¿Qué es lo que siento ahora? Es
como si una tonelada de culpa me atravesara las entrañas, pretendo encontrar
algo que ya hace mucho que se ha perdido, intento buscar algo suyo, algo que sé
que nunca lograré encontrar. Me tranquiliza pensar que hay algo que une, pero
la verdad es que se está convirtiendo en algo que nos está separando. ¿Por qué?
Porque yo lo quiero así y él me deja, porque no hace nada y yo me regocijo a
pesar de las lágrimas. En el fondo esto es lo que quiero, lo que anhelo… Una
completa libertad, una ilusión nueva, una cara perfecta y tan suya. Hazme libre
y permite que me vaya lejos sin echarte de menos, sin llorar, sin suplicar que
vuelvas porque esto es lo que querré, esto será lo que anhelaré cuando esté
lejos y me sacará una sonrisa al pensar que fuiste tú quién me tuvo alguna vez,
quién me ayudó a sonreír en los malos momentos aunque te haya tenido que pagar
con una moneda caducada… bueno mis lágrimas podrán pagar parte de la culpa
mientras tanto seguiré alejándome de ti a menos que hagas algo que me impida
avanzar. Haz algo, te lo ruego o sino déjame marchar, no te quedes en medio del
camino, quiero irme de aquí contigo o sin ti. Tú decides, solo tú. Y no, no me
preguntes qué es lo que quiero porque ahora mismo quiero saber qué es lo que
quieres tú, por una vez deseo saber lo que piensas lejos de las limitaciones,
lejos de aquello que está bien… una opinión sincera y feliz. Por dios, decide
algo.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
lunes, 29 de julio de 2013
martes, 16 de julio de 2013
Enganchados
Quiero esa dosis de droga directa
en vena. Quiero volver a sentirme viva, más de lo que estoy ahora. Estoy
deseando volver a verle. Duele admitirlo, pero le echo de menos. No sé, es algo
que incluso a mí me extraña, y es que después de tanto tiempo todavía siento
algo por él. Algo fuerte. Pero no, no es amor. Es el cariño conducido por los
senderos de los recuerdos. Simplemente es él.
lunes, 15 de julio de 2013
El lado bueno de la fatalidad
Hay cosas incomprensibles, cosas
que llegamos a entender cuando por fin la vida nos lleva a chocar contra ellas.
El miedo es una de ellas. El verdadero miedo no es aquel que sientes cuando
temes ir al dentista o realizar un viaje por tu propia cuenta. Hay un
sentimiento que va mucho más allá. Ese que nos hace plantearnos nuestra propia
respiración. Ese que nos obliga a comprobar la estabilidad del suelo que
tenemos bajo nuestros pies.
Ese miedo despierta cuando
empezamos a caminar cogidos de la mano. Cuando sentimos la necesidad de ver a
esa persona cada poco tiempo. Cuando pensamos en sus besos y todavía sentimos
las famosas mariposas en el estómago. Cuando pides en tus adentros que no le
pase nada. Cuando sonríes al darte cuenta de lo mucho que tienes. Cuando
admites la felicidad que te proporciona. Cuando por fin te sientes segura.
Cuando la estabilidad empieza a formar parte de tu vida.
No quiero que penséis que este
texto es una especie de fatalismo expresado de una forma poética. Nunca he
pretendido eso.
Pienso en esto porque en este
mundo donde predomina el azar y el caos es imposible que la estabilidad se
mantenga por mucho tiempo. Las cosas cambian continuamente y, por ello, cuando
pensamos que por fin estamos bien teniendo a alguien a nuestro lado, el miedo
suele despertarse.
No es malo temer perder a la
persona que amamos. El fatalismo del temor nos hace darnos cuenta de que las
cosas podrían cambiar en cualquier momento, que todo lo bueno puede llegar a su
fin o que nunca más nos volvamos a levantar. El miedo, en su justa medida, nos
proporciona algo único. El precio de la relación que tenemos se descubre en
cada segundo de duda, de planteamiento diferente, de sinceridad…
El miedo hace que veamos las
cosas con más claridad, de alguna forma limpia las lentes con las que miramos
al mundo recordándonos que hay cosas por las que vale la pena seguir luchando.
Un cuento sin final feliz
Los ruegos a la luna
Quiero pensar que él vendrá, pero
algo me lo impide. Las cosas me lo confirman. El sol ya no brilla como antes y
su nombre no resuena como un mero movimiento de hojas al caer. Me prometió
dejar de torturarse. Quiero sonreír al ver la luna llena…la única culpable de
su partida, la única que puede hacerle volver.
Situación desconocida
Hay demasiados tutoriales para
cualquier cosa que existe o está por inventar, pero ¿qué es lo que se supone
que debemos hacer cuándo notamos que la persona que tenemos cogida de la mano
se empieza a soltar lentamente? No puedes cogerla a la fuerza e impedir que se
siga alejando, eso tan solo servirá para asustarla, quitarle libertad
aumentando las ganas de huir. Por otra parte tampoco puedes abrir la mano
dejando escapar los dedos de la persona que tanto quieres…
¿Quién nos da una solución para
ello? Lo cierto es que parece que no hay nada que hacer. Tan solo seguir
demostrando que la quieres a pesar de verla cada vez más lejos de ti, a pesar
de que duela, a pesar de las lágrimas, a pesar de los recuerdos, a pesar de no
poder seguir respirando sin hacerlo de forma entrecortada.
Jugando a dibujar un sentimiento
En algún momento te das cuenta de que aquello que tenéis no te basta. Necesitas algo más. Le necesitas más cerca de ti. Y no te importa el dolor por el cual puedes volver a pasar, tampoco cuestionas los momentos en los que sabes que le echarás de menos hasta que te duermas a duras penas. Sabes perfectamente que le vas a seguir buscando entre tus sábanas esperando que algún día te lo encuentres allí, aunque solo sea durante un segundo…
Las mejores sensaciones vienen
sin avisar, cuando ves una película y de repente te preguntas cómo sería
tenerle allí, contigo. Te imaginas el paso de sus dedos por tu cabello mientas
le sientes tan sumamente cerca que un parte de ti se pregunta si esto es lo que
realmente te hace sentirte completa.
Podría hablar hasta quedarme sin
aliento, dibujar mis pensamientos hasta extenuarme, pero seguiría sin
pronunciar lo más importante. Podemos hablar de amor, pero solo una cosa podrá
hacerlo real. Hay que sentirlo.
Y la verdad es que me encantaría
poder explicar lo que significa para mí, lo mucho que le añoro cuando no está a
mi lado y lo feliz que me hace, pero nunca podré hacerlo del todo. Jamás podré
explicar cómo me siento cuando me dice que me quiere, cuando me abraza para poder sentirme más cerca, cuando siento
que mi corazón podría estallar de tantos sentimientos.
Es frustrante, pero hay que
intentar meter toda la avalancha de amor en un par de palabras esperando que
con ello baste para explicarle lo que significa para ti, que de alguna forma es
tu vida, que no te imaginas sin él, pero lo que es lo más importante, que le
amas más que a nada en esta vida.
Anclados a la realidad
¿Quién dijo que los cuentos
bonitos duraban para siempre? ¿Quién está completamente seguro de que las cosas
saldrán bien? ¿Quién puede decirme que me equivoco? ¿Quién me asegura que no
volveré a fallar?
Hay demasiados comienzos que
tienen un fin, hay cosas que es mejor no ver y palabras que preferimos no oír.
La realidad, por muy absurda que sea, es lo único que nos mantiene anclados a
algo sólido, algo que siempre estará allí a pesar de todo.
Ningún cuento de hadas es lo
suficientemente bueno como para hacernos creer que todo, absolutamente todo,
irá bien. Nada es tan fácil como aquello que nos pintan con las palabras que consiguen rimar
incluso las lágrimas. ¿Quieres preguntarme por qué escribo sobre esto? ¿Por qué
parece que la esperanza se haya evaporado con el paso del tiempo?
Hay una cosa que es segura, algo
que siempre podrá hacernos ver lo que nos rodea. Algo que tan solo tú eres
capaz de ver.
jueves, 4 de julio de 2013
Final nunca vivido
Quiero pensar que estoy haciendo
las cosas bien, pero hay algo que me hace dudar de ello. Sé que busco problemas
allá dónde voy y que siempre se me ocurre cubrir las cosas con silicona tapando
los desperfectos que me puedan echar atrás. ¿Quieres decir que esta soy yo?
Quizá lo sea, pero no quiero serlo, quiero ser como soy, diferente. ¿Por qué
escribo esto? Quizá necesite
desahogarme.
¿Puedes pensar en un final feliz?
Yo no, jamás he sido capaz de imaginar que las cosas acaben bien. No es
imposible pensar que… dime que me equivoco, muéstrame un camino, una senda que
debería seguir para llegar a mis puntos de referencia. Estoy perdida; demasiado
para mi gusto y ¿quién tiene la culpa? Yo. Por supuesto. Quizá sea para bien
aunque ahora lo dude mucho. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué no me preocupo
por los demás? ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué las cosas me salen así? ¿Por qué
no puedo ser feliz? Supongo que es imposible ¿quién sabe? Quizá tenga razón y
nunca llegue a ser feliz del todo.
Dime que me equivoco que las
cosas pueden ir bien aunque el resto cambie. Supón que… quiero volver.
miércoles, 3 de julio de 2013
Revolución sentimental
Quiero decirte todo lo que
pienso. Todo lo que alguna vez pasó por mis entrañas y no supe vocalizar. Sí,
hay cosas malas también. Siento que en cualquier momento estallaré en miles de
pedazos si no te lo cuento. Quiero gritarlo y reparar que lo comprendes. Estoy
deseando notar miles de emociones en tu rostro mientras te voy contando cada una
de las pequeñas cosas que me hicieron estremecer en el pasado. Supongo que
nadie puede aguantar tantas emociones sin perderse por el camino. Ahora me toca
a mí decir aquello que puede cambiar el rumbo de la cosas.
Puede que no lo sepas, pero
quiero que te revoluciones contra mí. Que me grites con rabia pidiendo que me
decida ya. Que no siga con esta tortura en la que no sabes si voy a dejarte o
no. Necesito sentir esas emociones en ti para ver que hay algo que todavía espera
que las cosas se arreglen.
Eleva la voz y ordéname de que me
decida ya. Siempre supe que no podría llevar una vida tranquila. Hay algo en mí
que pide emociones fuertes a gritos, que pide sentirme viva. Quizá me sienta
así a causa de todas las cosas que he vivido. No pienso buscar razones en el
pasado porque sé que muchas veces es mejor así. Ahora tan solo necesito que un
nuevo sentimiento me recuerde por qué estoy dónde estoy, por qué me mantengo en
pie, pero sobretodo por qué sigo respirando al inhalar tus besos.
Los oscuros ruegos del corazón
Seguíamos en aquel parque. El
silencio se hacía cada vez incómodo y yo no encontraba forma de explicar lo que
sentía. Me preguntó si le quería y, al igual que en los instantes anteriores,
me mantuve en silencio. No podía mirarle. Quería hacer algo, cambiar algo, pero
no sabía qué. De nuevo me pregunté por qué no me entendía, en ese momento tan
solo necesitaba una cosa, estaba deseando que me abrazara fuerte para sentirme
segura. ¿Segura de qué? me preguntarás. Pues deseaba sentirme a salvo de mis
dudas que iban confundiendo cada pensamiento relacionado con él impidiéndome,
de esa forma, contestarle a sus ruegos. Mientras las manecillas del reloj
seguían en movimiento yo permanecía en mis pensamientos.
No sabía qué contestarle. No
tenía claro aquello que experimentaba. Bajaba cada vez más mi mirada con el fin
de huir de su mirada penetrante. No era capaz de mirarle sin que una sombra de
dolor cruzara mi rostro. Quería acabar con eso. Las intensas ganas de marcharme
ocuparon cada rincón de mi cuerpo mientras tanto, él me seguía mirando de forma
persistente. ¿Le quería? Pues en ese momento no podía contestar a la pregunta.
Pensaba que era lo peor que me podía pasar, pero él logró reformular la
pregunta aun sabiendo que esta podría producirle más daño. Qué si le quería
menos que antes…
viernes, 7 de junio de 2013
Grajeo incomprensible
El viento mecía las hojas
mientras que el frío comenzaba a cobrar fuerza. De nuevo estaba sola en aquella
casita de la playa pero, por una noche, no le importaba. Se sirvió un vaso de
vino y se sentó frente a la televisión. Cogió el mando y pulso un botón al azar
mientras bostezaba. Ya nada le interesaba. Dejo de mirar las olas que rompían
contra las rocas que rodeaban su pequeña fortaleza. Las cosas habían cambiado.
Tras dar un sobro al vino, se
acomodó más en aquel viejo sillón esperando echar toda la tarde en el mismo. Un
ruido la sobresaltó cuando estaba adormilando. Se giró al escuchar un grajeo
inconsistente. Frente a las ventanas, que daban al mar, vio un enorme cuervo
negro que paseaba por los barrotes de su entrada.
La llave
¿Quieres cambiar el mundo?
Empieza por ti mismo. Haz aquello que creas necesario, pero sonríe, la
felicidad es aquello que tanto escasea en las pequeñas calles de esta pequeña
ciudad. Ríe con ganas mientras intentas memorizar las posiciones de las
estrellas, moja tu pelo con el rocío de las flores al amanecer y sonríe al
nuevo día. Todo lo que necesitas está en tus manos. El poder está dónde siempre
estuvo. Eres la llave que abre la puerta a lo desconocido, a aquello que muchos
anhelan. Sonríe cuando alguien te diga que no puedes conseguir tus objetivos
simplemente sigue avanzando hasta tu meta hasta poder demostrarle que siempre
fuiste capaz de hacerlo. Las cosas cambiarán cuando hagas algo, cuando
comiences por ti mismo para lograr el potencial necesario y transformar su
historia.
domingo, 19 de mayo de 2013
Hacia un lugar inmaculado
¿Quieres huir conmigo a un lugar
donde no haya nadie? Te aseguro que estaremos bien, tú y yo, mano con mano, las
lágrimas se secarán de nuestros rostros tan pronto como toquemos el sol.
¿Quieres decir que prefieres esto? Piénsatelo bien mientras yo suspiro
esperando que cambies de opinión. Quiero que estemos juntos, juntos de nuevo,
juntos como antes, juntos como siempre habíamos querido estar. No quiero
revolotear entre tus suspiros esperando cogerlos con mis gélidas manos, ya no
soy capaz de acunarte entre mis brazos sin estremecerme por el dolor que
sientes. Sé que es duro pero te pido por favor, ven conmigo a un lugar
completamente nuevo, uno que todavía no ha sentido huellas de gente que huye de
la soledad, uno que conserva la imborrable marca que trae la felicidad. viernes, 10 de mayo de 2013
Coraza en reparación
Sola. Fría. Indefensa. Es como si
me quitaran una coraza que llevaba desde hace bastante. La verdad es que creo
que todos tienen una que les protege contra la posibilidad de sufrir. Las hay
de diferentes tipos y tamaños. Unas protegen del dolor físico, otras evitan la
duda espiritual y otras son protecciones puramente mentales.
Es como si cada una de estas
tuviese la propiedad de aguantar el sufrimiento. Unas soportan más golpes
mientras que otras ceden enseguida ante las balas verbales de los demás. ¿De
qué depende?
La verdad es que creo que la
posibilidad de evitar el dolor no se encuentra en lo fuerte que pueda ser esa
coraza, sino en la habilidad de esquivar el ataque del contrincante. No sé,
quizá sean las dos cosas. Por ahora simplemente pienso que, de vez en cuando,
la gente llega a quitarse esa coraza, cuando hay demasiados agujeros que dejan
pasar las cuchilladas que lanzan los enemigos. Sobrepasar ese momento es
crucial para seguir respirando. Cada uno se la quita cuando recibe demasiado
daño, cuando no puede soportar más.
Al desprenderte de tu única
defensa te sientes pequeño, tan pequeño que podrías desaparecer entre dos gotas
de agua. Pero lo peor no es eso, la terrible sensación de soledad se encuentra
en un único pensamiento que te reconcome por dentro. Eres vulnerable. Demasiado
vulnerable. Y es entonces cuando te das cuenta de lo fuerte que eras antes, de
los golpes que aguantaste sin caerte y rezas para recuperar de nuevo esa coraza
que te ayuda a seguir avanzando.
Yo, de momento, solo espero que
la mía se repare pronto.
Algo por cambiar
No sé ni por
dónde empezar. La verdad es que las cosas no van cómo desearía que fueran. Algo
se desmorona. No sé. ¿Por qué siento que
la gente no se molesta en conocer quién soy, o mejor, quién podría llegar a
ser? Llevo demasiado tiempo sintiendo que no encajo en ninguna parte, que los
demás pasan de largo en vez de pararse a preguntar si podrían tener algo en
común conmigo. Y lo peor de todo es que estoy deseando cambiar las cosas, hacer
algo para que, al menos, una mísera cosa en este mundo mejore. Sí, puede que
solo sean sueños de una tonta que desea cambiar el futuro, pero aunque no fuera
así, esto no serviría de nada. ¿Acaso soy peor que la gran mayoría de la gente?
¿Acaso darme una oportunidad para ayudar a alguien es una completa pérdida de
tiempo?
domingo, 21 de abril de 2013
A un paso de algo desconocido
Ya no me importa… Y es que es
así, una vez que estás al pie del precipicio las cosas cambian, ya no te
importa volver a estarlo y menos dar un paso saltando al vacío. Sabes cómo se
siente uno estando en esa situación. El latido desbocado del corazón, las piernas
temblorosas y dolor que te tira hacia el suelo. Ahora sabes que ya no te
importa pasar por lo mismo, sentirte de la misma forma si ello te indica que
puedes superarlo, si hacer ese paso hacia la nada puede cambiar las cosas, si
puedes volver a sentirte feliz de nuevo.domingo, 31 de marzo de 2013
Recuerdos ahumados
El suave viento me azota las
mejillas. Las lágrimas se han vuelto a unir a la superficie salada del mar. Él
ya no está. Corrí para alcanzarle, pero sus pasos se perdieron entre las
tinieblas. Las huellas se esparcieron por toda la superficie de aquella oscura
tierra que desprendía el olor a humo. Algo se había quemado, algo había
desaparecido tragando su sombra.
sábado, 30 de marzo de 2013
Volver a empezar
Tengo que volver a empezar sin
ti, sin él, sin ellos. Deténme. Haz que reflexione antes de dar el primer paso.
Duele la distancia pero sigo andando, alejándome de ti. Duele, pero lo ignoro.
Susurro con los labios cortados por las afiladas palabras de desamor. Duele,
pero aprenderé a soportarlo. Me alejo despacio sabiendo que volvería de dónde
vengo solo para sonreírte una vez más, solo para volver a mirarte a los ojos y
decirte lo que no te supe decir.
domingo, 24 de marzo de 2013
El humo restante
Susurré que no quería perderle.
Me ignoro y se marchó de la mano de la otra. Caí y las lágrimas comenzaron a
resbalar por mis mejillas. Suspiré e inhale el viejo amor que ahora empezaba a
ahogarme. Me atraganté con los viejos recuerdos que salían por cada poro de mi
piel. Entonces sonreí al ver las cicatrices que me dejaba su marcha. Incluso
sin estar conmigo conseguía marcarme de una manera diferente al resto. Inhalé
el humo restante de sus cigarrillos levantándome del suelo, me limpié las manos
que estaban llenas da barro que dejaron sus huellas y empecé a alejarme de
aquella escena del crimen, una cuyo protagonista era mi corazón.martes, 19 de marzo de 2013
La tortura de la oscuridad
De nuevo el mismo sueño. ¿Qué
puede hacer para evitar esto? Cada mañana el mismo pensamiento despierta sus
remordimientos. ¿Por qué hay tantas clases de amor? ¿Por qué no puede olvidarse
de aquella pequeña parte de su ser que quiere a otra persona?
Las sensaciones todavía consiguen
levantar las viejas barreras de sus cementos morales. En el fondo ella sabe que
aquello no está bien, pero no puede evitarlo. La tentación es más grande que
las consecuencias que trae o, al menos, eso parece. Todavía recuerda el tacto
de sus labios al recorrer su piel y algo la obliga a agonizar por dentro. La
impotencia se adueña de sus manos que se cierran en puños intentando golpear
algo invisible, algo que tan solo está dentro suyo.
Las ganas de revelarse son cada
vez menos cuestionables y tan solo una parcela de su mente pide que se resista.
¿Cómo ha podido todo torcerse tanto? Caminar entre dos filos del cuchillo se
hace cada vez más complicado. Sabe que tiene que tomar una decisión, pero algo
se lo impide. El placer de dividir sus sentimientos entre dos personas es
demasiado apetecible como para desprenderse de este.
El sabor de lo prohibido, la
tentación de aquello que está rechazado por su moral. La sensación es demasiado
extraña como para describirla con toda la exactitud de detalles. Amarle es como
intentar tocar el fuego sin quemarse. Sabe que es imposible conseguirlo, pero
el calor que desprende le hace quedarse cerca para volver a intentarlo.
lunes, 18 de marzo de 2013
Cuando el reloj marca un "hasta luego"
La puerta se abrió y saliste de puntillas. No te volví a
ver. Las horas dejaron de pasar mientras seguía frente a la ventana intentando
descifrar la dirección de tus huellas. No estaba lista para verte marchar.
Todavía esperaba poder volverte a besar.
Tan solo quiero ser otra más. No
sobresalir de la multitud y sonreír cuando toca. Quiero ser algo que deseas y
nunca llegas a conseguir. Quiero abrazar. Júzgame si quieres, pero nunca
conseguirás que cambie lo que pienso de ti. Eres malo. Me hiciste perder los
mejores años de mi vida que se marcharon con el humo de tus cigarrillos. A
pesar de todo te echo de menos, demasiado diría ya que cada cicatriz que me
dejaste sigue escupiendo recuerdos con el más mínimo roce, mientras tanto, yo
sigo aquí alejada del mundo, a la deriva de unos sentimientos que nunca supiste
entender.
domingo, 17 de marzo de 2013
Cuando los miedos empiezan a hablar
Lo peor de un enfrentamiento es
mostrar tu debilidad. Cuando las cosas se ponen tensas una sensación
desagradable te recorre el cuerpo. Sientes que debes resistir a la enorme
oleada que intenta quitarte el aliento, pero no siempre logras conseguirlo. Estando
de pie, las piernas empiezan a temblar y el miedo sale de su escondite, algo de
dentro te pide que huyas, que evites cualquier enfrentamiento, pero algo te lo
impide. Los pasos están cortados, no tienes más remedio que enfrentarte al
obstáculo. Sabes que tienes la fuerza suficiente para poder con él, pero con el
tiempo hay algo que te hace perder la esperanza. La inseguridad se alimenta de
tus pequeñas dudas mientras sientes como un nudo sube por la garganta y el
insoportable ardor indica que estás a punto de rendirte.
No, no quieres eso. Has de seguir
resistiendo. No puede ganarte, no después de todas las batallas que guardaste
de pie. Cuando sientes que las lágrimas están a punto de perderse creando
surcos por tus mejillas, retrocedes. En poco tiempo te das cuenta de que las
cosas no pueden acabar así, entonces coges impulso y das un paso adelante hacia
el obstáculo. Sabes que no puede contigo, no después de todo lo que viviste.
Cuando todo termina, las lágrimas empiezan a correr por tu rostro, pero ya no
importa. Lograste superar el reto. Ahora la calma ha vuelto y tú te has vuelto
a demostrar que puedes aguantar lo que te propongan, tienes muy claro que las
opiniones ajenas no te harán desfallecer. Las mejores cosas son las que sienten
a flor de piel.
miércoles, 23 de enero de 2013
Supón...
Supón que eres yo. Imagina que
estás cubierto de dolor. Respira y siente como cada movimiento te desgarra por
dentro. Siente como las sólidas cadenas imposibilitan tu huida. Desea alejarte
y quédate donde estás. Pierde la esperanza y deja de luchar. Suspira y admite
que no vale la pena llorar. Deja de esforzarte. Entiéndeme.
lunes, 21 de enero de 2013
El suspiro perdido
Quiero huir. Las garras del
prejuicio me oprimen el pecho. El extraño dolor hace que eche de menos las
viejas cicatrices. Vendí mi alma a causa de una corazonada. Quería ser libre,
pero acabé perdiendo las alas. No quise escuchar a los demás y me aleje del
suave murmullo de mi consciencia. Lo quería conocer. Quizá el error esté en
reconocer que elegí un mal camino, un camino que me llevó a la senda de la
destrucción.
Algo por susurrar.
Me sonrió. Me sentí indefensa.
Quería huir de aquel lugar, pero algo me pedía quedarme. Sonreí. Sí, aquello
era lo que quería. Estar entre sus brazos me reconfortaba. Todavía no lo
entendía, pero quería ser más. Sí, solo yo lo entendía y bueno, quizá él.
Amanecía. El dolor desapareció sin dejar rastro mientras contábamos las pocas
estrellas que todavía quedaban en el firmamento. Me abrazó más fuerte y
entonces lo noté. No quería soltarme, pero yo tampoco quería ser libre. Todo
iba bien. Quería continuar así, dejarnos a la deriva de aquello que sentíamos
sin preocuparnos por las opiniones ajenas.
domingo, 20 de enero de 2013
Las huellas de un ser especial
Cada uno intenta dejar una huella
en el mundo. Sin pensarlo, nos creemos más valiosos que otros por la simple
necesidad de seguir existiendo. Nunca nos lo preguntamos, pero si no llegásemos
a pensarlo no encontraríamos razones para vivir. ¿Para qué respirar si no
puedes marcar una diferencia? ¿Será cierto que todos tienen una misión?
¿Podemos cambiar el mundo con una sola voluntad traducida a la acción?
Quizá nunca descubramos la
respuesta, pero lo cierto es que siempre, aunque nunca lo mostremos, habrá algo
que nos asegure por dentro que somos únicos, que tenemos un dos especial y que
podemos hacer algo para cambiar las cosas. Puede que no lleguemos a actuar,
pero el simple hecho de pensarlo nos hace seguir adelante, seguir con las ganas
de conseguir algo, pero y lo que es lo más importante, seguir respirando
libremente.
No dejas de vivir porque sabes
que hay un potencial dentro de ti que puede suponer un cambio, un desvío o,
simplemente, una precaución. Cada uno es consciente del poder que tiene, aunque
a veces pase desapercibido. Nunca sabremos si cada uno es especial por un
motivo concreto o si es el pensamiento sobre ser especial es lo que nos hace
avanzar, en cualquier caso pienso hacer algo, actuar y cambiar las cosas,
aunque tan solo sea una mera actuación por parte un pensamiento basado en el
frío constructo de no extinción.
Mi elemento
En algún momento sientes que no
puedes seguir así… por muy poco tiempo que tengas siempre buscarás un par de
minutos para esto. Es difícil de describir aquello que no sabes qué es. Quizá
deba rendirme a mis deseos sin importar lo que pueda suceder. No se puede
explicar y puede que en ello se encuentre parte de la magia. Creo que no podría
vivir sin esto.
Dicen que cada persona tiene su
elemento, algo que le hace sentirse bien, algo que la hace feliz. Para mí es
esto. He comprobado que no puedo existir sin una libreta y un papel. Me
encantaría explicar esa sensación que habita en mí cada vez que decido escribir
algo. Nunca te paras a pensarlo, pero el proceso por el cual todas las sonrisas
y todas las lágrimas pasan a ser palabras es fascinante. Las emociones se
intensifican al máximo mientras sientes que esto es lo que estabas buscando.
Mis alas son estas. Esto es lo que me hace respirar con más libertad.
Soy consciente de que la mayoría
de mis escritos no serán vistos por nadie, pero no busco eso. De alguna forma,
tan solo necesito traducir todas aquellas miradas, gestos y suspiros que me
marcaron. No puedo evitar emocionarme y es que para mí esto es un mundo, un
mundo sin el que no podría vivir, un mundo que me limpia el aire que respiro
haciéndolo más puro. Escribir es como un filtro que se queda con aquello
realmente importante.
La vestidura ajena
Y otra vez el papel se convierte
en la única cosa que confío. Parece que nunca podré escuchar a alguien sin
probarme sus emociones… muchos dicen que es bueno y tan solo algunos se dan
cuenta de la enorme carga que aquello supone. Las palabras se van, la gente se
marcha, pero tú… tú te quedas pensando en lo que acabas de sentir. No, esas
emociones no son tuyas, pero algo te hace creer que si, sucede cuando empiezas a
relacionarlas con las cosas que has vivido, los recuerdos se enlazan con los
sentimientos ajenos mientras te derrumbas ante el dolor. Nunca sabrás
explicarlo, pero el dolor siempre se siente con más intensidad. Cada segundo se
convierte en una tortura, quizá la causa se halle en el tiempo.
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