¿Cuál es el precio de la verdad?
¿Cómo puedo asegurarme de estar en la senda correcta? ¿Soy buena persona o tan
solo trato de no ir en contra de mis principios por miedo? ¿Cuál es el peso de
una decisión en las vidas de los demás? ¿Quiero seguir con lo que tengo?
¿Podría echar la vista atrás y no arrepentirme de nada?
La vida se compone de preguntas
de lo más variopintas, la mayoría de las cuales no sabemos responder con total
certeza, pero no nos importa. Lo cierto es que el valor de la vida no reside en
las respuestas, ni siquiera en el momento de plantear la pregunta sino en la
cuestión como tal, en el motivo por el cuál realizamos una u otra cosa. Somos
tan diferentes pero tan iguales. No podemos dejar de ser parte del grupo pero,
a la vez, tiramos de todo nuestro ser para ser únicos. ¿Qué somos? ¿Adónde
queremos llevar? ¿A qué estamos dispuestos a renunciar para ello? Tenemos miedo
olvidando que el miedo es bueno, que solo del miedo puede aflorar la valentía y
no al revés. El miedo es un motor que empuja a seguir adelante o, al menos, a
no quedarse atrás.
Los miedos son personificaciones
de alguna parte de nuestro ser, de nuestra experiencia, de nuestros fracasos o,
incluso, de nuestros éxitos.
¿De qué tienes miedo? Plantéate
esa pregunta y trata de responder con seriedad. Te puedo asegurar que la
respuesta nunca será la misma si te la continúas haciendo de tiempo en tiempo.
En ese momento te das cuenta de que las cosas cambian y, aunque no lo parezca
en muchas ocasiones, tú también. Evolucionamos y, quiero pensar que, mejoramos.
¿De qué tienes miedo?
¿De qué tengo miedo?
Tengo miedo a la oscuridad, bueno
a lo que puede haber en ella. Llega un momento en la vida en el que descubres
que los monstruos tienen rostros humanos. Y no, sigo pensando que la naturaleza
del ser humano es buena, pero por otro lado, soy consciente de que hay momentos
en los que la humanidad se puede ahogar en las tinieblas de la maldad que, cada
uno de nosotros, poseemos.
Tengo la extraña sensación de que
quizá las historias de niños tengan su parte de realidad. Esa continua lucha
entre el bien y el mal que comienza dentro del mismo ser humano es algo real.
Es como si cada uno de nosotros naciera con la capacidad de crear pero a la vez
de destruir. ¿Es posible? Siguiendo la herencia de Freud, se diría que sí
aunque él le atribuiría un origen sexual, lo más probable.
No dejes que los temores
controlen tus actos. Párate un segundo y responde: ¿de qué tienes miedo?