Creo que he llegado a temer una
hoja en blanco. No dejo de sentir la imperiosa necesidad de desahogarme pero
cuando empiezo a hacerlo algo me frena. Creo que no seré capaz de parar. Hay tantas
cosas que me descontrolan a nivel emocional que no puede hacerles frente. He llegado
a un punto en mi vida en el que cada minuto está plagado de alguna tarea que,
necesaria o no, me lleva todo el tiempo del que dispongo. Sea como sea, sigo
necesitando más. Como si un par de minutos libres me pudiesen solucionar los
problemas. Tengo la sensación de estar corriendo con una maleta demasiado
llena, a medio cerrar y con una cinta aislante que hace un papel mayor del que
se le corresponde. Y así es mi vida. Un cúmulo de cosas que no consigo
solucionar y, sin embargo, no dejo de buscar más cosas de las que podría
encargarme, como si temiera quedarme a solas conmigo misma.
Las horas de sueño se han
acortado drásticamente (porque incluso allí, los temores me acechan), saltarme
la cena se está convirtiendo en un ritual que me permite seguir “en marcha”,
haciendo algo de cuya meta no esté segura. Puede parecer una estupidez pero mi
agenda, aparentemente demasiado apretada, no incluye emociones. Es como si
intentara desconectarme convirtiéndome en una máquina que jamás seré.
Hay una frase que me ha llamado
la atención hoy. “No tengo tiempo para llorar”. Patético, ¿verdad? Pues así
estoy yo y no me daba cuenta hasta pronunciarla. Y bueno, no podía permitirme
ese lujo (nótese el sarcasmo).
Esta tarde, cascos en el oído, me
he dado cuenta de que estoy más rota de lo que aparento y, lo que es más
sorprendente, de lo que yo misma creo. A menudo tengo la sensación de estar
caminando sobre cristales rotos que alguna vez formaron parte de mi vida. La mayoría
del tiempo ni los notas, pero si aminoras la marcha, allí están.
Caminando en círculos cada vez
más concéntricos, intentando superar el volumen de mis pensamientos por melodías
pegadizas que no dejan de brotar de un par de auriculares que no me permito
olvidar. Estoy dejando de dormir, de comer, de sentir… algunos me tacharán de
loca, pero con todo ese frenesí, se me está olvidando algo realmente
importante, pensar. Y si esas son las formas de conseguirlo, en ese caso,
seguiré haciendo más, aumentando todo lo que pueda la velocidad a la que no
dejo de girar esperando que, en algún momento, pueda formar parte de esos
pedazos que no dejo de pisotear.