Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 10 de mayo de 2013

Coraza en reparación


Sola. Fría. Indefensa. Es como si me quitaran una coraza que llevaba desde hace bastante. La verdad es que creo que todos tienen una que les protege contra la posibilidad de sufrir. Las hay de diferentes tipos y tamaños. Unas protegen del dolor físico, otras evitan la duda espiritual y otras son protecciones puramente mentales.
Es como si cada una de estas tuviese la propiedad de aguantar el sufrimiento. Unas soportan más golpes mientras que otras ceden enseguida ante las balas verbales de los demás. ¿De qué depende?
La verdad es que creo que la posibilidad de evitar el dolor no se encuentra en lo fuerte que pueda ser esa coraza, sino en la habilidad de esquivar el ataque del contrincante. No sé, quizá sean las dos cosas. Por ahora simplemente pienso que, de vez en cuando, la gente llega a quitarse esa coraza, cuando hay demasiados agujeros que dejan pasar las cuchilladas que lanzan los enemigos. Sobrepasar ese momento es crucial para seguir respirando. Cada uno se la quita cuando recibe demasiado daño, cuando no puede soportar más.

Al desprenderte de tu única defensa te sientes pequeño, tan pequeño que podrías desaparecer entre dos gotas de agua. Pero lo peor no es eso, la terrible sensación de soledad se encuentra en un único pensamiento que te reconcome por dentro. Eres vulnerable. Demasiado vulnerable. Y es entonces cuando te das cuenta de lo fuerte que eras antes, de los golpes que aguantaste sin caerte y rezas para recuperar de nuevo esa coraza que te ayuda a seguir avanzando.
Yo, de momento, solo espero que la mía se repare pronto.

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