¿Qué es lo que siento ahora? Es
como si una tonelada de culpa me atravesara las entrañas, pretendo encontrar
algo que ya hace mucho que se ha perdido, intento buscar algo suyo, algo que sé
que nunca lograré encontrar. Me tranquiliza pensar que hay algo que une, pero
la verdad es que se está convirtiendo en algo que nos está separando. ¿Por qué?
Porque yo lo quiero así y él me deja, porque no hace nada y yo me regocijo a
pesar de las lágrimas. En el fondo esto es lo que quiero, lo que anhelo… Una
completa libertad, una ilusión nueva, una cara perfecta y tan suya. Hazme libre
y permite que me vaya lejos sin echarte de menos, sin llorar, sin suplicar que
vuelvas porque esto es lo que querré, esto será lo que anhelaré cuando esté
lejos y me sacará una sonrisa al pensar que fuiste tú quién me tuvo alguna vez,
quién me ayudó a sonreír en los malos momentos aunque te haya tenido que pagar
con una moneda caducada… bueno mis lágrimas podrán pagar parte de la culpa
mientras tanto seguiré alejándome de ti a menos que hagas algo que me impida
avanzar. Haz algo, te lo ruego o sino déjame marchar, no te quedes en medio del
camino, quiero irme de aquí contigo o sin ti. Tú decides, solo tú. Y no, no me
preguntes qué es lo que quiero porque ahora mismo quiero saber qué es lo que
quieres tú, por una vez deseo saber lo que piensas lejos de las limitaciones,
lejos de aquello que está bien… una opinión sincera y feliz. Por dios, decide
algo.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
lunes, 29 de julio de 2013
martes, 16 de julio de 2013
Enganchados
Quiero esa dosis de droga directa
en vena. Quiero volver a sentirme viva, más de lo que estoy ahora. Estoy
deseando volver a verle. Duele admitirlo, pero le echo de menos. No sé, es algo
que incluso a mí me extraña, y es que después de tanto tiempo todavía siento
algo por él. Algo fuerte. Pero no, no es amor. Es el cariño conducido por los
senderos de los recuerdos. Simplemente es él.
lunes, 15 de julio de 2013
El lado bueno de la fatalidad
Hay cosas incomprensibles, cosas
que llegamos a entender cuando por fin la vida nos lleva a chocar contra ellas.
El miedo es una de ellas. El verdadero miedo no es aquel que sientes cuando
temes ir al dentista o realizar un viaje por tu propia cuenta. Hay un
sentimiento que va mucho más allá. Ese que nos hace plantearnos nuestra propia
respiración. Ese que nos obliga a comprobar la estabilidad del suelo que
tenemos bajo nuestros pies.
Ese miedo despierta cuando
empezamos a caminar cogidos de la mano. Cuando sentimos la necesidad de ver a
esa persona cada poco tiempo. Cuando pensamos en sus besos y todavía sentimos
las famosas mariposas en el estómago. Cuando pides en tus adentros que no le
pase nada. Cuando sonríes al darte cuenta de lo mucho que tienes. Cuando
admites la felicidad que te proporciona. Cuando por fin te sientes segura.
Cuando la estabilidad empieza a formar parte de tu vida.
No quiero que penséis que este
texto es una especie de fatalismo expresado de una forma poética. Nunca he
pretendido eso.
Pienso en esto porque en este
mundo donde predomina el azar y el caos es imposible que la estabilidad se
mantenga por mucho tiempo. Las cosas cambian continuamente y, por ello, cuando
pensamos que por fin estamos bien teniendo a alguien a nuestro lado, el miedo
suele despertarse.
No es malo temer perder a la
persona que amamos. El fatalismo del temor nos hace darnos cuenta de que las
cosas podrían cambiar en cualquier momento, que todo lo bueno puede llegar a su
fin o que nunca más nos volvamos a levantar. El miedo, en su justa medida, nos
proporciona algo único. El precio de la relación que tenemos se descubre en
cada segundo de duda, de planteamiento diferente, de sinceridad…
El miedo hace que veamos las
cosas con más claridad, de alguna forma limpia las lentes con las que miramos
al mundo recordándonos que hay cosas por las que vale la pena seguir luchando.
Un cuento sin final feliz
Los ruegos a la luna
Quiero pensar que él vendrá, pero
algo me lo impide. Las cosas me lo confirman. El sol ya no brilla como antes y
su nombre no resuena como un mero movimiento de hojas al caer. Me prometió
dejar de torturarse. Quiero sonreír al ver la luna llena…la única culpable de
su partida, la única que puede hacerle volver.
Situación desconocida
Hay demasiados tutoriales para
cualquier cosa que existe o está por inventar, pero ¿qué es lo que se supone
que debemos hacer cuándo notamos que la persona que tenemos cogida de la mano
se empieza a soltar lentamente? No puedes cogerla a la fuerza e impedir que se
siga alejando, eso tan solo servirá para asustarla, quitarle libertad
aumentando las ganas de huir. Por otra parte tampoco puedes abrir la mano
dejando escapar los dedos de la persona que tanto quieres…
¿Quién nos da una solución para
ello? Lo cierto es que parece que no hay nada que hacer. Tan solo seguir
demostrando que la quieres a pesar de verla cada vez más lejos de ti, a pesar
de que duela, a pesar de las lágrimas, a pesar de los recuerdos, a pesar de no
poder seguir respirando sin hacerlo de forma entrecortada.
Jugando a dibujar un sentimiento
En algún momento te das cuenta de que aquello que tenéis no te basta. Necesitas algo más. Le necesitas más cerca de ti. Y no te importa el dolor por el cual puedes volver a pasar, tampoco cuestionas los momentos en los que sabes que le echarás de menos hasta que te duermas a duras penas. Sabes perfectamente que le vas a seguir buscando entre tus sábanas esperando que algún día te lo encuentres allí, aunque solo sea durante un segundo…
Las mejores sensaciones vienen
sin avisar, cuando ves una película y de repente te preguntas cómo sería
tenerle allí, contigo. Te imaginas el paso de sus dedos por tu cabello mientas
le sientes tan sumamente cerca que un parte de ti se pregunta si esto es lo que
realmente te hace sentirte completa.
Podría hablar hasta quedarme sin
aliento, dibujar mis pensamientos hasta extenuarme, pero seguiría sin
pronunciar lo más importante. Podemos hablar de amor, pero solo una cosa podrá
hacerlo real. Hay que sentirlo.
Y la verdad es que me encantaría
poder explicar lo que significa para mí, lo mucho que le añoro cuando no está a
mi lado y lo feliz que me hace, pero nunca podré hacerlo del todo. Jamás podré
explicar cómo me siento cuando me dice que me quiere, cuando me abraza para poder sentirme más cerca, cuando siento
que mi corazón podría estallar de tantos sentimientos.
Es frustrante, pero hay que
intentar meter toda la avalancha de amor en un par de palabras esperando que
con ello baste para explicarle lo que significa para ti, que de alguna forma es
tu vida, que no te imaginas sin él, pero lo que es lo más importante, que le
amas más que a nada en esta vida.
Anclados a la realidad
¿Quién dijo que los cuentos
bonitos duraban para siempre? ¿Quién está completamente seguro de que las cosas
saldrán bien? ¿Quién puede decirme que me equivoco? ¿Quién me asegura que no
volveré a fallar?
Hay demasiados comienzos que
tienen un fin, hay cosas que es mejor no ver y palabras que preferimos no oír.
La realidad, por muy absurda que sea, es lo único que nos mantiene anclados a
algo sólido, algo que siempre estará allí a pesar de todo.
Ningún cuento de hadas es lo
suficientemente bueno como para hacernos creer que todo, absolutamente todo,
irá bien. Nada es tan fácil como aquello que nos pintan con las palabras que consiguen rimar
incluso las lágrimas. ¿Quieres preguntarme por qué escribo sobre esto? ¿Por qué
parece que la esperanza se haya evaporado con el paso del tiempo?
Hay una cosa que es segura, algo
que siempre podrá hacernos ver lo que nos rodea. Algo que tan solo tú eres
capaz de ver.
jueves, 4 de julio de 2013
Final nunca vivido
Quiero pensar que estoy haciendo
las cosas bien, pero hay algo que me hace dudar de ello. Sé que busco problemas
allá dónde voy y que siempre se me ocurre cubrir las cosas con silicona tapando
los desperfectos que me puedan echar atrás. ¿Quieres decir que esta soy yo?
Quizá lo sea, pero no quiero serlo, quiero ser como soy, diferente. ¿Por qué
escribo esto? Quizá necesite
desahogarme.
¿Puedes pensar en un final feliz?
Yo no, jamás he sido capaz de imaginar que las cosas acaben bien. No es
imposible pensar que… dime que me equivoco, muéstrame un camino, una senda que
debería seguir para llegar a mis puntos de referencia. Estoy perdida; demasiado
para mi gusto y ¿quién tiene la culpa? Yo. Por supuesto. Quizá sea para bien
aunque ahora lo dude mucho. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué no me preocupo
por los demás? ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué las cosas me salen así? ¿Por qué
no puedo ser feliz? Supongo que es imposible ¿quién sabe? Quizá tenga razón y
nunca llegue a ser feliz del todo.
Dime que me equivoco que las
cosas pueden ir bien aunque el resto cambie. Supón que… quiero volver.
miércoles, 3 de julio de 2013
Revolución sentimental
Quiero decirte todo lo que
pienso. Todo lo que alguna vez pasó por mis entrañas y no supe vocalizar. Sí,
hay cosas malas también. Siento que en cualquier momento estallaré en miles de
pedazos si no te lo cuento. Quiero gritarlo y reparar que lo comprendes. Estoy
deseando notar miles de emociones en tu rostro mientras te voy contando cada una
de las pequeñas cosas que me hicieron estremecer en el pasado. Supongo que
nadie puede aguantar tantas emociones sin perderse por el camino. Ahora me toca
a mí decir aquello que puede cambiar el rumbo de la cosas.
Puede que no lo sepas, pero
quiero que te revoluciones contra mí. Que me grites con rabia pidiendo que me
decida ya. Que no siga con esta tortura en la que no sabes si voy a dejarte o
no. Necesito sentir esas emociones en ti para ver que hay algo que todavía espera
que las cosas se arreglen.
Eleva la voz y ordéname de que me
decida ya. Siempre supe que no podría llevar una vida tranquila. Hay algo en mí
que pide emociones fuertes a gritos, que pide sentirme viva. Quizá me sienta
así a causa de todas las cosas que he vivido. No pienso buscar razones en el
pasado porque sé que muchas veces es mejor así. Ahora tan solo necesito que un
nuevo sentimiento me recuerde por qué estoy dónde estoy, por qué me mantengo en
pie, pero sobretodo por qué sigo respirando al inhalar tus besos.
Los oscuros ruegos del corazón
Seguíamos en aquel parque. El
silencio se hacía cada vez incómodo y yo no encontraba forma de explicar lo que
sentía. Me preguntó si le quería y, al igual que en los instantes anteriores,
me mantuve en silencio. No podía mirarle. Quería hacer algo, cambiar algo, pero
no sabía qué. De nuevo me pregunté por qué no me entendía, en ese momento tan
solo necesitaba una cosa, estaba deseando que me abrazara fuerte para sentirme
segura. ¿Segura de qué? me preguntarás. Pues deseaba sentirme a salvo de mis
dudas que iban confundiendo cada pensamiento relacionado con él impidiéndome,
de esa forma, contestarle a sus ruegos. Mientras las manecillas del reloj
seguían en movimiento yo permanecía en mis pensamientos.
No sabía qué contestarle. No
tenía claro aquello que experimentaba. Bajaba cada vez más mi mirada con el fin
de huir de su mirada penetrante. No era capaz de mirarle sin que una sombra de
dolor cruzara mi rostro. Quería acabar con eso. Las intensas ganas de marcharme
ocuparon cada rincón de mi cuerpo mientras tanto, él me seguía mirando de forma
persistente. ¿Le quería? Pues en ese momento no podía contestar a la pregunta.
Pensaba que era lo peor que me podía pasar, pero él logró reformular la
pregunta aun sabiendo que esta podría producirle más daño. Qué si le quería
menos que antes…
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