El viento mecía las hojas
mientras que el frío comenzaba a cobrar fuerza. De nuevo estaba sola en aquella
casita de la playa pero, por una noche, no le importaba. Se sirvió un vaso de
vino y se sentó frente a la televisión. Cogió el mando y pulso un botón al azar
mientras bostezaba. Ya nada le interesaba. Dejo de mirar las olas que rompían
contra las rocas que rodeaban su pequeña fortaleza. Las cosas habían cambiado.
Tras dar un sobro al vino, se
acomodó más en aquel viejo sillón esperando echar toda la tarde en el mismo. Un
ruido la sobresaltó cuando estaba adormilando. Se giró al escuchar un grajeo
inconsistente. Frente a las ventanas, que daban al mar, vio un enorme cuervo
negro que paseaba por los barrotes de su entrada.