Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 29 de enero de 2012

Respiro de esperanza

A veces puede parecer que todo está perdido, el dolor consigue arrasar con todo, no deja nada a su paso, pero a medida que pasa el tiempo, este pierde su efecto. Porque aparece algo capaz de enfrentarse al sufrimiento, una cosa que nos infunde ganas de seguir, es la esperanza en forma de un nuevo respiro. Inhalamos esas palabras, esas sensaciones que logran cambiar, aunque sea un poco, nuestra visión del mundo. Por muy leve que sea esta mejora, no nos importa, porque esa pequeño cambio es un paso hacía algo mejor. Entonces asimilamos que no todo está perdido, cerramos los ojos y susurramos para nuestros adentros:

“Mientas me quede aire en los pulmones seguiré luchando”.



Porque el dolor está perdiendo la batalla, porque ahora respiramos con esperanza.

El "nada" que lo significa todo

Y cuando nos preguntan que nos pasa decimos un banal “Nada”, pero nos lo vuelven a preguntar viendo nuestro desfigurado reflejo, entonces, sentimos como algo dentro nuestra se rompe aunque no lo demostramos, tan solo desviamos la mirada y soltamos otro “Nada” sin sentido alguno. Porque sabemos que no podrán ayudar, porque sabemos que es imposible describir lo que nos pasa, porque decimos que no nos pasa nada cuando nos lo pasa todo...

¿Y de regalo? mi felicidad...cuídala bien

¿Sabes lo que es escuchar algo que te desgarra por dentro mientras finges que no te importa? ¿Experimentaste esa sensación de mirarle a los ojos a alguien y hacer como si no te doliera? Puede que si, aunque comprendí que es mucho peor tener que decir algunas cosas, admitir verdades que te rompen el corazón... Me pregunto cuál es el precio de poner la felicidad de alguien por delante de la tuya. En un primer momento es lo que quieres, hacer feliz al otro aunque sea a costa de tu alegria, pero ¿qué pasa si te das cuenta que su felicidad te proporciona cada día más daño?

Porque comprendí que duele mirar a los ojos y decir que no importa, duele sonreir y decir que será lo mejor, duele admitir que esa decisión te hará sufrir.

sábado, 14 de enero de 2012

Corazón artificial

Se me hace raro sentirme así, bueno “sentirme”… cuando te dañan el corazón, este durante un tiempo deja de latir, necesita un tiempo de reparación durante el cual no puedes sonreír. Hay veces en los que el tiempo se alarga, sucede cuando el corazón está demasiado troceado, cortado, pateado y roto… entonces, pasan horas, días, semanas y sigues igual que antes. Nada cambia. Te administran un corazón artificial, pero tú nunca eres capaz de acostumbrarte a él. Es demasiado diferente a ti, a lo que sientes. Por ello decides esperar que te arreglen el tuyo mientras vives en el dolor que, a medida que pasa el tiempo, empieza a formar parte de ti.
 
La espera se hace larga y te preocupas por lo que pasará. En algún momento dejas de esperar, no te hace falta seguir haciéndolo; eso sucede cuando pasa demasiado tiempo, cuando nos acostumbramos al dolor y aceptamos su presencia. Por muy raro que parezca, aprendemos a vivir sin corazón. Ya nada importa, poco a poco olvidamos como reír, ilusionarse o soñar con aquello que queremos. No queda nada salvo el dolor acumulado en el pecho, justo en el lugar donde antes estuvo el corazón. Las cosas dejan de tener importancia, seguimos nuestro camino, el tiempo pasa, aunque el dolor ya nunca desaparece.

jueves, 12 de enero de 2012

De nuevo viva

Empezar de nuevo duele pero, a la larga, puedes apreciar que fue lo mejor. Cuando rompemos los lazos que nos unen a algunas personas rasgamos con ello nuestro corazón, y duele. Las heridas te impiden sonreír, la ilusión se pierde hasta el punto de olvidar como se respiraba. La mayoría de las cosas se disipan, solo queda una, es dolor en forma de un hilo de acero que está quemándote por dentro. No puedes pensar en nada más que no sea eso. Te tiras al abismo de la desesperación y, a medida que caes, vas recordando todos esos recuerdos que tanto te cuesta olvidar, te das cuenta de que siguen allí, o que es lo peor, que nunca se irán del todo. Ese pensamiento te hace abatirte, te caes al duro suelo, pero el golpe físico no duele si estás muerto por dentro, simplemente pasas a ver el mundo con otros ojos. La imagen ya no es nítida, un velo de lágrimas te impide distinguir los pequeños detalles que te pueden revivir… solo existe el dolor y el insoportable deseo de cambiar las cosas.

Las noches se hacen eternas, el tiempo parece detenerse justo en el segundo en el que se rompió tu corazón; no, por mucho que lo intentes las manecillas no avanzan, es como vivir ese instante una y otra vez. Te sientes invisible para los demás y no sabes cómo remediarlo, todo es complicado y no encuentras solución… Es entonces cuando te das cuenta de que el dolor se ha convertido en ese segundo eterno que te impide vivir.

Sintiendo la impotencia, te resignas a las hechos, dejas de luchar, pero a pesar de todas las derrotas aun conservas una pequeña llama de la esperanza, aun crees que las cosas pueden mejorar.

Un día como otro cualquiera ves que todo cambia, el tiempo que parecía pausado ahora marcha bien y todo a tu alrededor es diferente. Sin saber cómo sonríes y lo haces con ilusión. Te extrañas tanto de hacerlo que intentas esbozar de nuevo una sonrisa, para comprobar que no es una mera fantasía. Y funciona. El dolor comienza a cesar y el velo de lágrimas desparece tiñendo tu mundo de nuevas tonalidades. Parece que por fin todo tiene sentido y que ya puedes dejar de fingir alegría para comenzar a vivirla. Los latidos del corazón se frecuentan, y los ojos se llenan de nuevo de esa deslumbra ilusión. Desprendes optimismo, porque comprobaste que el sufrimiento desaparece, porque viste que por fin la situación cambia, porque no te arrepientes de la decisión que tomaste y que tantas lágrimas te costó. Todo va bien. Y sonríes, y vuelves a sonreír. Aun te cuesta creerlo, por lo tanto, de vez en cuando miras la hora para comprobar que las manecillas siguen en movimiento que todo funciona y que ese punzante segundo que parecía que iba a dudar para siempre se va alejando, apenas quedando su recuerdo.

Es extraño sentir como las heridas se cierran (puede que las lágrimas sean un buen remedio para ello), como por fin puedes admitir que de verdad te sientes bien, que no hay nada que te impida sonreír, que todo es, simplemente… perfecto. Cuando el dolor cesa sientes algo nuevo, algo que dejaste de sentir por mucho tiempo, es la felicidad que te inunda de nuevo. Es cuando te das cuenta de que esa felicidad te resucita, sientes que estas vivo de nuevo.

martes, 10 de enero de 2012

Lejos de un cuento terrorífico y lleno de ficción


Se acostaba con la cabeza llena de pensamientos sin pronunciar, con el dolor de la pérdida y la desesperación; entonces, sentía como las lágrimas le iban llenando los ojos hasta que alguna que otra gota conseguía deslizarse por sus mejillas, recordándole que seguía despierta, que el sufrimiento permanecía allí, bajo la piel.
Y ella tan solo pedía una cosa, no quería nada más salvo dejar de sentirse así. Permanecía con el temor de que aún le esperaban muchas noches así y eso poco a poco le consumía por dentro, en esos momentos sentía como una lágrima conseguía juntarle las pestañas, cerrándole los ojos, solo de ese modo conseguía conciliar el sueño.

Así, cuando estaba a punto de dormirse se imaginaba un mundo nuevo, donde todo cambiaba y donde ella por fin podía ser feliz. Un día sucedió, por la noche como siempre dejo que las lágrimas le ayudaran a conciliar el sueño... y lo vio. Fue un lugar mágico donde el dolor dejo de existir, donde los recuerdos ya no herían y los miedos quedaban apartados tras una barrera de ilusión y esperanza. Las lágrimas allí no existían, simplemente, parecían ser un mero invento de algún cuento terrorífico y lleno de ficción. Todo allí era tan vivo, tan distinto…que ella nunca despertó.

lunes, 9 de enero de 2012

Ladrones de sueño

Y lo peor es por la noche, cuando te quedas a la deriva de esos recuerdos. Entonces, ellos, te arrinconan y te van desgarrando el corazón poco a poco. Te presionan, te quitan el sueño dejándote en compañía de la soledad. Intentas cubrirte con la manta, dormirte y transportarte a un mundo de fantasía e ilusión, pero no, no te dejan. Te rodean y con la ayuda de sus garras te arrastran al precipicio de la desesperación que desde hace tiempo se va llenando con tus lágrimas. Allí, de nada sirve gritar porque la voz solo retumba entre huecas paredes ensordeciéndote, recordándote que estas solo.


Buscas soluciones, intentas pensar en otra cosa, pero fracasas porque esa clase de recuerdos se hace cada vez más fuerte, se alimenta del miedo y de la desesperación. Vienen por la noche y consiguen trasladarte a la peor de tus pesadillas sin la necesidad de dormirte. Siempre están allí, esperando que te acuestes para poder empezar su tarea, se esconden en los rincones, en cada sombra de tu habitación y solo salen para alimentarse, porque tus lágrimas es lo que necesitan para vivir.

domingo, 8 de enero de 2012

Vacuna contra el dolor


No, no debería estar así y menos por algo que no fue culpa mía. Puede que me equivoque, puede que me caiga y me cueste levantarme de nuevo, pero pienso seguir adelante a pesar de todo. Me prometo luchar por lo que quiero, me prometo ser feliz. Tantas cosas consiguieron hacerme caer que ya nos soy capaz de nombrarlas todas, sin embargo aquí estoy, de nuevo, siguiendo mi camino con heridas, aun con rastro de lágrimas en la cara, pero sigo aquí, viva. Si, fueron tiempo difíciles, pero gracias a ellos comprendí en precio de la felicidad.

Las heridas van sanando poco a poco, comienzo a distinguir colores en este mundo que antes me parecía pintado de gris, descubro que las cosas no me van tan mal, no sé porque pero justo ahora, en este instante lo comprendí… No, no me hace falta su presencia para ser feliz, es más si se fue no pienso correr tras él, fue una decisión suya, ahora de él depende sufrir las consecuencias. Yo, en cambio, seguiré mi camino, esperando algún cambio que no tardará en llegar, estoy segura. Sucederá por sorpresa, pero yo ya estaré preparada, porque comprendí que las cicatrices son la mejor vacuna contra el dolor. Sonrío al pensar en el rumbo que tomaron las cosas, ¿Quién iba a decir que terminaríamos así? Nadie,  creo ni siquiera él se lo esperaba, pero es bueno, quizá así, al fin, comprenderá que no todo está a su alcance. Yo simplemente me alegraré por no estar más a su lado, porque entiendo que ahora soy libre, no dependo de su aferre a controlar las cosas, porque sé que sin él seré más feliz, porque sé que todo lo que pasó es para bien.

miércoles, 4 de enero de 2012

Al precipicio del olvido


Sentir como un corriente de recuerdos consigue desbordarte, ver que las cosas ya no son lo que eran y tener que admitir que ya nada volverá a ser como antes… experimentar un vacío en el pecho y saber que ya no se llenará con su amor, sentir exprimirse tu corazón tratando de liberarse de angustiosos momentos a modo de lágrimas que, cargadas de sentimientos caducados, bajaran por las mejillas hasta resbalarse, hasta caer por el precipicio del olvido. 

Es imposible describirlo todo con un par de simples palabras, es algo más que eso; es algo que te hace gritar en silencio mientras sientes que algo te desgarra por dentro, es llorar y saber que nada en este mundo te podrá aliviar, es sonreír mientras intentas esconder el rastro de lágrimas que hace unos segundos corrían por tus mejillas, es fingir ilusión, es pasarse las noches en vela mientras terminas de contar las estrellas, simplemente...duele.

lunes, 2 de enero de 2012

¿Y por qué no?


Hay cosas difíciles de describir, algunas imposibles de contestar con una simple frase. No puedo entenderlo y por mucho que lo intente no le encuentro explicación. Es algo que apareció de la nada, por sorpresa y parece que consigue arrasar con todos mis sentimientos. Es extraño. Puede que me pregunten el porqué de esa ciega confianza, no sé, supongo que dejaría que una sonrisa curvara mis labios y diría: “¿y por qué no?”.