Creo que acabo de hacer algo que
jamás pensé que ocurriría. Fiel a mis principios y defensora de todos y cada
uno de mis valores... ¿Cómo voy a ser capaz de pedir que alguien los respete
cuando ni siquiera yo misma he podido hacerlo? He escupido sobre mis creencias
más arraigadas.
No dejo de hacer un repaso mental de la gente
que esté dispuesta a escucharme, pero siempre me topo con el mismo obstáculo.
El sentimiento de vergüenza es tan grande que consigue convencerme de que toda
esa culpa y arrepentimiento que se han condensado dentro de mi pecho es lo
mejor que me merezco.
¿Quién soy? ¿Por qué no dejo de tropezar con
piedras que ni siquiera estaban en mi camino? ¿Cómo voy a poder mirarles a la
cara y pedir que respeten una regla que ni siquiera yo pude seguir? La
desesperación se ha esparcido por cada punto de mi cuerpo y no dejo de sentir
ganas de destrozar algo. De romper algo para que me haga compañía porque yo ya
estoy demasiado rota y, con eso último, es como si pidiera a fuerza que me
tiraran piedras para acabar de romperme del todo.
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