Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 29 de abril de 2012

Grabados de una gota de lluvia


Recuerdo cuando estaba a punto de rendirme, aún me asusta pensar en lo que podría haber pasado si no llego cambiar de decisión. Pasó mucho tiempo desde entonces, pero un pensamiento se quedó grabado en mi mente. Me imaginé que todo el dolor me serviría para mi futuro, para hacerme más fuerte y para que pudiera seguir luchando. Agradecí no haberme rendido en ese instante en que el ya no me quedaba esperanza. Dicen que la esperanza era lo último que se perdía y tienen razón. Renunciamos a seguir creyendo cuando nuestro corazón deja de latir. Lo que la gente no dice nunca es que la esperanza, siendo la última al marcharse, también es la primera al volver. Es ella la que nos infunde vida de nuevo…

Comprendí que habían cosas que era mejor no aprender y, de alguna forma, me hice un juramento, quise alejar el dolor de las vidas de la gente. Ahora siento el peso de la promesa, cuando noto que me fallan las piernas de tanto caminar, cuando me quedo desmotivada aun sabiendo que debería seguir.
No, no quiero rendirme porque anhelo hacer un cambio, da igual lo insignificante que sea, es solo que deseo romper las reglas de la injusticia para que la gente pueda creer en que las cosas no van tan mal cómo les parece. No, esto no es una declaración de intenciones, ni una busca de mérito por mi objetivo… es solo que me falta fuerza para avanzar y el mejor modo de motivarme es recordar por todo lo que pase, pasar la mano por todas las cicatrices que me hice al decidir seguir este camino y pensar en toda esa gente a la quiero ayudar, porque de un modo u otro, conseguiré salir adelante, porque puede que lo que me de esperanza en su mayor grado sea saber que no lo hago solo por mí, sino que lo hago por los ellos.

El juego del escondite


Hay algo que no funciona bien y la verdad es que me preocupa admitirlo. Ya sabía que podría pasar, pero nunca quise darme cuenta de que sucedería. Ignoré lo que presentía esperando que, de esa forma, pudiera remediarlo, pero se ve que no es así… Lo peor de todo es que le estoy dando una gran ventaja al miedo que, poco a poco, se está haciendo más fuerte.
No quería admitir lo que tanto me asustaba, ahora estoy frente a un abismo sin saber qué hacer. No es culpa mía ¿o quizá sí?, no lo sé… Quería evitarlo aunque reconozco que ignorar el problema nunca es la mejor solución. Ahora no sé cómo seguir, hay algo que me llena de temor. Sé lo que me falta, aunque no encuentro la forma de localizarlo, de darle vida de nuevo.
 La motivación es una fuerza motora, te ayuda a seguir adelante pase lo que pase, supongo que es como una especie de esperanza en acción. Cuando estás motivado ya no importa ni el camino ni las dificultades porque en tu cabeza solo está la imagen de la meta. Imaginas todo lo que puedes conseguir sí no te rindes y eso te hace seguir.

Sabía que mi motivación desaparecería, bueno, sé que sigue por allí escondida, puede que temiendo el miedo… ¿quién sabe? Yo, en cambio, no puedo esconderme, no puedo dejarlo todo y huir sin mirar atrás. La verdad es que me gustaría hacerlo, aunque solo sea por un segundo, quiero encontrar un lugar donde me sienta segura, sin preocuparme por el futuro. Me pregunto si algún día conseguiré evadirme al igual que, muchas veces, lo hace mi motivación dejándome cara a cara con el miedo.
Sí, reconozco que estoy asustada, mucho… puede que demasiado… no lo sé, es solo que me siento abandonada frente a un abismo de cuestiones sin responder. No quiero sentirme así, sé que debería hacer algo para cambiar la situación y reponerme, sé que habría que seguir adelante encontrando el modo de tranquilizarme, pero siento que no puedo hacerlo. Las cosas se vuelven más duras con cada paso que doy y tengo miedo de no poder volver a levantarme.
Soy consciente de que debería olvidarme del miedo y cumplir esa promesa que me hice. Puede que sea eso lo que me haga retroceder, fallar a la gente que aún no sabe que lucho por ella. Puede que el verdadero miedo resida no en el temor al fracaso, sino en la respuesta que tendré que buscar para justificarme en el caso de una eterna caída.

sábado, 28 de abril de 2012

Esperanza improvisada


¿Por qué las cosas nunca van bien para algunos? ¿Por qué hay tanta injusticia en el mundo para la gente que no se lo merece? ¿Por qué la vida nos cambia a base de golpes?..
Nunca entendí esa “injusta injusticia”. ¿Por qué les pasan cosas malas a los más sinceros, a los más desinteresados o a los más desamparados desde hace tiempo? Las cosas nunca son fáciles es cierto, pero la esperanza sobrevive a los golpes de la vida, alguien siempre ayuda a que renazca incluso si esta se haya igualado a ceniza.
La impotencia te hace sentir dolor al pensar que no puedes hacer nada para algunas de esas personas, cuando tienes que admitir que solo del tiempo depende que las cosas se arreglen y eso te hace daño. No, no quieres esperar. No quieres pensar que puede que dentro de nada la felicidad llegará a su vida. No quieres que esperen, no quieres que sufran, no quieres que lloren, no quieres que recuerden lo felices que fueron en el pasado, no quieres que sonrían amargamente pensando que las cosas no volverán a arreglarse. No quieres verles mal.
Todo se vuelve más complicado cuando estás seguro de que la persona que sufre no merece ni el más mínimo dolor. No sabes qué hacer para ayudarle, pero te planteas intentarlo. Porque quieres que sonría, porque sabes que puede que la justicia depende de lo que hagas.
Recuerdas lo que te pasó hace tiempo, todavía puedes sentir el dolor del pasado si te adentras en el oscuro rincón donde guardas tus momentos más punzantes, pero hay algo aparte de eso. Te acuerdas de esa persona que de forma desinteresada te ayudó en algunos de tus peores momentos. Piensas en cómo te tranquilizaba para que pudieras volver a respirar, en cómo te regalaba esperanza, en cómo te transmitía paciencia diciendo que todo llegaría, que las cosas se arreglarían y que todo iría bien. Esa persona estaba allí para animarte. Ahora te pones a pensarlo y te das cuenta de que todo tu agradecimiento no sirvió de nada porque esa persona está sufriendo mientras que tu eses feliz sin preocuparte por nada más.
¿Por qué no se puede transmitir felicidad? ¿Por qué no se pueden regalar sonrisas permanentes? Y ahora es cuando hay que decir: “no es justo”. ¿Por qué no puedo agradecerle su ayuda con una pizca de alegría o una chispa de esperanza?

Odio pensar que las injusticias puedan ser permanentes, pero me prometí cambiar la situación aunque solo sea algunas veces. Escogí mi sueño de acorde con mi deseo más profundo, decidí regalar felicidad a esas personas que realmente lo merecen. Gente que no espera nada de la vida y está dispuesta a ayudar a los demás sin pedir nada a cambio, porque sé que esa gente merece ser feliz, porque sé que él tiene que ser feliz. Tiene que volver a sonreír.
Supongo que esto no sirva de mucho, pero confiaré en que esto logre despertar una pequeña esperanza de un futuro mejor. Espero una sonrisa del corazón, mientras tanto continuaré esperando a que las cosas se arreglen para él, porque estoy completamente segura de que se lo merece, porque sí, sé que ha de encontrar la felicidad otra vez, porque es fuerte, porque podrá esperar a que pronto, muy pronto, las cosas cambien.

Gracias por ayudarme a respirar cuando pensé que me faltaba aire.

Temor infundado


La sensación de pérdida llega como un gélido viento. Tratas de no pensar en ello intentando tranquilizarte afirmando que las cosas irán bien pronto. Un día despiertas y sientes como la preocupación se acomodó en tu corazón. Sientes miedo y la respiración se hace entrecortada. Temes pensar en lo que puede pasar.
No te das cuenta cuando alguien pasa a formar parte de tu vida, sucede de forma espontánea y muy natural. Tan solo luego admites que se ha producido un cambio y agradeces eso… Sin embargo, notas con toda clase de detalle cuando la gente se marcha. La distancia todavía es pequeña, pero aun así tu corazón comienza a llorarte que está asustado. No quieres perder a más gente en tu vida sabiendo el dolor proporcionado por ello. Tratas de buscar una solución, quieres arreglar las cosas, intentando disminuir esa distancia. Lo consigues, si actúas enseguida todo vuelve a su lugar.
El recuerdo de que cabía la posibilidad de perder a esa persona te hiela la sangre, no puedes aceptar el riesgo de que algún día esto suceda porque ella significa demasiado para ti. Porque con ella compartes muchos de tus mejores recuerdos, porque es ella la que te ayuda con tus ralladas mentales, porque ella siempre está allí y espera que hagas lo mismo, porque es ella quien te cuenta sus cosas y espera que opines, porque es ella la que puede hacerte reír con la más mínima tontería, porque sólo con ella puedes hacer tales locuras, porque la quieres, porque sabes que es increíble, porque es a ella a quien, desde hace tiempo, la llamas tu mejor amiga.

domingo, 22 de abril de 2012

Medicina en manecillas


Muchas veces nos olvidamos del paso del tiempo, dejamos de comprobar el estado de algunas heridas del pasado y nos dedicamos a ser felices. Seguimos llevando una vida normal esperando que poco a poco el dolor vaya cesando, entonces llega un momento en el que no nos volvemos a fijar en las secuelas del pasado. La cura encerrada en el reloj funciona bien, aunque quien sabe si realmente es así.
El pensamiento tan buscado anteriormente llega de sorpresa y te encuentra desprevenido. Puedes estar pensando en cualquier cosa, aunque por muy remota que sea, ese pensamiento inimaginable te apresará.
Cuesta pensar que ha sucedido realmente, el aturdimiento es mucho mayor cuando compruebas la certeza de aquello que acabas de pensar. Te acabas de dar cuenta de algo inesperado. Por un breve segundo dejas de respirar, temes admitir que aquello te fue soñado. Pero no, la sensación de alivio persiste.

Sientes como el dolor desapareció, los recuerdos han perdido su intensidad y algunos retumbos ya no hacen daño. Algo cambió, llegó eso que tanto tiempo esperabas, por fin, pasó.
Los corazones se curan cuando dejamos de comprobar el estado de la herida, cuando dejamos de recordar para volver a crear nuevos recuerdos, cuando te ilusionas de nuevo, cuando sabes que el pasado ya nunca más volverá a hacerte daño, cuando te diriges con paso firme hacia el futuro sin pararte a pensar en lo que dejas atrás.
La cura llega en el momento menos esperado,  y entonces te das cuenta de que el pasado ya no te hace daño, admites que tu única preocupación es la de conservar esa felicidad tan anhelada.

Lucha a ciegas


Hay situaciones en la que no sabes que sentir, todo es demasiado confuso y te falta información. Dejas de razonar con calma e intentas encontrar una explicación. Puede que este mal dejarse llevar por la preocupación que invade tu cuerpo, pero ¿qué otra cosa puedes hacer? ¿Cómo puedes obligarte a callar tu inquieto corazón?

 El dolor siempre es y será siendo una amenaza para nosotros, pero ¿qué ocurre si no sabemos contra quien estamos luchando? Es una lucha contra lo desconocido y, sinceramente, las posibilidades de ganar con los ojos cerrados son muy pocas.

Sin sentido del momento


Sentía un enorme vacío, quería encontrar algo que me confirmara su presencia. En algún momento comprendí que los miedos nunca desaparecían, tan solo se quedaban adormecidos esperando volver a salir para continuar su misión. Las sonrisas se vuelven gélidas ante el primer signo de dolor. La perspectiva cambia. Nada y todo tiene sentido. Las cosas permanecen, otras dejan de existir. ¿qué más puedes hacer aparte de vivir este instante?

domingo, 15 de abril de 2012

Inevitable

Es como un sueño del que no quieres depertar nunca más. Cuando le tienes al lado sientes como si el universo se detuviera en un solo punto, ese donde se rozan vuestros labios. Parece que el tiempo se para cuando os miraís mientras vuestros rostros se van acercando poco a poco mientras que un par de sonrisas los cubren de forma suave. La atracción actúa de un modo magnético, acercándoos más y más el uno al otro. El corazón comienza a latir de otra forma, deja de ir al compás para volverse más atolondrado. Te respiración se acelera mientras que sientes la suya en tu piel, te estremeces por tenerle tan cerca y te vuelves a estrecharte contra su cuerpo, quieres tenerle todavía más cerca. Sientes su respiración mientras vuestros labios se rozan, poco a poco, beso a beso, bajas lentamente por su cuello, recorriendo su piel, sabiendo que no puede hacer nada salvo experimentar el efecto que produce tu respiración.

sábado, 14 de abril de 2012

Pensamiento sin difuminar

Un breve segundo puede cambiarlo todo. De repente ya no es la tierra la que te sostiene, sino su mirada. Dejas de pensar y te das cuenta de que su presencia controla el latido de tu corazón, pero hay algo más, una cosa en la que antes no te habías fijado, sientes que una sola caricia suya puede llegar a controlar tu respiración. Los pensamientos parecen difuminarse, aunque hay un sentimiento que nunca cambia, que te susurra que le quieres, ese que indica que estás enamorada.

viernes, 13 de abril de 2012

Argumento invalido

En algún momento comenzamos a buscar cosas para compartir, queremos disfrutar de la compañía, aprovechar el tiempo al máximo, pero sobretodo ansiamos ser felices.

Cuenta inusual

Empecé a contar el tiempo por los latidos de mi corazón. Resulta un modo inusual de definir los mejores momentos. Todo se hace más complicado cuando te quedas a solas, sin nada que te pueda ayudar a hacer esas cuentas, es entonces cuando notas el peso de la tarea. Todo se hace más arduo cuando los latidos se dejan de percibir con claridad, cuando son cada vez menos frecuentes, cuando parece que pierdes la cuenta. Aunque siempre habrá algo que te ayude a reanudar la tarea, alguien que te haga respirar de forma entrecortada mientras que tu corazón intente salirse del pecho, alguien cómo él.

Perspectiva del momento

                                 ¿Te has preguntado alguna vez cuánto valen los instantes que vives?


                               Sí lo hicieras te darías cuenta de que esos momentos no tienen precio.  

Historia oxidada

El tiempo no cura todas las heridas, algunas permaneces abiertas a lo largo del tiempo y basta con un recuerdo para volver a infectarlas. Sientes cómo el dolor despierta de forma punzante a lo largo de todo el corte y te exprime todo el aire de los pulmones. En algún momento dejas de comprender la realidad y tan solo buscas un refugio, un lugar que te pueda salvar de los oxidados cuchillos del pasado que se clavan de nuevo, desgarrando poco a poco el corazón que parecía sanarse con suave caricia de otro. No dejas de recordar mientras el corazón se ahoga llenándose lentamente de lágrimas que aún no corrieron por tus mejillas. Comprendes que no puedes seguir más así, que ya es suficiente y que no quieres dejar que destruya algo de lo que llevas un tiempo construyendo. Quieres desprenderte de los recuerdos y llenar la memoria con los momentos nuevos, esos que te regalan alas y te ayudan a despegar de ese lugar donde hace un par de instantes moriste, donde dejaste de respirar soltando al aire tu última esperanza. Anhelas poder olvidar que no le importó lo más mínimo que te ahogaras con los sollozos que subían por tu garganta mientras te agarrabas a su mano para poder levantarte de nuevo. No, simplemente se dio la vuelta con el ademan de marcharse, irse sin mirar atrás, sin despedirse. Pero, no le dejarás que vuelva a hacerlo. Ahora estás protegida, ha aparecido alguien que prometió estar a tu lado, que te hizo creer de nuevo, que te volvió a regalar la más pura felicidad. Apareció para quedarse, para demostrar que las promesas, si queremos, se cumplen, para decir que estará ahí cuando haga falta, que no me dejará caer pase lo que pase.

miércoles, 11 de abril de 2012

Cuando los corazones se callan

Entre los sonidos de un latido siempre quedará un silencio, un instante apenas perceptible para algunos, un momento que dura apenas una milésima de segundo capaz de marcar distancias. Entre los latidos está ese vacío que consigue hacer olvidarnos de todo porque  al hablar las palabras retumban y no llegan a pronunciarse ahogándose en la oscuridad. Todo se vuelve mudo, el corazón pierde el sentido de su aleteo y comienza a callarse. Muchos se preguntan por qué es así. ¿Por qué la vida no podía consistir en tan solo un latido? ¿Para qué existen esos silencios que muchas veces nos hacen creer que todo el mundo se ha callado, cuando nos parece que un latido dura una eternidad? Y solo algunos, aquellos que han escuchado a su corazón romperse en millones de pedazos, lograron entenderlo.

Esos silencios huecos, esos vacíos sin vida están allí para servir de partitura a otros corazones, esos que perdidos entre las afonías no saben cómo proseguir. Con el tiempo, esos dos corazones aprenden a latir al compás, entonces se crea una sinfonía de latidos con un ritmo marcado que termina uniendo a esa gente. Los vacíos se acaban y comprendes que tu corazón se calla solo para que el otro le conteste a su reclamo. La melodía es difícil de descifrar, aunque si te acercas y escuchas atento, puedes percibir cómo en cada latido está grabado un te quiero.

lunes, 9 de abril de 2012

A precio de oro

¿Cuál es el precio de la comprensión? ¿Qué tienes que hacer para que alguien se sienta identificado con lo que sientes? ¿Acaso es tan complicado ponerse en el lugar de otro sin ningún tipo de prejuicio? Al analizar la situación actual, supongo que sí, es así… Quisiera poder hacer algo para cambiar, para enseñar a algunos a olvidarse de la primera impresión y emplear su voluntad para descubrir cómo es alguien en realidad. No creo que sea tan difícil, aunque ¿Quién sabe?
Solo podemos estar seguros de aquello que sentimos y tener claro que, muchas veces, no podremos transmitir con todo detalle aquello que sentimos en realidad. La mayoría de la gente no es  capaz de ponerse en la piel del otro para saber lo que experimenta, tan solo se prepara para transmitirle su opinión, para mostrar el mundo tal y como ella lo ve sin pensar que el otro, aun sin éxito, trata de hacer lo mismo.
Hay veces cuando intentamos explicar lo que sentimos y no somos comprendidos, entonces se acaba la paciencia, dejamos de insistir y bajamos la vista que trataba, sin resultado, de dar a conocer lo que nos pasaba. Ya no importa, dejamos de intentarlo y sentimos como la lucha contra la incomprensión fue ganada por la falta de voluntad, o quizá por la falta de claridad en la explicación… ¿Quién sabe? Tan solo podemos dejarlo pasar y esperar que la situación no vuelva a repetirse.

Explicación improvisada


No es que sea torpe, es que todavía no aprendí a andar sobre las nubes cuando está a mi lado.

Cuenta atrás

Coger aire y soltarlo de forma repentina esperando que sirva de alivio, aunque parece que no funciona. El corazón sigue hablando de él. Cuentas las horas que quedan para verle y, por primera vez, esperas que el tiempo pase más rápido de lo normal; para poder acunarte en sus abrazos, para volver a sentirte segura, para sonreír de verdad. Quieres recuperar esa parte de ti que se fue con él cuando os dijisteis “adiós”, tan solo anhelas esa sensación, la de sentirte completa, cuando ya no importa lo que pase alrededor porque estás con él, porque con solo mirarle a los ojos el mundo exterior desaparece, mientras creáis otro, uno donde el ritmo de las cosas lo marca la unión de vuestros corazones que laten al unísono.  

viernes, 6 de abril de 2012

Mentiras inyectadas

Comencé a luchar contra las falsas promesas después de probar el amargo sabor de la decepción que se difunde lentamente por todo el cuerpo envenenando el corazón, matando la confianza… La sensación de engaño persiste en el tiempo y las mentiras inyectadas a las palabras todavía retumban en la cabeza. Duele comprender que estabas equivocado, que tienes que recoger las ilusiones rotas del suelo y decidir si quieres reconstruirlas, tener que mirar a los ojos y ocultar la decepción. Evitar las lágrimas e intentar no volver a caer, sabiendo que nunca podrás cumplirlo. Saber que de ti tan solo dependen tus palabras, que tan solo puedes preocuparte por cumplir tus propias promesas. Es irónico, pero tras un tiempo de continuas decepciones, se te hace más fácil defender aquello que dices, porque ya probaste el veneno de la mentira, porque sabes lo que duele cortarse con las ilusiones a las que esperabas infundir vida.

Perfección cero

No soy perfecta. Puedo olvidarme de demasiadas cosas del pasado aun recordando aquellas que tanto daño me hicieron; puedo tropezarme con una raya en el suelo y hacer un intento, muchas veces fallido, por mantenerme en pie; puedo escuchar miles de instrucciones para llegar a un sitio, pero, todavía así, perderme en la primera esquina. Soy incapaz de esperar sabiendo que debería aprender a hacerlo; no consigo desprenderme de recuerdos y los guardo con el deseo de conservar una parte del pasado; temo que las cosas cambien y puedo llegar a ser demasiado insegura, dejando de creer en que las cosas se arreglen. Puedo dar miles de consejos, pero nunca seré capaz de aplicármelos a mí misma y creo que tampoco podré hallar una explicación para ello. Supongo que intento mantener un pequeño control sobre este  mundo de caos, por eso termino o empiezo las cosas a una hora punta, sabiendo que es una estupidez.


Definitivamente tengo millones de defectos y, todavía, me quedan muchos por descubrir, aunque a pesar de todo, he aprendido a aceptarme tal y como soy; a resistirme al cambio que sirve para contentar a los demás… Comprendí que el mundo no era perfecto, que cada uno tenía sus defectos y sus virtudes y que nadie era mejor o peor que los demás. Todos tenemos algo especial dentro y, aunque muchas veces, no lo podamos descubrir, esa cualidad sigue allí, esperando que la encontremos por casualidad. Vi que algunas cosas tenían que acabar para que empiecen otras. Imaginé un mundo donde las cosas vayan bien y trato de hacerlo realidad. Dejé de contar el tiempo. Empecé a sonreír siempre que pueda, incluso cuando me resulte imposible, cuando por dentro me estremezca de dolor... pensé en llevar la alegría a los demás, aunque muchas veces se me haga imposible. Decidí encontrar una definición de la felicidad. Nunca acepté la mentira como una respuesta o un argumento. Comencé a luchar contra las falsas promesas, corrí tras sueños rotos con el deseo de arreglarlos. Jamás dejé que las cosas se acabaran por una simple pelea. Respiré para sentir, para comprender que la vida vale la pena, que soy libre…
No, sé que no soy perfecta y soy consciente de los defectos que tengo, pero a pesar de eso, pienso cumplir eso con lo que tanto sueño, aunque a muchos les parezca imposible o sin  sentido, pienso regalar felicidad.

jueves, 5 de abril de 2012

Dictado de latidos

¿Qué hacer cuando te faltan palabras para poder expresar lo que sientes? ¿Cuándo quieres demostrar tus sentimientos y te das cuenta de que no existen palabras adecuadas para ello?... Odio esa impotencia de no ser capaz de articular todo lo que hace latir tu corazón cuando le tienes al lado. Cuando sientes que el tiempo se detiene cuando le miras a los ojos, cuando no puedes dejar de sonreír, cuando el roce con su piel te hace estremecer, ¿qué hacer para expresarlo con palabras? ¿Cómo puedo decir lo feliz que me hace si todavía no se han inventado palabras para ello?
Me doy cuenta de que es en vano intentar clasificar lo que siento, darle una definición clara y describirlo con todo detalle. Es simplemente imposible… tan solo dejaré que hable mi corazón, que cada latido hable de lo mucho que le quiero, que me recuerde todo lo que pase a su lado y que sea capaz de crear un mundo aparte, un sitio donde podamos existir solos, sin interferencias, sin problemas, sin tiempo. Tan solo él y yo y ese instante pausado que nos ayude a buscar una definición perfecta para describirlo.


Pausa con duración indeterminada

Hagamos de cada momento una eternidad, de cada palabra una declaración, de cada sonrisa un motivo para vivir… dejemos de lado el pasado y no pensemos en el futuro. Disfrutemos de este instante pensando que nunca volverá a repetirse. Respiremos, pero no solo para vivir, sino para saber que algunos momentos son capaces de dejarnos sin aliento.

miércoles, 4 de abril de 2012

Palabras condicionadas

-Todas las despedidas son iguales...
-No lo son.
-Pero ¿qué más da quien te dice “adiós”? la palabra sigue siendo la misma
-Puede que sea la misma palabra, pero su efecto en nosotros es diferente. Algunos “adiós” o incluso los “hasta pronto” logran ralentizar el tiempo, algunas incluso pueden arrancar una parte de nosotros…
-¿Por eso dejas de sonreír por un tiempo cuándo te despides de él?
-Supongo que sí, no lo sé… tan solo siento que una parte de mí se marcha con él.
-No lo entiendo, ¿cómo puede pasar?
-Tan solo sé que necesito estar a su lado para sentirme completa.


domingo, 1 de abril de 2012

Y llegó la primavera

Las hojas caen, el viento sopla cada vez más fuerte y comenzamos a abrigarnos para no pasar tanto frío. Dejamos de sonreír y nos preocupamos cada vez más por escondernos del frío. Las lluvias se llevan las últimas hojas de los árboles, esas, que algún día fueron flores que tanto nos alegraban. Todo empieza a cambiar, parece que las cosas pierden su vitalidad y se quedan sin su esencia. Entonces llega el frío, lo hiela todo a su paso y ya no recordamos cómo eran esos tiempos en los que el sol aún brillaba en el cielo. El viento sopla cada vez más y las lluvias se sustituyen por nieve. Ya no es frecuente ver sonrisas en la cara de los desconocidos con los que te cruzas por la calle. Caminas y pierdes el rumbo mientras ves como los copos de nieve lo cubren todo a su paso. Te pierdes intentando recordar el pasado, la calidez de las cosas, pero es en vano. Todo ha cambiado.

 La fina capa de hielo empieza a hacerse más grande hasta cubrir todo lo que te daba vida, y poco a poco dejas de respirar. Te ahogas en la ausencia de esos rayos de sol que te sacaban la primera sonrisa de la mañana. Ahora, simplemente, no está. Pero, a medida que pasa el tiempo la calidez vuelve, el viento ya no sopla tan fuerte y comprendes que todo se arregla. Sale el sol de nuevo y comienza a descongelar tu mundo. Los pájaros vuelven a cantar mientras que todo vuelve a florecer de nuevo. El suave aroma de algo nuevo llena el aire. Las sonrisas empiezan a cubrir los rostros de la gente. Todo se activa de nuevo, cobra un nuevo sentido. Las cosas vuelven a ser cómo eran y la esperanza renace cuando, por fin, nos damos cuenta de que llegó la primavera.