Parece que esté buscando una
forma de quedarme a solas. No dejo de alejarme de la gente siempre que puedo.
Es como si necesitara quedarme con mi dolor. Las situaciones sociales llegan a
agobiarme y cuando la compañía pasa de una persona me mareo. Todavía no
entiendo qué me pasa. Puede que no me haya terminado de encontrar o, por el
contrario, puede que esté huyendo de la
persona en la que me he convertido. ¿Quién sabe? Tan solo necesito una parcela
donde pueda ser libre, ponerme los cascos y no pensar en nada que no sea la
tarea que tengo delante. Creo que es eso. Mantener conversaciones se está
haciendo tan pesado porque requiere recordar cosas, cosas que trato de dejar
atrás al menos por un tiempo.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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