No sé ni por
dónde empezar. La verdad es que las cosas no van cómo desearía que fueran. Algo
se desmorona. No sé. ¿Por qué siento que
la gente no se molesta en conocer quién soy, o mejor, quién podría llegar a
ser? Llevo demasiado tiempo sintiendo que no encajo en ninguna parte, que los
demás pasan de largo en vez de pararse a preguntar si podrían tener algo en
común conmigo. Y lo peor de todo es que estoy deseando cambiar las cosas, hacer
algo para que, al menos, una mísera cosa en este mundo mejore. Sí, puede que
solo sean sueños de una tonta que desea cambiar el futuro, pero aunque no fuera
así, esto no serviría de nada. ¿Acaso soy peor que la gran mayoría de la gente?
¿Acaso darme una oportunidad para ayudar a alguien es una completa pérdida de
tiempo?
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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