Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 28 de junio de 2012

El límite de lo infinito


Consigues estar en cada rincón, cada pensamiento lleva hacia ti y yo tan solo puedo sorprenderme de esa extraña facilidad con la que empiezo a sonreír entonces. Nunca me había sentido así, en esos instantes la felicidad me desborda. Es como tocar el cielo con la punta de los dedos, como rozar el límite de lo infinito sin moverte del sitio, es transportarte a un lugar donde no hay nadie más que vosotros dos, es respirar sentimientos.

Son recuerdos que consiguen elevarme por encima del suelo…nunca seré capaz de describirlo y eso me fascina. La complejidad de los sentimientos me hace querer descubrir cada detalle de ellos, cada matiz que parece escapar a los sentidos de alguien que vive demasiado deprisa para experimentar el paso de emociones a través de su piel. Las sonrisas se filtran, van acumulándose, recordándote que las cosas van bien en tu pequeño mundo, y sonríes como lo hacías antes.
En algún momento debes regresar a la realidad, descender y volver a tocar el suelo con los pies mientras cierras el frasco de los recuerdos que con una sola mención pueden traerte la felicidad más verdadera,  esa que jamás experimentaste antes.

jueves, 21 de junio de 2012

Miedo a sufrir


Sabes hay veces en los que tengo miedo de mis sentimientos. Ya sé lo que debes pensar, no hace falta que me digas que es una tontería porque ya me lo imagino, pero es cierto. Nunca antes me sentí así, puede que esa sea la causa del temor… El sentimiento es demasiado fuerte como para dejarme arrastrar sin más. Vale, creo que ya sé lo que me pasa. Me niego a admitirlo porque parece una burla, aun sin serlo. Me parece que esa época me dejó unas secuelas demasiado grandes como para pasarlas por alto. Eso es lo que me preocupa. Creo que el tiempo nunca borrará del todo el recuerdo de ese sufrimiento. Puede que gran parte de la culpa la tenga yo por un pensamiento que parecía aliviarme, pero que poco a poco me destrozaba por dentro. He comenzado a huir de los recuerdos sabiendo que el dolor que producen nunca se esfumará del todo. No, no me arrepiento de haber sufrido tanto, eso me enseñó a ser aún más fuerte, comprendí que podía superar las dificultades cuando ya pensaba que nadie lograría salvarme de mí misma. Sí, es irónico…

Ahora todo va bien y no dejo de dar las gracias por encontrarme bien, recobré la esperanza y una sonrisa comenzó a formar parte de mi día, pero hay algo que persiste en el tiempo. Creo que el dolor se transformó en miedo. No sé muy bien por qué escribo esto, creo que me hace falta aclarar lo que está pasando. Siento que el miedo me persigue allá adónde voy y, en algunos instantes, eso me hace dudar de la realidad. Creo que nunca tuve tanto miedo de sufrir, no antes de haberlo pasado tan mal. El temor me dice que se puede volver a repetir y entonces el corazón se cierra en banda negando escucharlo. No, no quiero que, si las cosas salen mal, el corazón de nuevo deje de latir, esperando que alguien logre reanimarlo a tiempo.

Justicia dolorosa


Todavía no puedes explicarlo porque sabes que es algo que se ha de sentir, de otra forma no tendría sentido. El cambio es demasiado notorio como para pasarlo por alto. Recuerdas como hace tiempo el dolor se adueñó de cada célula de tu cuerpo, como separó en montones de fragmentos tu corazón… Entonces este se congeló, parecía que el sufrimiento no iba a cesar nunca porque cada vez una cicatriz cualquiera te recordaba lo despedazado que estaba. El tiempo pasó y ahora sientes que toda va increíblemente bien. Las heridas se curaron fortaleciendo tu corazón y el hielo que ocultaba tu corazón se derritió. Parece que los sentimientos que te hicieron revivir se multiplican porque, en algunos instantes, sientes que la felicidad se encargó de crear algo único, una esperanza de un mundo justo y eso te hace recordar porque estás aquí.

lunes, 18 de junio de 2012

Las sombras de la noche


Nunca pensé que se podía intentar evitar algo con tanta fuerza. He empezado a odiar esa sensación que me persigue cada noche. Me recuerda a un remolino que logra arrastrar todo a su paso, incluyéndome a mí. No puedes huir, tan solo puedes confiar en que, por una noche, las sombras que forman el miedo se alejen de ti. En el mundo de los sueños nadie puede ayudarte, te quedas a solas con tus temores.
De nada sirve despertarte a las tantas y comprender que todo fue una grotesca fantasía. En esos instantes te sientes aislado del resto. Esa es la sensación que odias, a pesar de todo, necesitas que alguien te diga que todo formó parte de un sueño, te hace falta una afirmación ajena para lograr correr un velo tras la pesadilla que logró hacerte replantear tu respiración.

Área de seguridad


Quizá la mayor ignorancia se encuentra en creerse las cosas que nunca llegamos a comprobar. El golpe es duro, pero nos recuerda que no todo es como solemos percibirlo. Nos creemos libres, damos vueltas en nuestro espacio tan familiar y seguro sin preocuparnos por lo que pueda pasar a medida que te alejes. Esa es la falsa idea de libertad, ya que cuando crecemos y nos decidimos explorar nuevos territorios sobrepasamos el límite de nuestra independencia y entonces chocamos con los barrotes de nuestra jaula. 

Conversación inventada por la desesperación


+¿Por qué no le llamas explicándole que te hace falta? Sabes que así te sentirías mejor.

-Lo sé, pero no aun así, no quiero hacerlo. Estoy segura de que cuando escuche su voz me pondré a llorar. Sé lo que es derrumbarte cuando alguien te da su apoyo. Prefiero recuperarme y entonces avisarle. Ya sé que puede que haga mal, pero sé que no soportaré hablar con él estando así. Sé que es incómodo consolar a alguien cuando tiene la voz ahogada por los gritos del corazón mientras por sus mejillas corren lágrimas de desesperación. Sé que hablando con él me sentiría mejor, de hecho, es lo que más me hace falta en este momento. Pero no. Prefiero estar así, aun dejándome a la deriva de los pensamientos destructivos. 


Superación personal


En algún momento el alma se tira a los pies. Algo no va bien. Después del impulso final, el cuerpo sigue su trayectoria debido a la inercia. No, es imposible parar ahora, no mientras pueda ver la meta tan cerca. De repente algo rompe el silencio, una voz salida del alma que se acurrucó en el fondo de nuestro pecho nos pide un descanso. Quiere coger aire para poder seguir. Tan solo pide una pausa instantánea. Sabes que no es posible. Sientes que las fuerzas que te llevan hacia delante pueden acabarse en cualquier instante y por ello sigues, sigues aunque esa débil voz se vuelva más insistente con cada paso que das. Hay algo que te impide hacerle caso, todos tus sentidos se concentran en la meta, sabes que pronto se va acabar y le prometes que entonces podrá descansar. Luchas para poder mantenerte sereno sin rendirte ante la necesitada melodía que te pide parar. Estás seguro de que ahora todo va como tiene que ser, sabes que te queda poco para acabar ese camino y no tienes ni la menor intención en sentarte a descansar.
Tu nula reacción frente al rogo del alma provoca una furia que se transmite con aquella voz. Cada sonido se vuelve peligroso. Entiendes su súplica, pero no puedes hacer nada. Sabes que debes seguir.
Momentos más tarde esa voz te habla del miedo, te recuerda todas las dificultades que superaste mientras te muestra las cicatrices que te dejó el camino. Comienzas a pensar en el pasado, en las cosas que perdiste… y algo te pasa, sabes de qué se trata e intentas impedirlo. Los lazos con el pasado intentan transportarte atrás. Entonces decides fijarte en tu meta, dejar de lado el pasado y seguir el instinto de tu corazón.
En contraataque del alma consiste en hacerte pensar en las cosas que ya tienes, parece que quiera convencerte de la inutilidad de tu sueño. Piensas en las cosas que tienes y entonces le aseguras que todo eso lo conseguirte gracias a haber seguido tu camino. Tus pasos se hacen más firmes, sabes que no dejarás de avanzar. No, han sido demasiados instantes de dudas, demasiadas sonrisas ilusionadas que te ayudaron a seguir, demasiados suspiros lanzados al aire con el fin de hacer desaparecer parte de tu carga, demasiadas dificultades que superaste con los gemidos de dolor y suplicas de clemencia, demasiadas cicatrices cubren tu piel, y muchas más, son las que decoran tu corazón, demasiadas lágrimas cayeron de tus lágrimas expresando tu desesperación en algunos instantes, demasiado…. Sin embargo, sabes que todas y cada una de las lágrimas caídas por tus mejillas valieron la pena, las dificultades te hicieron más fuerte. Echando la vista atrás puedes demostrar que cada cosa se enlaza, todo tiene un origen, un sentido que solo puedes ves alejándote del suceso.
No, ahora sabes que nada te hará parar. El miedo sigue allí, pero el impulso de tu último esfuerzo te ayuda a dejarlo atrás. Por un tiempo has decidido dejar de mirar al pasado sabiendo que hay algo nuevo que te espera. Parece que una nueva estrella brillará sobre el horizonte cuando alcances tu meta. Estás seguro de que, aunque nadie lo entienda cómo tú, este es el verdadero sentido de tu vida. Tu mayor sueño, tu ilusión más grande, eso que tanto anhelas. Estás luchando para devolver la felicidad a algunos y eso te saca una sonrisa.
Después de sincerarte contigo mismo, la voz del alma comprende que pronto el miedo desaparecerá y ella recobrará su serenidad. Entonces suspiras tranquilo mientras piensas que desde siempre el mayor obstáculo de cada uno es él mismo. Y una pequeña sonrisa asoma por tus labios. Acabas de superarte a ti mismo.

Instantes con descripción imposible


Intento explicar cómo me siento cuando estoy con él, pero no me salen las palabras. Me pregunto por qué no puedo encontrar una descripción perfecta para esos instantes. Aunque supongo que la perfección es un término imposible de transmitir con simples adjetivos.
¿Sabes lo que es sentir que puedes tocar el cielo con los dedos, rozar las nubes y elevarte por encima de los edificios? Es una sensación demasiado extraña como para describirla con meras palabras.

El temor "perfecto"


Hay demasiadas palabras que quiero decir. Comprendí que los sentimientos no se podrían resumir en unas pocas palabras. Todo es demasiado complejo, pero a la vez tan fácil que a veces tengo miedo. Empiezo a comprender que nunca conseguiré desprenderme de esa sensación que me sigue a todas partes formando parte de mi sombra. No hay manera de huir. Sé a qué se debe ese temor y quizá eso me ayude a asimilarlo… quién sabe.
Me di cuenta de que tenía miedo de la perfección, bueno, a su desaparición. La gente suele acostumbrarse rápidamente a cosas buenas que le suceden y yo no soy una excepción. Todo va bien y te sientes seguro, pero hay ocasiones en las que el velo que tapó la visión del pasado vuelve a caerse. Algo te recuerda el dolor que sentiste para aquel entonces y te derrumbas. Los recuerdos son igual de dolorosos que el sufrimiento en sí.

Percibes ese dolor instantáneo que te recorre el cuerpo en cuestión de segundos y sientes como cada célula de tu cuerpo protesta. No, no quieres volver a pasarlo mal…Ahora estás a salvo, puedes decir con toda seguridad que eres completamente feliz.
Odias las estúpidas hipótesis que se plantea tu corazón asustado, puede que ese sea el origen del recuerdo del dolor. Sea como sea acabas de comprender que si la situación cambia los recuerdos te destrozarían y eso te da miedo, te asusta admitir que, si llegase a pasar, tú no serías capaz de seguir adelante. 

sábado, 16 de junio de 2012

Gracias


Me ayudaste a reconstruirme cuando estaba rota, cuando pensaba que las cosas que no cambiarían para mí, cuando me estaba acostumbrando al sufrimiento habitual comenzando a aceptarlo como parte de mi día. Supiste levantarme y darme una razón para seguir en pie. Me diste esperanzas cuando pensaba que ya no valía la pena respirar. Me tranquilizaste cuando estaba nerviosa al no poder reconstruir mis ilusiones. Me regalaste aliento cuando el aire que respiraba llevaba demasiado dolor disuelto. Me diste la mano para poder acompañarme en mi camino. Me enseñaste a apreciar cada segundo que paso a tu lado. Me explicaste el valor de la verdadera felicidad. Me ilusionaste de nuevo. Me demostraste que las cosas se habían arreglado mientras me recordabas como se sonreía de nuevo. Me diste seguridad cuando más lo necesitaba, pero sobretodo, me diste tu amor. Y en cada instante me pregunto cómo puedo agradecerte que me hayas devuelto la felicidad. Te amo.


sábado, 2 de junio de 2012

¿Por qué así?¿Por qué ahora?


Sabes que la culpa reside en el miedo, que todo lo que te pasa no es más que el fruto de una suposición. ¿Qué pasa con todo el aire que aspiras? Parece que el ambiente carezca de oxígeno. No puedes, te ahogas. El corazón se vuelve loco intentando recuperar tu estado normal, pero la cabeza tomó el control. Es imposible. La sensación de angustia te aprieta el pecho. ¿Por qué ahora? Tienes miedo de tu próximo movimiento en falso. Los ojos se humedecen con las lágrimas aún no derramadas de la desesperación. El alma se esconde de las sensaciones venideras mientras lanza un grito de dolor, una voz que no es escuchada por nadie. Las esperanzas mueren despacio tirándose por el barranco del descontrol emocional… ¿Por qué así?


El veneno mental


La sensación de angustia aprieta contra el pecho. El aire sale disparado pausadamente y parece que en cualquier momento perderás el control. El corazón late con fuerza bombeando sangre hasta cada rincón de tu cuerpo. Sientes como la desesperación te rodea con sus brazos y comienzas a buscar un modo de escape.
Hiperventilas, te preocupas de lo que puede pasar mientras un montón de pensamientos autodestructivos forman una colmena en tu cabeza. Quieres desprenderte de la sensación de impotencia que poco a poco precipita en tu pecho.

Lo piensas, sientes el agobio que cual humo arrollador te oculta de la vista de los demás. Cada pensamiento lanzado al futuro es como una esperanza caducada. Aun angustiado miras atrás y ves que el miedo te impide frenar. Tu respiración se acelera, pierdes el sentido de la orientación.
Buscas desesperadamente una solución sabiendo que está enterrada bajo una urna de hipótesis sin quemar. Tienes que apartar de ti esos pensamientos que pueblan el temor en tu corazón. Sabes que sin ellos la esperanza recobraría su pureza habitual y podrías seguir.
Te centras en escuchar tu respiración, haces caso omiso a los planteamientos envenenados por el miedo, sientes como comienzas a recobrar la fuerza. El corazón late más despacio, filtrando todas las mentiras susurradas por la suposición. Te tranquilizas cuando consigues ver que detrás del miedo se dibuja un camino que hace poco recorriste. Visualizas todos los obstáculos que superaste, recuerdas la sensación de desesperación… Te recobras por completo al pensar que se trata de tu último esfuerzo actual. Y cuando los hirientes pensamientos dejan de provocarte con su murmullo, percibes una nueva voz lanzada de la oscuridad. Una melódica señal asegurándote que tú tienes la capacidad para conseguirlo.