo de escuchar su voz.

Por primera vez siento la extraña sensación que me haría silenciar al mundo si eso bastase para oír aquella voz que me hace estremecer. 

domingo, 8 de julio de 2012

Carta sin destinatario


Hay instantes perfectos para dejar atrás todo lo que conocías hasta ahora. Esos que te permiten adentrarte en un mundo nuevo donde te espera tu propia historia. Cada aventura te sirve de guía llevándote a un final feliz. Las caídas se convierten en lecciones y comprendes que puedes seguir adelante. Los comienzos de nuevas historias afirman que son una continuación alegre de las lágrimas que estabas derramando hace poco.

Solo tú decides el precio de tu felicidad. En ti se encuentra el poder de cambiar el rumbo de las cosas. Acepta por fin que eres el protagonista de tu historia (lo digo aun sabiendo que puede que yo nunca llegue a hacerlo). Cuando de verdad te concierne algo no importa lo que piensen los demás y menos si se trata del amor.

La atracción es la única fuerza capaz de hacernos cruzar océanos, esperar años y años conservando esperanza, llorar de alegría y olvidarnos del mundo que dejamos atrás descubriendo los límites de nuestra libertad. 

Simples humanos


No somos perfectos. No podemos estar seguros de nuestras acciones. No podemos evitar fallar. No somos completamente felices. No sentimos el dolor ajeno. No aprovechamos todas las oportunidades. No gritamos cuando las cosas salen mal. No dejamos atrás el pasado. No comenzamos de nuevo olvidando lo anterior. No saltamos de alegría con cada éxito.

Hay demasiadas cosas que hay montones de cosas que NO hacemos, sentimos, celebramos, lloramos, sufrimos, apreciamos… Pero no somos robots.

Somos humanos. Lloramos cuando nos decepcionan. Sonreímos cuando alguien nos sonríe. Saltamos de alegría cuando logramos nuestro sueño. Tenemos pesadillas por la que abrazamos mejor a nuestros seres queridos. Y somos los que mejor aprovechamos las segundas oportunidades. Disfrutamos de los pequeños detalles del día a día y comenzamos a escuchar los problemas de los demás con el deseo de ayudarles.

Poco a poco aprendemos que en cada fallo hay una nueva oportunidad de volver a comenzar, que el tiempo es muchas veces el mejor doctor y que la felicidad consiste en el camino y no en la meta final. Somos imperfectos y eso es lo que nos hace especiales humanos.


No sé vosotros, pero yo estoy orgullosa de ser una simple humana.

Un capricho extraño


Esa sensación te aprieta contra el pecho, algo te hace desear estar lejos de dónde estás ahora. Te lo planteas por un segundo… ¿Por qué me tiene que pasar ahora? ¿Aquí? ¿En este preciso instante?



Nunca entendí los extraños caprichos de mi corazón.

Sin ti


Eres como la luz que me guía
Comprendí que sin ti estaba perdida.
Por eso cada noche y al amanecer
Me imagino tus besos mi piel recorrer.

Las noches se convierten en aventura,
El tiempo sin ti en una tortura.
Por ello espero poder cada latido describir,
Contar que sin tu nombre me cuesta vivir. 

Caricia inventada


El vacío del pecho se hace más notorio. Te falta algo. Algo capaz de hacerte feliz con una sola presencia suya.
Comienzas a pensar en cómo sería tenerle aquí ahora. Te imaginas cada beso, sientes cada caricia inventada esperando cubrir el vacío que dejo. Pero nada funciona. Hay veces en los que intentas controlar el sentimiento que te provoca su falta, pero otras veces esa sensación te controla a ti. Y entonces respiras de forma superficial, pudiendo sentir como el aire frena su marcha al pasar por el hueco que abre la ausencia, sientes cada borde irregular de donde antes estaba su presencia en tu corazón y en ese momento lo admites. Te falta él.


jueves, 28 de junio de 2012

El límite de lo infinito


Consigues estar en cada rincón, cada pensamiento lleva hacia ti y yo tan solo puedo sorprenderme de esa extraña facilidad con la que empiezo a sonreír entonces. Nunca me había sentido así, en esos instantes la felicidad me desborda. Es como tocar el cielo con la punta de los dedos, como rozar el límite de lo infinito sin moverte del sitio, es transportarte a un lugar donde no hay nadie más que vosotros dos, es respirar sentimientos.

Son recuerdos que consiguen elevarme por encima del suelo…nunca seré capaz de describirlo y eso me fascina. La complejidad de los sentimientos me hace querer descubrir cada detalle de ellos, cada matiz que parece escapar a los sentidos de alguien que vive demasiado deprisa para experimentar el paso de emociones a través de su piel. Las sonrisas se filtran, van acumulándose, recordándote que las cosas van bien en tu pequeño mundo, y sonríes como lo hacías antes.
En algún momento debes regresar a la realidad, descender y volver a tocar el suelo con los pies mientras cierras el frasco de los recuerdos que con una sola mención pueden traerte la felicidad más verdadera,  esa que jamás experimentaste antes.

jueves, 21 de junio de 2012

Miedo a sufrir


Sabes hay veces en los que tengo miedo de mis sentimientos. Ya sé lo que debes pensar, no hace falta que me digas que es una tontería porque ya me lo imagino, pero es cierto. Nunca antes me sentí así, puede que esa sea la causa del temor… El sentimiento es demasiado fuerte como para dejarme arrastrar sin más. Vale, creo que ya sé lo que me pasa. Me niego a admitirlo porque parece una burla, aun sin serlo. Me parece que esa época me dejó unas secuelas demasiado grandes como para pasarlas por alto. Eso es lo que me preocupa. Creo que el tiempo nunca borrará del todo el recuerdo de ese sufrimiento. Puede que gran parte de la culpa la tenga yo por un pensamiento que parecía aliviarme, pero que poco a poco me destrozaba por dentro. He comenzado a huir de los recuerdos sabiendo que el dolor que producen nunca se esfumará del todo. No, no me arrepiento de haber sufrido tanto, eso me enseñó a ser aún más fuerte, comprendí que podía superar las dificultades cuando ya pensaba que nadie lograría salvarme de mí misma. Sí, es irónico…

Ahora todo va bien y no dejo de dar las gracias por encontrarme bien, recobré la esperanza y una sonrisa comenzó a formar parte de mi día, pero hay algo que persiste en el tiempo. Creo que el dolor se transformó en miedo. No sé muy bien por qué escribo esto, creo que me hace falta aclarar lo que está pasando. Siento que el miedo me persigue allá adónde voy y, en algunos instantes, eso me hace dudar de la realidad. Creo que nunca tuve tanto miedo de sufrir, no antes de haberlo pasado tan mal. El temor me dice que se puede volver a repetir y entonces el corazón se cierra en banda negando escucharlo. No, no quiero que, si las cosas salen mal, el corazón de nuevo deje de latir, esperando que alguien logre reanimarlo a tiempo.

Justicia dolorosa


Todavía no puedes explicarlo porque sabes que es algo que se ha de sentir, de otra forma no tendría sentido. El cambio es demasiado notorio como para pasarlo por alto. Recuerdas como hace tiempo el dolor se adueñó de cada célula de tu cuerpo, como separó en montones de fragmentos tu corazón… Entonces este se congeló, parecía que el sufrimiento no iba a cesar nunca porque cada vez una cicatriz cualquiera te recordaba lo despedazado que estaba. El tiempo pasó y ahora sientes que toda va increíblemente bien. Las heridas se curaron fortaleciendo tu corazón y el hielo que ocultaba tu corazón se derritió. Parece que los sentimientos que te hicieron revivir se multiplican porque, en algunos instantes, sientes que la felicidad se encargó de crear algo único, una esperanza de un mundo justo y eso te hace recordar porque estás aquí.

lunes, 18 de junio de 2012

Las sombras de la noche


Nunca pensé que se podía intentar evitar algo con tanta fuerza. He empezado a odiar esa sensación que me persigue cada noche. Me recuerda a un remolino que logra arrastrar todo a su paso, incluyéndome a mí. No puedes huir, tan solo puedes confiar en que, por una noche, las sombras que forman el miedo se alejen de ti. En el mundo de los sueños nadie puede ayudarte, te quedas a solas con tus temores.
De nada sirve despertarte a las tantas y comprender que todo fue una grotesca fantasía. En esos instantes te sientes aislado del resto. Esa es la sensación que odias, a pesar de todo, necesitas que alguien te diga que todo formó parte de un sueño, te hace falta una afirmación ajena para lograr correr un velo tras la pesadilla que logró hacerte replantear tu respiración.

Área de seguridad


Quizá la mayor ignorancia se encuentra en creerse las cosas que nunca llegamos a comprobar. El golpe es duro, pero nos recuerda que no todo es como solemos percibirlo. Nos creemos libres, damos vueltas en nuestro espacio tan familiar y seguro sin preocuparnos por lo que pueda pasar a medida que te alejes. Esa es la falsa idea de libertad, ya que cuando crecemos y nos decidimos explorar nuevos territorios sobrepasamos el límite de nuestra independencia y entonces chocamos con los barrotes de nuestra jaula. 

Conversación inventada por la desesperación


+¿Por qué no le llamas explicándole que te hace falta? Sabes que así te sentirías mejor.

-Lo sé, pero no aun así, no quiero hacerlo. Estoy segura de que cuando escuche su voz me pondré a llorar. Sé lo que es derrumbarte cuando alguien te da su apoyo. Prefiero recuperarme y entonces avisarle. Ya sé que puede que haga mal, pero sé que no soportaré hablar con él estando así. Sé que es incómodo consolar a alguien cuando tiene la voz ahogada por los gritos del corazón mientras por sus mejillas corren lágrimas de desesperación. Sé que hablando con él me sentiría mejor, de hecho, es lo que más me hace falta en este momento. Pero no. Prefiero estar así, aun dejándome a la deriva de los pensamientos destructivos.