Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 18 de junio de 2012

Conversación inventada por la desesperación


+¿Por qué no le llamas explicándole que te hace falta? Sabes que así te sentirías mejor.

-Lo sé, pero no aun así, no quiero hacerlo. Estoy segura de que cuando escuche su voz me pondré a llorar. Sé lo que es derrumbarte cuando alguien te da su apoyo. Prefiero recuperarme y entonces avisarle. Ya sé que puede que haga mal, pero sé que no soportaré hablar con él estando así. Sé que es incómodo consolar a alguien cuando tiene la voz ahogada por los gritos del corazón mientras por sus mejillas corren lágrimas de desesperación. Sé que hablando con él me sentiría mejor, de hecho, es lo que más me hace falta en este momento. Pero no. Prefiero estar así, aun dejándome a la deriva de los pensamientos destructivos. 


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