Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La huida perfecta


Sentir como un montón de pensamientos aleatorios retumban por tu cabeza. Subir el volumen y acelerar el paso intentando huir de la enorme avalancha de dudas que te persigue. Ver como poco a poco, los pensamientos se van callando mientras logras expirarlos al exterior. Coger una bocanada de aire fresco para recuperar el aliento, pero fracasar en el intento. Volver a acelerar el paso, sentir como el latido del corazón es cada vez menos definido. Suspirar al notar que algunas de las dudas siguen detrás de ti. Aumentar el volumen y aislarte de cualquier sonido proveniente del exterior. Seguir andando hasta que, poco a poco, estimes que ya no te quedan más pensamientos que expirar. Y, por último, sentir como la música va ocupando el espacio que dejan las reflexiones al fundirse con la letra que te va alejando del presente…

lunes, 24 de septiembre de 2012

Petición dictada por el miedo


Puede que las cosas hayan cambiado, puede que tengas miedo de que ya nada vuelva a ser como antes. La verdad es que no sé por qué hago lo que hago, por qué me siento tan mal, por qué no intento arreglarlo de ningún modo, por qué estoy deseando que todo esto acabe por fin. No entiendo nada de lo que está pasando, quiero hacer algo, pero hay algo dentro de mí que me frena, que me hace retroceder y seguir donde estoy. Triste, sóla, abandonada por la razón a causa de un comportamiento irracional que nunca podré explicar. A pasar de todo y aunque pueda parecer que todo se esté derrumbando bajo los pies, solo te pido una cosa. No me dejes caer.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cicatriz por sentir


En algún momento, con el paso del tiempo decides pasar la mano por las viejas cicatrices. Poco a poco los recuerdos resurgen entre las tinieblas y te atrapan en sus redes. Tratas de entender por qué vuelves a pensar en aquellos momentos que te destrozaron por dentro, pero no le encuentras lógica. Lo peor es que empiezas a comparar tu presente con los días pasados. Nada es lo mismo, las palabras que te dicen son completamente distintas y cuándo te lo planteas un filo de sangre recorre una de las heridas. Sabes perfectamente que no deberías hacerlo, pero aún con el riesgo de volver a caer por el precipicio del dolor lo haces.
Te planteas una única pregunta que abre otra herida. De nuevo, la voz de la razón te pide dejarlo estar, olvidarte de aquello y seguir adelante, pero ya es tarde. Todavía no sabes cuál es el motor de tus acciones, pero eso poco te importa.
Sabías que pasaría, pero te negabas a admitirlo. La cuestión planteada nunca tendrá respuesta y eso te hiere de nuevo. Comprendes que las cosas tienen una razón, pero en el fondo sabes que te volverás a plantear la misma pregunta con el tiempo, cuando otras palabras te evoquen los viejos recuerdos, cuando otra sonrisa te hará pensar en aquello que viviste, cuando otra canción te hará sentir cada cicatriz.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El precio de un respiro


Te das cuenta de que no soportas estar así, de que esa sensación está acabando con los restos del aire que te quedan. Empiezas a ahogarte con la soledad mientras buscas un trago de aire puro. Algo te oprime el pecho recordándote que nada de lo que hagas funcionará. Lo más molesto está en tener que quedarse con esa sensación a solas. Puede que no sea el aire lo que tanta falta que hace, es algo más complicado. Aunque no se vea a simple vista puedes sentir el enorme agujero que se acaba de formar en tu pecho. Quizá sea eso… que por mucho aire que inspires, este acabará saliendo de los pulmones mientras que tú estés doblándote por falta de fuerza.
Empiezas a odiar esta sensación. Cuando pensabas que habías dejado el dolor atrás, aparece uno nuevo, más intenso que el anterior. No soportas tener que coger cada vez más y más aire esperando llenar el vacío que se formó. Nunca funciona, pero sigues intentándolo. Te preguntas si vale la pena seguir así teniendo que soportar esa sensación.

En algún momento obtienes tu respuesta y te convences de la certeza de tus decisiones. De repente, llega algo que tapa el agujero por el que se escapaba todo el aire que inspirabas. Los pulmones se llenan de aire puro y sabes que por ello vale la pena pasarlo mal, que sólo de esta forma puedes apreciar lo que significa todo esto para ti. Y, entonces, ya te da igual tener que ahogarte con la soledad si al final te prometen un respiro de aire puro, de ese que suele revivirte de nuevo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Preguntas trampa



¿Cuál es el precio del amor que das o que recibes? ¿Todos los sentimientos tienen el mismo valor? ¿Por qué hacemos daño a la gente que más queremos bajo justificaciones poco razonables? ¿Cuánto amor propio hay en los celos? ¿Cómo se demuestra la fidelidad absoluta? ¿Bajo qué circunstancias dejamos marchar a alguien? ¿Vale la pena pelear por alguien que no te quiere a su lado? ¿Romperías con tu pasado por una ilusión efímera? ¿Perdonarías una traición? ¿Se puede odiar a la persona que amas? ¿Comprendes el significado del compromiso? ¿Puedes apostar por la certeza de su amor? ¿Serías capaz de dejarle marchar?


Opiniones ignoradas


Podría decir que todo sigue igual que siempre, pero estaría mintiendo. La verdad es que me encanta esta sensación nueva. De repente y sin más esfuerzo, puedes ser alguien diferente, una persona completamente nueva. Es la oportunidad de demostrar todo aquello que llevas tiempo escondiendo, las palabras que nunca pronunciabas o las sonrisas que ocultabas. Es un cambio grandioso. Descubres que hay millones de cosas nuevas que te hacen feliz, que ya no te importa lo que puedan pensar porque ves que con las decisiones que tomas eres feliz. ¿Acaso importa la opinión de la gente que no tiene relevancia en tu vida?


Lo único que importa es que ahora parece que las cosas van mejorando, que cada cosa nueva que vives te demuestra el porqué de estar aquí.

Cambio radical


Hay ocasiones en las que nuestra visión del mundo cambia. Dejas de ver las cosas tal y cómo las veías y te preguntas si podría ser de otra forma. Ese pensamiento implica una forma de libertad repentina. Sabes que puedes cambiar las cosas, que las decisiones que tomes pueden llevarte por un camino diferente y eso te inspira seguir adelante.
Supongo que la desconfianza se mezcla con el deseo de cambiar las cosas, porque cuando damos el primer paso algo parece derrumbarse tras nosotros. Los viejos estereotipos se destruyen mientras te preparas a recibir una imagen diferente de las cosas que vives. El cambio tan sólo depende de las decisiones que tomes.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Pequeñas dosis de él


El tiempo pasa. Hace un par de días que os veis, pero ya empiezas a pensar en él. Los recuerdos que parecen esperar a la mejor ocasión para sorprenderte vuelven a salir. Sientes cosas que dejaste olvidadas en un pasado cercano y vuelves atrás en el tiempo. Te sumerges de nuevo reviviendo aquellos instantes en los que le sentías a tu lado. Lo echas de menos. El deseo de verle se convierte en una necesidad con cada pasar de las manecillas del reloj. La impaciencia se hace cargo de la situación y luchas para poder aguantar un poco más. Nunca funciona, los recuerdos que sacas a luz no satisfacen tus ansias por verle. Sientes hundirte en un mundo donde el pasado manda sobre tu cuerpo.
Poco a poco sales a la superficie. La impaciencia persiste, pero hay algo nuevo que te hace olvidarte del pasado. El reloj reanuda su marcha aunque las manecillas pasen despacio ahora que sabes que pronto podrás verle. El ritmo de tu corazón delata tu ansia por besarle, pero no te importa. Ahora ya nada importa.
Tiempo después su aroma sigue impregnado en tu piel. Nuevos recuerdos han sido mezclados con los demás y una sonrisa aparece dibujada en tu rostro. Las cosas van bien ahora, aunque sea por un tiempo. Sabes que dentro de nada te hará falta otra dosis de él.

Pequeña fantasía apartada del mundo real


Y poco a poco empiezo a dibujar una fantasía en mi mente donde tú y yo somos los protagonistas. Aunque tú no lo sepas te imagino en mi cama por la noche. He comprendido que son tus besos los que quiero recibir por la mañana, que es a ti a quien espero encontrarme al llegar a casa y ya no me importará ni el lugar ni las circunstancias, tan solo espero poder llamar al timbre porque se me hayan olvidado las llaves y que me abras tú saludándome con un rápido beso para poder volver a la cocina donde se acaba de preparar la cena. Yo me quitaría el abrigo y los zapatos, me pondría unas cómodas zapatillas de ir por casa y comenzaría a poner la mesa. Encendería las velas y pondría música de fondo. Tú traerías los platos y nos podríamos a cenar hablando de cómo nos fue el día y de los planes para el fin de semana. Después nos levantaríamos de la mesa para llevar los platos a la cocina, pero no llegaríamos allí. Nos besaríamos, primero de una forma fugaz e inocente, pero los besos cobrarían una forma más apasionada y nos olvidaríamos de las mesa, de los montones de platos que había que fregar y nos uniríamos en otro beso, un beso que parezca dudar indefinidamente, un beso que encierre toda nuestra historia, un beso que nos haga olvidar de la realidad y nos transporte a aquel pequeño mundo que es solo nuestro, aquel mundo que tan solo nos pertenece, aquel mundo donde podemos ser felices sin más, aquel mundo que descubrimos al conocernos…

Adicción favorita


Hay un instante en el que todo cambia. En una cuestión de segundos comprendes que las cosas ya nunca serán lo que fueron. Y ya no te preguntas por qué es así o por qué ahora, simplemente te dejas arrastrar por esa sensación que te dicta el corazón. Es ese momento cuando comprendes que no puedes estar mucho tiempo separada de él, pero no… hay algo más… sientes que lo necesitas en tu vida. Te empieza a dar igual el tiempo que lleváis sin veros, precisas volver a sentir el roce de sus labios con tu piel en este instante. Quieres volver a recibir una dosis de sus palabras que siempre te sacan una sonrisa. El pulso se acelera y admites que algo ha cambiado, que ahora esa adicción a él es indispensable para ti.

Piezas del puzzle


Cada instante, cada sonrisa, cada hecho, cada fallo suele construir algo único. La vida que vivimos se forma con las pequeñas cosas que ocurren cada día. Si lo pensamos el mecanismo que nos lleva hacia delante es muy simple, pero al fijarnos más detenidamente podemos observar como cada cosa suele parecerse a una pieza de puzzle que encaja a la perfección. Todo tiente su motivo que tarde o temprano terminamos descubriendo, mientras tanto hay algo que nos hace avanzar. Nos aventuramos en la búsqueda de una pieza que pueda dar por acabado el enorme rompecabezas al que le llamamos vida. Cuando completamos el desafío aparece una nueva pregunta. ¿Lograré mantener todas las piezas juntas? Pero eso tan sólo se puede descubrir con el tiempo, mientras tanto esperamos que los bordes entre las piezas se unan fuertemente. Las manecillas del reloj marcan la hora de la verdad mientras descubrimos que si faltase una única pieza el puzzle no valdría para nada, que en esa pieza tan valiosa está la clave de sentirse completo al fin.