Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 29 de julio de 2013

Ruegos desesperados

¿Qué es lo que siento ahora? Es como si una tonelada de culpa me atravesara las entrañas, pretendo encontrar algo que ya hace mucho que se ha perdido, intento buscar algo suyo, algo que sé que nunca lograré encontrar. Me tranquiliza pensar que hay algo que une, pero la verdad es que se está convirtiendo en algo que nos está separando. ¿Por qué? Porque yo lo quiero así y él me deja, porque no hace nada y yo me regocijo a pesar de las lágrimas. En el fondo esto es lo que quiero, lo que anhelo… Una completa libertad, una ilusión nueva, una cara perfecta y tan suya. Hazme libre y permite que me vaya lejos sin echarte de menos, sin llorar, sin suplicar que vuelvas porque esto es lo que querré, esto será lo que anhelaré cuando esté lejos y me sacará una sonrisa al pensar que fuiste tú quién me tuvo alguna vez, quién me ayudó a sonreír en los malos momentos aunque te haya tenido que pagar con una moneda caducada… bueno mis lágrimas podrán pagar parte de la culpa mientras tanto seguiré alejándome de ti a menos que hagas algo que me impida avanzar. Haz algo, te lo ruego o sino déjame marchar, no te quedes en medio del camino, quiero irme de aquí contigo o sin ti. Tú decides, solo tú. Y no, no me preguntes qué es lo que quiero porque ahora mismo quiero saber qué es lo que quieres tú, por una vez deseo saber lo que piensas lejos de las limitaciones, lejos de aquello que está bien… una opinión sincera y feliz. Por dios, decide algo.

martes, 16 de julio de 2013

Enganchados


Estamos enganchados. Enganchados el uno al otro y enganchados a la libertad, al orgullo y a la mentira. Por mucho tiempo que pase seguimos conectados. Alguno de los dos siempre vuelve. Lo irónico es que siento que ahora, cuando más necesito que él lo haga, me toca a mí dar el primer paso.

Quiero esa dosis de droga directa en vena. Quiero volver a sentirme viva, más de lo que estoy ahora. Estoy deseando volver a verle. Duele admitirlo, pero le echo de menos. No sé, es algo que incluso a mí me extraña, y es que después de tanto tiempo todavía siento algo por él. Algo fuerte. Pero no, no es amor. Es el cariño conducido por los senderos de los recuerdos. Simplemente es él.

lunes, 15 de julio de 2013

El lado bueno de la fatalidad

Hay cosas incomprensibles, cosas que llegamos a entender cuando por fin la vida nos lleva a chocar contra ellas. El miedo es una de ellas. El verdadero miedo no es aquel que sientes cuando temes ir al dentista o realizar un viaje por tu propia cuenta. Hay un sentimiento que va mucho más allá. Ese que nos hace plantearnos nuestra propia respiración. Ese que nos obliga a comprobar la estabilidad del suelo que tenemos bajo nuestros pies.
Ese miedo despierta cuando empezamos a caminar cogidos de la mano. Cuando sentimos la necesidad de ver a esa persona cada poco tiempo. Cuando pensamos en sus besos y todavía sentimos las famosas mariposas en el estómago. Cuando pides en tus adentros que no le pase nada. Cuando sonríes al darte cuenta de lo mucho que tienes. Cuando admites la felicidad que te proporciona. Cuando por fin te sientes segura. Cuando la estabilidad empieza a formar parte de tu vida.
No quiero que penséis que este texto es una especie de fatalismo expresado de una forma poética. Nunca he pretendido eso.
Pienso en esto porque en este mundo donde predomina el azar y el caos es imposible que la estabilidad se mantenga por mucho tiempo. Las cosas cambian continuamente y, por ello, cuando pensamos que por fin estamos bien teniendo a alguien a nuestro lado, el miedo suele despertarse.
No es malo temer perder a la persona que amamos. El fatalismo del temor nos hace darnos cuenta de que las cosas podrían cambiar en cualquier momento, que todo lo bueno puede llegar a su fin o que nunca más nos volvamos a levantar. El miedo, en su justa medida, nos proporciona algo único. El precio de la relación que tenemos se descubre en cada segundo de duda, de planteamiento diferente, de sinceridad…

El miedo hace que veamos las cosas con más claridad, de alguna forma limpia las lentes con las que miramos al mundo recordándonos que hay cosas por las que vale la pena seguir luchando.

Un cuento sin final feliz





Quiero contarte un cuento, uno que no acaba bien, uno que puede alejarte de la ligereza de una brisa primaveral, uno que puede hacerte replantear tus decisiones y, quizá, tus latidos. ¿Quieres oír algo que puede cambiar tu mundo? ¿Estás listo de desprenderte de las cálidas sensaciones que despiertan tu interés? ¿Podrías alejarte de aquello que conoces para adentrarte en las entrañas de aquello que temes?

Los ruegos a la luna

Quiero pensar que él vendrá, pero algo me lo impide. Las cosas me lo confirman. El sol ya no brilla como antes y su nombre no resuena como un mero movimiento de hojas al caer. Me prometió dejar de torturarse. Quiero sonreír al ver la luna llena…la única culpable de su partida, la única que puede hacerle volver.

Situación desconocida

Hay demasiados tutoriales para cualquier cosa que existe o está por inventar, pero ¿qué es lo que se supone que debemos hacer cuándo notamos que la persona que tenemos cogida de la mano se empieza a soltar lentamente? No puedes cogerla a la fuerza e impedir que se siga alejando, eso tan solo servirá para asustarla, quitarle libertad aumentando las ganas de huir. Por otra parte tampoco puedes abrir la mano dejando escapar los dedos de la persona que tanto quieres…

¿Quién nos da una solución para ello? Lo cierto es que parece que no hay nada que hacer. Tan solo seguir demostrando que la quieres a pesar de verla cada vez más lejos de ti, a pesar de que duela, a pesar de las lágrimas, a pesar de los recuerdos, a pesar de no poder seguir respirando sin hacerlo de forma entrecortada.

Jugando a dibujar un sentimiento



En algún momento te das cuenta de que aquello que tenéis no te basta. Necesitas algo más. Le necesitas más cerca de ti. Y no te importa el dolor por el cual puedes volver a pasar, tampoco cuestionas los momentos en los que sabes que le echarás de menos hasta que te duermas a duras penas. Sabes perfectamente que le vas a seguir buscando entre tus sábanas esperando que algún día te lo encuentres allí, aunque solo sea durante un segundo…
Las mejores sensaciones vienen sin avisar, cuando ves una película y de repente te preguntas cómo sería tenerle allí, contigo. Te imaginas el paso de sus dedos por tu cabello mientas le sientes tan sumamente cerca que un parte de ti se pregunta si esto es lo que realmente te hace sentirte completa.
Podría hablar hasta quedarme sin aliento, dibujar mis pensamientos hasta extenuarme, pero seguiría sin pronunciar lo más importante. Podemos hablar de amor, pero solo una cosa podrá hacerlo real. Hay que sentirlo.
Y la verdad es que me encantaría poder explicar lo que significa para mí, lo mucho que le añoro cuando no está a mi lado y lo feliz que me hace, pero nunca podré hacerlo del todo. Jamás podré explicar cómo me siento cuando me dice que me quiere, cuando me abraza  para poder sentirme más cerca, cuando siento que mi corazón podría estallar de tantos sentimientos.

Es frustrante, pero hay que intentar meter toda la avalancha de amor en un par de palabras esperando que con ello baste para explicarle lo que significa para ti, que de alguna forma es tu vida, que no te imaginas sin él, pero lo que es lo más importante, que le amas más que a nada en esta vida.

Anclados a la realidad

¿Quién dijo que los cuentos bonitos duraban para siempre? ¿Quién está completamente seguro de que las cosas saldrán bien? ¿Quién puede decirme que me equivoco? ¿Quién me asegura que no volveré a fallar?
Hay demasiados comienzos que tienen un fin, hay cosas que es mejor no ver y palabras que preferimos no oír. La realidad, por muy absurda que sea, es lo único que nos mantiene anclados a algo sólido, algo que siempre estará allí a pesar de todo.
Ningún cuento de hadas es lo suficientemente bueno como para hacernos creer que todo, absolutamente todo, irá bien. Nada es tan fácil como aquello que nos  pintan con las palabras que consiguen rimar incluso las lágrimas. ¿Quieres preguntarme por qué escribo sobre esto? ¿Por qué parece que la esperanza se haya evaporado con el paso del tiempo?

Hay una cosa que es segura, algo que siempre podrá hacernos ver lo que nos rodea. Algo que tan solo tú eres capaz de ver.

jueves, 4 de julio de 2013

Final nunca vivido

Quiero pensar que estoy haciendo las cosas bien, pero hay algo que me hace dudar de ello. Sé que busco problemas allá dónde voy y que siempre se me ocurre cubrir las cosas con silicona tapando los desperfectos que me puedan echar atrás. ¿Quieres decir que esta soy yo? Quizá lo sea, pero no quiero serlo, quiero ser como soy, diferente. ¿Por qué escribo esto? Quizá  necesite desahogarme.
¿Puedes pensar en un final feliz? Yo no, jamás he sido capaz de imaginar que las cosas acaben bien. No es imposible pensar que… dime que me equivoco, muéstrame un camino, una senda que debería seguir para llegar a mis puntos de referencia. Estoy perdida; demasiado para mi gusto y ¿quién tiene la culpa? Yo. Por supuesto. Quizá sea para bien aunque ahora lo dude mucho. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué no me preocupo por los demás? ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué las cosas me salen así? ¿Por qué no puedo ser feliz? Supongo que es imposible ¿quién sabe? Quizá tenga razón y nunca llegue a ser feliz del todo.

Dime que me equivoco que las cosas pueden ir bien aunque el resto cambie. Supón que… quiero volver. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Revolución sentimental

Quiero decirte todo lo que pienso. Todo lo que alguna vez pasó por mis entrañas y no supe vocalizar. Sí, hay cosas malas también. Siento que en cualquier momento estallaré en miles de pedazos si no te lo cuento. Quiero gritarlo y reparar que lo comprendes. Estoy deseando notar miles de emociones en tu rostro mientras te voy contando cada una de las pequeñas cosas que me hicieron estremecer en el pasado. Supongo que nadie puede aguantar tantas emociones sin perderse por el camino. Ahora me toca a mí decir aquello que puede cambiar el rumbo de la cosas.
Puede que no lo sepas, pero quiero que te revoluciones contra mí. Que me grites con rabia pidiendo que me decida ya. Que no siga con esta tortura en la que no sabes si voy a dejarte o no. Necesito sentir esas emociones en ti para ver que hay algo que todavía espera que las cosas se arreglen.

Eleva la voz y ordéname de que me decida ya. Siempre supe que no podría llevar una vida tranquila. Hay algo en mí que pide emociones fuertes a gritos, que pide sentirme viva. Quizá me sienta así a causa de todas las cosas que he vivido. No pienso buscar razones en el pasado porque sé que muchas veces es mejor así. Ahora tan solo necesito que un nuevo sentimiento me recuerde por qué estoy dónde estoy, por qué me mantengo en pie, pero sobretodo por qué sigo respirando al inhalar tus besos.

Los oscuros ruegos del corazón

Seguíamos en aquel parque. El silencio se hacía cada vez incómodo y yo no encontraba forma de explicar lo que sentía. Me preguntó si le quería y, al igual que en los instantes anteriores, me mantuve en silencio. No podía mirarle. Quería hacer algo, cambiar algo, pero no sabía qué. De nuevo me pregunté por qué no me entendía, en ese momento tan solo necesitaba una cosa, estaba deseando que me abrazara fuerte para sentirme segura. ¿Segura de qué? me preguntarás. Pues deseaba sentirme a salvo de mis dudas que iban confundiendo cada pensamiento relacionado con él impidiéndome, de esa forma, contestarle a sus ruegos. Mientras las manecillas del reloj seguían en movimiento yo permanecía en mis pensamientos.

No sabía qué contestarle. No tenía claro aquello que experimentaba. Bajaba cada vez más mi mirada con el fin de huir de su mirada penetrante. No era capaz de mirarle sin que una sombra de dolor cruzara mi rostro. Quería acabar con eso. Las intensas ganas de marcharme ocuparon cada rincón de mi cuerpo mientras tanto, él me seguía mirando de forma persistente. ¿Le quería? Pues en ese momento no podía contestar a la pregunta. Pensaba que era lo peor que me podía pasar, pero él logró reformular la pregunta aun sabiendo que esta podría producirle más daño. Qué si le quería menos que antes…

viernes, 7 de junio de 2013

Grajeo incomprensible

El viento mecía las hojas mientras que el frío comenzaba a cobrar fuerza. De nuevo estaba sola en aquella casita de la playa pero, por una noche, no le importaba. Se sirvió un vaso de vino y se sentó frente a la televisión. Cogió el mando y pulso un botón al azar mientras bostezaba. Ya nada le interesaba. Dejo de mirar las olas que rompían contra las rocas que rodeaban su pequeña fortaleza. Las cosas habían cambiado.


Tras dar un sobro al vino, se acomodó más en aquel viejo sillón esperando echar toda la tarde en el mismo. Un ruido la sobresaltó cuando estaba adormilando. Se giró al escuchar un grajeo inconsistente. Frente a las ventanas, que daban al mar, vio un enorme cuervo negro que paseaba por los barrotes de su entrada. 

La llave

¿Quieres cambiar el mundo? Empieza por ti mismo. Haz aquello que creas necesario, pero sonríe, la felicidad es aquello que tanto escasea en las pequeñas calles de esta pequeña ciudad. Ríe con ganas mientras intentas memorizar las posiciones de las estrellas, moja tu pelo con el rocío de las flores al amanecer y sonríe al nuevo día. Todo lo que necesitas está en tus manos. El poder está dónde siempre estuvo. Eres la llave que abre la puerta a lo desconocido, a aquello que muchos anhelan. Sonríe cuando alguien te diga que no puedes conseguir tus objetivos simplemente sigue avanzando hasta tu meta hasta poder demostrarle que siempre fuiste capaz de hacerlo. Las cosas cambiarán cuando hagas algo, cuando comiences por ti mismo para lograr el potencial necesario y transformar su historia.

domingo, 19 de mayo de 2013

Hacia un lugar inmaculado


¿Quieres huir conmigo a un lugar donde no haya nadie? Te aseguro que estaremos bien, tú y yo, mano con mano, las lágrimas se secarán de nuestros rostros tan pronto como toquemos el sol. ¿Quieres decir que prefieres esto? Piénsatelo bien mientras yo suspiro esperando que cambies de opinión. Quiero que estemos juntos, juntos de nuevo, juntos como antes, juntos como siempre habíamos querido estar. No quiero revolotear entre tus suspiros esperando cogerlos con mis gélidas manos, ya no soy capaz de acunarte entre mis brazos sin estremecerme por el dolor que sientes. Sé que es duro pero te pido por favor, ven conmigo a un lugar completamente nuevo, uno que todavía no ha sentido huellas de gente que huye de la soledad, uno que conserva la imborrable marca que trae la felicidad. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Coraza en reparación


Sola. Fría. Indefensa. Es como si me quitaran una coraza que llevaba desde hace bastante. La verdad es que creo que todos tienen una que les protege contra la posibilidad de sufrir. Las hay de diferentes tipos y tamaños. Unas protegen del dolor físico, otras evitan la duda espiritual y otras son protecciones puramente mentales.
Es como si cada una de estas tuviese la propiedad de aguantar el sufrimiento. Unas soportan más golpes mientras que otras ceden enseguida ante las balas verbales de los demás. ¿De qué depende?
La verdad es que creo que la posibilidad de evitar el dolor no se encuentra en lo fuerte que pueda ser esa coraza, sino en la habilidad de esquivar el ataque del contrincante. No sé, quizá sean las dos cosas. Por ahora simplemente pienso que, de vez en cuando, la gente llega a quitarse esa coraza, cuando hay demasiados agujeros que dejan pasar las cuchilladas que lanzan los enemigos. Sobrepasar ese momento es crucial para seguir respirando. Cada uno se la quita cuando recibe demasiado daño, cuando no puede soportar más.

Al desprenderte de tu única defensa te sientes pequeño, tan pequeño que podrías desaparecer entre dos gotas de agua. Pero lo peor no es eso, la terrible sensación de soledad se encuentra en un único pensamiento que te reconcome por dentro. Eres vulnerable. Demasiado vulnerable. Y es entonces cuando te das cuenta de lo fuerte que eras antes, de los golpes que aguantaste sin caerte y rezas para recuperar de nuevo esa coraza que te ayuda a seguir avanzando.
Yo, de momento, solo espero que la mía se repare pronto.

Algo por cambiar


No sé ni por dónde empezar. La verdad es que las cosas no van cómo desearía que fueran. Algo se desmorona. No sé.  ¿Por qué siento que la gente no se molesta en conocer quién soy, o mejor, quién podría llegar a ser? Llevo demasiado tiempo sintiendo que no encajo en ninguna parte, que los demás pasan de largo en vez de pararse a preguntar si podrían tener algo en común conmigo. Y lo peor de todo es que estoy deseando cambiar las cosas, hacer algo para que, al menos, una mísera cosa en este mundo mejore. Sí, puede que solo sean sueños de una tonta que desea cambiar el futuro, pero aunque no fuera así, esto no serviría de nada. ¿Acaso soy peor que la gran mayoría de la gente? ¿Acaso darme una oportunidad para ayudar a alguien es una completa pérdida de tiempo?

domingo, 21 de abril de 2013

A un paso de algo desconocido


Ya no me importa… Y es que es así, una vez que estás al pie del precipicio las cosas cambian, ya no te importa volver a estarlo y menos dar un paso saltando al vacío. Sabes cómo se siente uno estando en esa situación. El latido desbocado del corazón, las piernas temblorosas y dolor que te tira hacia el suelo. Ahora sabes que ya no te importa pasar por lo mismo, sentirte de la misma forma si ello te indica que puedes superarlo, si hacer ese paso hacia la nada puede cambiar las cosas, si puedes volver a sentirte feliz de nuevo.

domingo, 31 de marzo de 2013

Recuerdos ahumados


El suave viento me azota las mejillas. Las lágrimas se han vuelto a unir a la superficie salada del mar. Él ya no está. Corrí para alcanzarle, pero sus pasos se perdieron entre las tinieblas. Las huellas se esparcieron por toda la superficie de aquella oscura tierra que desprendía el olor a humo. Algo se había quemado, algo había desaparecido tragando su sombra.


sábado, 30 de marzo de 2013

Volver a empezar



Tengo que volver a empezar sin ti, sin él, sin ellos. Deténme. Haz que reflexione antes de dar el primer paso. Duele la distancia pero sigo andando, alejándome de ti. Duele, pero lo ignoro. Susurro con los labios cortados por las afiladas palabras de desamor. Duele, pero aprenderé a soportarlo. Me alejo despacio sabiendo que volvería de dónde vengo solo para sonreírte una vez más, solo para volver a mirarte a los ojos y decirte lo que no te supe decir. 

Algo por buscar

Quizá la ignorancia sea realmente lo mejor que podemos llegar a conocer.

domingo, 24 de marzo de 2013

El humo restante


Susurré que no quería perderle. Me ignoro y se marchó de la mano de la otra. Caí y las lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas. Suspiré e inhale el viejo amor que ahora empezaba a ahogarme. Me atraganté con los viejos recuerdos que salían por cada poro de mi piel. Entonces sonreí al ver las cicatrices que me dejaba su marcha. Incluso sin estar conmigo conseguía marcarme de una manera diferente al resto. Inhalé el humo restante de sus cigarrillos levantándome del suelo, me limpié las manos que estaban llenas da barro que dejaron sus huellas y empecé a alejarme de aquella escena del crimen, una cuyo protagonista era mi corazón.

martes, 19 de marzo de 2013

La tortura de la oscuridad


De nuevo el mismo sueño. ¿Qué puede hacer para evitar esto? Cada mañana el mismo pensamiento despierta sus remordimientos. ¿Por qué hay tantas clases de amor? ¿Por qué no puede olvidarse de aquella pequeña parte de su ser que quiere a otra persona?

Las sensaciones todavía consiguen levantar las viejas barreras de sus cementos morales. En el fondo ella sabe que aquello no está bien, pero no puede evitarlo. La tentación es más grande que las consecuencias que trae o, al menos, eso parece. Todavía recuerda el tacto de sus labios al recorrer su piel y algo la obliga a agonizar por dentro. La impotencia se adueña de sus manos que se cierran en puños intentando golpear algo invisible, algo que tan solo está dentro suyo.

Las ganas de revelarse son cada vez menos cuestionables y tan solo una parcela de su mente pide que se resista. ¿Cómo ha podido todo torcerse tanto? Caminar entre dos filos del cuchillo se hace cada vez más complicado. Sabe que tiene que tomar una decisión, pero algo se lo impide. El placer de dividir sus sentimientos entre dos personas es demasiado apetecible como para desprenderse de este.

El sabor de lo prohibido, la tentación de aquello que está rechazado por su moral. La sensación es demasiado extraña como para describirla con toda la exactitud de detalles. Amarle es como intentar tocar el fuego sin quemarse. Sabe que es imposible conseguirlo, pero el calor que desprende le hace quedarse cerca para volver a intentarlo. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Cuando el reloj marca un "hasta luego"


La puerta se abrió y saliste de puntillas. No te volví a ver. Las horas dejaron de pasar mientras seguía frente a la ventana intentando descifrar la dirección de tus huellas. No estaba lista para verte marchar. Todavía esperaba poder volverte a besar.

Tan solo quiero ser otra más. No sobresalir de la multitud y sonreír cuando toca. Quiero ser algo que deseas y nunca llegas a conseguir. Quiero abrazar. Júzgame si quieres, pero nunca conseguirás que cambie lo que pienso de ti. Eres malo. Me hiciste perder los mejores años de mi vida que se marcharon con el humo de tus cigarrillos. A pesar de todo te echo de menos, demasiado diría ya que cada cicatriz que me dejaste sigue escupiendo recuerdos con el más mínimo roce, mientras tanto, yo sigo aquí alejada del mundo, a la deriva de unos sentimientos que nunca supiste entender.

domingo, 17 de marzo de 2013

Cuando los miedos empiezan a hablar


Lo peor de un enfrentamiento es mostrar tu debilidad. Cuando las cosas se ponen tensas una sensación desagradable te recorre el cuerpo. Sientes que debes resistir a la enorme oleada que intenta quitarte el aliento, pero no siempre logras conseguirlo. Estando de pie, las piernas empiezan a temblar y el miedo sale de su escondite, algo de dentro te pide que huyas, que evites cualquier enfrentamiento, pero algo te lo impide. Los pasos están cortados, no tienes más remedio que enfrentarte al obstáculo. Sabes que tienes la fuerza suficiente para poder con él, pero con el tiempo hay algo que te hace perder la esperanza. La inseguridad se alimenta de tus pequeñas dudas mientras sientes como un nudo sube por la garganta y el insoportable ardor indica que estás a punto de rendirte.

No, no quieres eso. Has de seguir resistiendo. No puede ganarte, no después de todas las batallas que guardaste de pie. Cuando sientes que las lágrimas están a punto de perderse creando surcos por tus mejillas, retrocedes. En poco tiempo te das cuenta de que las cosas no pueden acabar así, entonces coges impulso y das un paso adelante hacia el obstáculo. Sabes que no puede contigo, no después de todo lo que viviste. Cuando todo termina, las lágrimas empiezan a correr por tu rostro, pero ya no importa. Lograste superar el reto. Ahora la calma ha vuelto y tú te has vuelto a demostrar que puedes aguantar lo que te propongan, tienes muy claro que las opiniones ajenas no te harán desfallecer. Las mejores cosas son las que sienten a flor de piel.

miércoles, 23 de enero de 2013

Supón...






Supón que eres yo. Imagina que estás cubierto de dolor. Respira y siente como cada movimiento te desgarra por dentro. Siente como las sólidas cadenas imposibilitan tu huida. Desea alejarte y quédate donde estás. Pierde la esperanza y deja de luchar. Suspira y admite que no vale la pena llorar. Deja de esforzarte. Entiéndeme. 

lunes, 21 de enero de 2013

El suspiro perdido


Quiero huir. Las garras del prejuicio me oprimen el pecho. El extraño dolor hace que eche de menos las viejas cicatrices. Vendí mi alma a causa de una corazonada. Quería ser libre, pero acabé perdiendo las alas. No quise escuchar a los demás y me aleje del suave murmullo de mi consciencia. Lo quería conocer. Quizá el error esté en reconocer que elegí un mal camino, un camino que me llevó a la senda de la destrucción.

Algo por susurrar.

Me sonrió. Me sentí indefensa. Quería huir de aquel lugar, pero algo me pedía quedarme. Sonreí. Sí, aquello era lo que quería. Estar entre sus brazos me reconfortaba. Todavía no lo entendía, pero quería ser más. Sí, solo yo lo entendía y bueno, quizá él. Amanecía. El dolor desapareció sin dejar rastro mientras contábamos las pocas estrellas que todavía quedaban en el firmamento. Me abrazó más fuerte y entonces lo noté. No quería soltarme, pero yo tampoco quería ser libre. Todo iba bien. Quería continuar así, dejarnos a la deriva de aquello que sentíamos sin preocuparnos por las opiniones ajenas. 

domingo, 20 de enero de 2013

Las huellas de un ser especial


Cada uno intenta dejar una huella en el mundo. Sin pensarlo, nos creemos más valiosos que otros por la simple necesidad de seguir existiendo. Nunca nos lo preguntamos, pero si no llegásemos a pensarlo no encontraríamos razones para vivir. ¿Para qué respirar si no puedes marcar una diferencia? ¿Será cierto que todos tienen una misión? ¿Podemos cambiar el mundo con una sola voluntad traducida a la acción?
Quizá nunca descubramos la respuesta, pero lo cierto es que siempre, aunque nunca lo mostremos, habrá algo que nos asegure por dentro que somos únicos, que tenemos un dos especial y que podemos hacer algo para cambiar las cosas. Puede que no lleguemos a actuar, pero el simple hecho de pensarlo nos hace seguir adelante, seguir con las ganas de conseguir algo, pero y lo que es lo más importante, seguir respirando libremente.
No dejas de vivir porque sabes que hay un potencial dentro de ti que puede suponer un cambio, un desvío o, simplemente, una precaución. Cada uno es consciente del poder que tiene, aunque a veces pase desapercibido. Nunca sabremos si cada uno es especial por un motivo concreto o si es el pensamiento sobre ser especial es lo que nos hace avanzar, en cualquier caso pienso hacer algo, actuar y cambiar las cosas, aunque tan solo sea una mera actuación por parte un pensamiento basado en el frío constructo de no extinción.

Mi elemento

En algún momento sientes que no puedes seguir así… por muy poco tiempo que tengas siempre buscarás un par de minutos para esto. Es difícil de describir aquello que no sabes qué es. Quizá deba rendirme a mis deseos sin importar lo que pueda suceder. No se puede explicar y puede que en ello se encuentre parte de la magia. Creo que no podría vivir sin esto.

Dicen que cada persona tiene su elemento, algo que le hace sentirse bien, algo que la hace feliz. Para mí es esto. He comprobado que no puedo existir sin una libreta y un papel. Me encantaría explicar esa sensación que habita en mí cada vez que decido escribir algo. Nunca te paras a pensarlo, pero el proceso por el cual todas las sonrisas y todas las lágrimas pasan a ser palabras es fascinante. Las emociones se intensifican al máximo mientras sientes que esto es lo que estabas buscando. Mis alas son estas. Esto es lo que me hace respirar con más libertad.
Soy consciente de que la mayoría de mis escritos no serán vistos por nadie, pero no busco eso. De alguna forma, tan solo necesito traducir todas aquellas miradas, gestos y suspiros que me marcaron. No puedo evitar emocionarme y es que para mí esto es un mundo, un mundo sin el que no podría vivir, un mundo que me limpia el aire que respiro haciéndolo más puro. Escribir es como un filtro que se queda con aquello realmente importante.

La vestidura ajena


Y otra vez el papel se convierte en la única cosa que confío. Parece que nunca podré escuchar a alguien sin probarme sus emociones… muchos dicen que es bueno y tan solo algunos se dan cuenta de la enorme carga que aquello supone. Las palabras se van, la gente se marcha, pero tú… tú te quedas pensando en lo que acabas de sentir. No, esas emociones no son tuyas, pero algo te hace creer que si, sucede cuando empiezas a relacionarlas con las cosas que has vivido, los recuerdos se enlazan con los sentimientos ajenos mientras te derrumbas ante el dolor. Nunca sabrás explicarlo, pero el dolor siempre se siente con más intensidad. Cada segundo se convierte en una tortura, quizá la causa se halle en el tiempo.