La
melancolía rellena aquellos huecos que te faltan de aquella cena. Lo cierto es
que recuerdas más bien poco. “Hubo alcohol”, te repites como si aquello te
pudiese justificar la falta de recuerdo. En el fondo siempre queda un poso de sentimientos
que cualquier detalle consigue reavivar. El corazón late más fuerte y tú, tú ya
hace mucho que has dejado el presente. Vuelta atrás. Ahora todo se va
aclarando. Casi consigues tocar el instante en el que se hizo la foto. Te miras
a los ojos y ya no te reconoces. Eres distinta. Quizá más madura y menos
ingenua, pero aquella noche sigue martillando el corazón a destiempo. Intentas
engañarte diciéndote que no te trajo nada bueno, pero una parte de ti se
resiste asumirlo. Durante un par de horas eras asquerosamente feliz y digo
“asquerosamente” porque no podrías describir la sensación por mucho que lo intentases.
No hay comentarios:
Publicar un comentario