Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

Un sueño de verano



 I.

Un suave viento meció las cortinas entrando en la habitación. Desde el jardín entró el suave aroma de frescura veraniega. Ella ya se había despertado, pero seguía sin abrir los ojos. Quería guardar con toda clase de detalle aquel instante. A su lado, en una cama revuelta, estaba él; podía sentir su suave respiración tan cerca de su cuerpo… pero no podía averiguar si seguía durmiendo. Decidió quedarse unos instantes así, disfrutando del momento. Sintió cómo la ligera brisa matinal le acarició el pelo haciéndole estremecer. Sí, a pesar de la temperatura, le seguía sin gustar, experimentar el viento en su piel desnuda. Se quedó así durante un largo rato, recordando lo que pasó y sonriendo para sus adentros, estaba feliz.
Cuando, de nuevo, estaba empezando a adormilarse, notó como él se movía e hizo un enorme esfuerzo por no delatarse, quería quedarse a solas con sus pensamientos un poco más. Cada vez le notaba más cerca y se comenzó a preguntar si él había percibido que ella ya estaba despierta, pero no. Con los ojos bien cerrados sus sentidos se habían agudizado y, escuchando su respiración cerca de su cuello, notó como le había posado un beso en su frente de forma muy dulce para no despertarla. Tuvo que contener la respiración para no sonreír cuando sintió como sus dedos le acariciaban suavemente el pelo. Definitivamente, todo era perfecto.

II.    

Seguidamente, él se levantó de la cama y, sin saber que ella lejos de estar dormida estaba observando su cuerpo alejarse, se puso a buscar sus pantalones. Después de escucharle resoplar continuando la búsqueda, la chica cerró los ojos temiendo ser descubierta. Volvió a abrirlos solo cuando oyó el suave crujido de la puerta al abrirse y sus pasos alejándose. Se quedó sola.
Ahora ya no le hacía falta disimular, se movió acomodándose mejor en la almohada y miró por la ventana. La realidad quedaba muy lejos, todo había desaparecido y le gustaba aquella sensación. Parecía que el tiempo había dejado de correr, los problemas se esfumaron y solo estaban ellos dos. La noche les ayudó a encerrarse en aquel mundo alejándoles de la rutina. Ahora todo era distinto y admitió que le gustaba ese cambio. De pronto las reflexiones de ella fueron interrumpidos por un ruido que salía del fondo de la casa, seguido de un maldecir de él. Sonrió.

III.    
         
Aquel retumbo le volvió a la realidad recordándole que él podía volver en cualquier instante. Aunque, poco a poco, se adentró de nuevo en su fantasía alejándose del mundo. Sonreía para ella misma mientras el aire que entraba por la ventana llenaba la habitación del aroma de las flores del jardín. Era el despertar perfecto. Así, escuchando de fondo el ruido que procedía de otro rincón de la casa comenzó a dormirse pensando en él.
En algunos instantes todavía lo dudaba, le parecía imposible que todo eso estaba sucediendo de verdad. A menudo tenía miedo, temía estropearlo de alguna forma o…lo que es peor, darse cuenta de que era un simple sueño. Porque, sí lo era, no quería despertar nunca.
Entonces se acordó de cómo se conocieron, de su primera cita, su primer beso delante de un público tan selecto como el de una  biblioteca. Al pensarlo tuvo que morderse el labio evitando reírse en voz alta. Sí, todavía se acordaba de aquel día. Parece que no pasó tanto, pero al pensarlo se da cuenta de las muchas cosas que sucedieron desde entonces. Y vuelve a pensar en él, mientras que sin darse cuenta se vuelve a dormir de nuevo, con una nueva sonrisa en la cara, aquella que muestra lo que siente, esa que habla de su felicidad.

IV.        
     
La despertó el suave aroma a café, y haciendo una mueca de sorpresa abrió los ojos. Se miraron y sonrieron. Ella movió la cabeza con el ademan de levantarse, pero la vagancia pudo con la chica. Se limitó a sonreír mientras trataba de estirarse con el deseo de ahuyentar los restos del sueño. Entonces él se acercó a la cama con una bandeja que depositó sobre la cama. Y, con cuidado para no tirar nada, se sentó a su lado. Un segundo más tarde las manos de él estaban alzando la cara, aún somnolienta, de ella para poder besarla quitándole el sueño definitivamente.
El beso era muy dulce, pero había algo más; un detalle que costaba percibir, sus labios sabían a café. Al separarse, le apartó un mechón de pelo que de forma rebelde se deslizaba por su rostro y susurro:
                ¾      Buenos días.
Ella sonrío al no poder decir nada, sintió como su corazón dio un vuelco y comenzó a latir a mil por hora, pero se atrevió a contestar:
               ¾      Buenos días,- dijo ella en un susurro casi imperceptible,- Sabes, me he dado cuenta de que me encanta despertar con besos con sabor a café.
Se acercó a él y le besó en el cuello sintiendo como se estremecía. Entonces sonrío de forma pícara y añadió inocentemente:
               ¾      Mmm…no, mentira. Me encanta más torturarte.
                                      
      V.

Él intentó poder cara de enfado, pero no le salió bien, acabo riéndose igual que ella. La risa reflejaba todo lo que las palabras no podían expresar, aquello que tantas veces que ella intentó explicarle y no pudo. La impotencia de no encontrar las palabras idóneas para describir lo que sentía por él era frustrante, pero en ese instante cambio algo.
Aún riéndose, sus miradas se encontraron. El instante pasó a formar parte de otra dimensión, porque sus ojos dijeron aquello que los corazones no eran capaces de expresar. Ahora ya no importaban las dificultades que estaban porvenir, ellos estaban juntos y eso era lo único que tenía importancia en su pequeño mundo de felicidad.


VI.
En esa, que pareció eterna, mirada se juntaron sentimientos indescriptibles. Todo iba genial. Ella pensó en la suerte que tuvo encontrándole después de tanto tiempo de sufrimiento. Todavía le parecía increíble cómo él le enseño a volver a sonreír de nuevo. Su historia le cambió la perspectiva de la vida, aprendió a ser más optimista, pero sobretodo, volvió a vivir de nuevo. De alguna forma, él se convirtió en su medicina. Una que creaba adicción permanente, aunque no le importaba. Adoraba estar cerca suya, su presencia le tranquilizaba y le hacía olvidar del mundo exterior. Se convirtió en su felicidad, poniendo su nombre a todas las sonrisas de ella.


VII.
Volviendo a la realidad, aun con una sonrisa en la cara, le miró por enésima vez. Estaba pensativo mirándola, conservaba ese brillo de felicidad en los ojos. Le encantaba verle así, se sentía única en aquellos instantes…
Él seguía reflexionando, entonces una idea rematada pasó por la cabeza de ella y le sacó la lengua burlándose de su estado pensativo. Y seguidamente se rió.
                   ¾    Te parece muy gracioso distraerme cuando pienso cosas muy serias ¿no? ,- dijo él sin el más mínimo tono de enfado.
                  ¾     Pues sí, -contestó ella de forma desafiante, le volvió a sacar la lengua y puso a reír.
                   ¾    Vamos a ver quién se ríe ahora,- la amenazó con esa voz tan seriamente divertida y empezó a hacerle cosquillas.
La cogió desprevenida, ella no se esperaba eso, así que le fue fácil dejarla desprotegida. Ella no podía dejar de reír, sabía que lo tenía ganado por su comentario y eso le hizo reírse aún más. Entonces pensó maneras de pararle. Un pensamiento grandioso hizo que sobresaltara y entre risa consiguió alertarle del peligro que suponía tener la bandeja sobre la cama:
                   ¾   Deberías dejar de hacerme cosquillas. No querrás que el desayuno que preparaste acabe en el suelo, ¿a qué no? 


VIII.

Le miró a los ojos y vio que acertó con el comentario. Entonces, demostrando su victoria, se rió sacándole la lengua de nuevo sabiendo que él no podría hacer nada.
Él ladeó la cabeza resignándose ante triunfo de ella y sonrió de forma tierna. En ese momento dejó de importarle la discusión y sus burlas, ella tan solo quería besarle. Se acercó a él y le acarició la mejilla. Se besaron, olvidándose de lo que estaba a su alrededor. La habitación, la cama, el aroma a café… todo se dejó de percibir. Le encantaba aquella sensación de aislamiento, cuando podía sentir su respiración cerca de la suya sin tener que pensar en nada más.

IX.

En algún momento se da cuenta del paso del tiempo. Parece que fue ayer cuando le conoció, cuando ni siquiera se imaginaba que las cosas podían tomar este rumbo…
Fue una excursión como otra cualquiera, solo que en esta le acogieron en un grupo nuevo, hecho que agradecía ya que hacía un par de días que se sentía abandonada aun sabiendo que no era del todo cierto.
Durante esa excursión conoció a gente nueva y se lo pasó bien haciendo amistades con las personas que de vez en cuando veías pasar por los pasillos del colegio. En esos momentos aún no sabía que llegaría a casa con una sonrisa pintada en su rostro a causa de una persona. Recuerda lo alegre que estaba ese día y se echa a reír de su ingenuidad.
En el grupo había muchos chicos, pero sin poder explicárselo, se fijó en él. Incluso ahora, preguntándoselo, no sabría responder. Puede que no tenga explicación, puede que su corazón solo haya decidido fijarse en él por un capricho ininteligible. No lo sabía, pero de esa excursión se llevó el nombre del chico junto con una sonrisa.
Puede que sabía que necesitaba una distracción para poder olvidarse de algunas personas que le dejaron sin ninguna explicación. ¿Quién sabe? Ahora, cuando echa la vista atrás, se sorprende la manera en la que las algunas cosas se hayan incrustado en su vida porque en uno de esos instantes cotidianos carentes de asombros le conoció a él, pasó cuando menos se lo esperaba, se fijó en él sin saber por qué…
                                                                                
X. 
         
Al acabar la excursión todo volvió a su cauce. Él tenía sus clases, ella las suyas. Parece extraño, pero la chica admite que le hubiera encantado saber que él se acordaba de ella, de su nombre…
Sonríe al recordar como un día le vio salir corriendo de su clase tras un amigo que le había robado la libreta. Aún no sabe porque ese recuerdo formó parte de su memoria. Quizá su corazón haya captado un indicio de continuación de la historia, aunque para eso tenía que pasar un año.
Piensa en los días que le veía por el pasillo, en el par de miradas que se cruzaron… todo se quedó perfectamente guardado en su memoria, son cosas de las ella no se acordaba, pero que salieron a  la luz cuando le volvió a ver.

XI.


Rememora el día que él se acercó a hablar con unas compañeras suyas. Le gustó su manera de hacer reír a la gente, parecía muy alegre y quizá, en ese momento, era lo que tanto le faltaba… Todavía se acuerda de lo que le dijo ese día:
                    ¾      Pareces la única normal de aquí,- y se rió.
Sonríe al recordarlo, sabe que en ese instante no encontraba palabras para contestarle, tan solo se rió con él.


XII.   
          
No sabe cómo se olvidó de él, el último recuerdo que tiene habla de él mirándola directamente a sus ojos cuando salía de clase… Luego llegaron otras personas y le dejó en el pasado.
Pasó casi un año durante el que, por desgracia, sufrió muchísimo. Recuerda los días en los que se sentía tan destrozada que le costaba hasta respirar cuando llegaba a pensar en tener que levantarse para ir a clase, donde tenía que animar a una amiga que también estaba sufriendo… pero el dolor la hizo madurar todavía más y puede que, alguna forma, le ayudó a reforzar su decisión. El sufrimiento alimentó su sueño y con ello siguió adelante.

XIII.       
      
Fue esa amiga la que le contó que se había encontrado con un chico que conocía en el metro. Cuál fue su sorpresa cuando esta pronunció su nombre. En ese instante algo se paró porque todos los recuerdos tan cuidadosamente guardados en algún rincón de su corazón salieron a la luz. Se acordó de él.
Un remolino del pasado le trajo un sentimiento tan extrañamente olvidado y entonces recuerda lo que le dijo:
                    ¾      ¿Sabes qué no es casualidad, verdad?, - pronunció las palabras convencida de que se trataba de algo más que de una simple coincidencia temporal.
Su mejor amiga le miró sin saber a qué se refería. Lo comprendió más tarde cuando la chica repitió la misma frase un par de días después, segura de que algo estaba cambiando.


 XIV.

Las cosas comenzaron a cambiar de forma vertiginosa. Cada día estaba más presente en la vida de la chica. Comenzaron a quedar los tres. Recordó lo feliz que se sentía cuando volvía a casa. Aun no quería admitirlo, de hecho, no tenía nada claro. El corazón mezcló demasiados sentimientos y se sentía confusa, pero con el tiempo empezó a darse cuenta de que le gustaba ese chico. Le encantaba hablar con él por la noche, cuando aún no tenía claro lo que eran, cuando soñaba con poder cambiar algunas cosas. Ella se sentía extremadamente bien en su compañía. La ligereza ocupaba su cuerpo y parecía que los problemas se esfumaban por un tiempo. Tuvo que admitir que él estaba cada vez más presente en sus pensamientos. Recuerda un día cuando iban a quedar los tres, con esa amiga que le trajo de nuevo a  la vida de ella. En el último instante las cosas cambiaron y su amiga vino con otro chico.

XV.

Al final eran cuatro. Recuerda cómo sonrió al pensar que podría pasar más tiempo hablando con él. Quedaron para ir a patinar y ella, aun con miedo de hacer el ridículo, se sentía feliz. Aquella tarde nadie se dio cuenta del tímido brillo en sus ojos que demostraba la más pura felicidad. Hablaron de muchas cosas, evitando mencionar su mundo personal.
Sobretodo recuerda el instante en el que estuvieron en la terraza del centro comercial. Hablaron de películas. Sonríe al volver a ese instante y escucha de nuevo el argumento de Drácula de sus labios. Él estaba muy cerca, la intimidaba con su mirada simplemente porque ella era incapaz de no perderse en aquellos ojos que tanto le gustaban.
De vuelta a casa, cuando el “acompañante” de su amiga se marchó, se hicieron un par de fotos. Todavía no se explica cómo logró esconder su alegría bajo una sonrisa casual. En el momento de la foto, la realidad dejó de existir, incluso su amiga se perdió en un limbo temporal. Él la abrazó suavemente y ella sintiendo sus brazos a su alrededor, dejó de respirar.
Tiempo después no podía dejar de pensar en aquella foto. Quería verla, pero se obligó a ser paciente y esperar el momento oportuno para preguntar por ella. Recibió la foto más tarde cuando las cosas cambiaron, cuando él comenzó a formar una parte más importante de su vida.

XVI.

Volviendo a la realidad, sentados en la cama de aquella habitación que se llenó del aroma de café, se encuentra con la mirada de él y entonces sonríe. Hace tiempo estaba preocupada por su felicidad y ahora puede estar segura de que las cosas irán bien. Por un segundo captó un cambio en su expresión y escuchó:

                                        ¾  Eres preciosa, ¿lo sabías? - preguntó él con una tierna sonrisa.
Y, cómo siempre, ella se quedó sin palabras. No se lo creía y sin saber qué contestar dejó escapar una leve sonrisa y comenzó a recordar.


XVII. 

Volvió a aquella tarde de invierno cuando su amiga aseguró que ella gustaba a él. Se siente estúpida por haber puesto en duda aquella afirmación. Claro, para aquel entonces ella no podía creer que le podía gustar. Sabía que estaba a la altura de él y por ello siempre decía lo mismo:

                             ¾ No es verdad, yo no puedo gustarle. Deja de decir tonterías, ¿vale?, - contestaba con una voz convencida.
Y es que aun dudando de aquellas palabras, una pequeña parte de ella esperaba que fuera cierto, aunque la inseguridad pronto le hacía olvidar aquella frase.Muchas veces se perdía en sus pensamientos esperando encontrar alguna señal que confirmara las palabras de su amiga, pero no la encontró. Sin embargo un nuevo pensamiento le llenó la cabeza. Ahora sabía la causa de aquellas quedadas. Comprendió que a él le gustaba su amiga y eso acabó con la esperanza que todavía quedaba.

XVIII.

Ahora tenía más cuidado con sus miradas, la distancia entre ellos aumentó considerablemente, aunque el corazón protestaba, ya que deseaba ver feliz a su amiga. Poco a poco las cosas comenzaron a complicarse, por las noches deseaba hablar con él, pero se obligaba a ignorarle esperando que él hablara primero. Luego escuchaba a su amiga relatar las cosas que él le contaba y le dolió no poder hacer lo mismo. El precio que puso en juego era demasiado alto, pero decidió seguir así, quería que su amiga recuperara su sonrisa que hace tiempo perdió, aunque eso significara alejarse de la persona que le gustaba.



CONTINUARÁ :P

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