Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 19 de mayo de 2013

Hacia un lugar inmaculado


¿Quieres huir conmigo a un lugar donde no haya nadie? Te aseguro que estaremos bien, tú y yo, mano con mano, las lágrimas se secarán de nuestros rostros tan pronto como toquemos el sol. ¿Quieres decir que prefieres esto? Piénsatelo bien mientras yo suspiro esperando que cambies de opinión. Quiero que estemos juntos, juntos de nuevo, juntos como antes, juntos como siempre habíamos querido estar. No quiero revolotear entre tus suspiros esperando cogerlos con mis gélidas manos, ya no soy capaz de acunarte entre mis brazos sin estremecerme por el dolor que sientes. Sé que es duro pero te pido por favor, ven conmigo a un lugar completamente nuevo, uno que todavía no ha sentido huellas de gente que huye de la soledad, uno que conserva la imborrable marca que trae la felicidad. 

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