Decepción, palabras de consuelo y un velo de lágrimas en los ojos….Nos sentimos fatal, sabemos la causa del mal del cual procede todo este sufrimiento, pero no nos atrevemos a actuar. Sentimos miedo de equivocarnos, de dar un paso en falso y acabar cayendo al vacío, no sabes si lo que estamos a punto de hacer es correcto. Todas estas preguntas nos las hacemos sin parar durante toda nuestra vida y más si se trata de amor, ahí siempre dudamos más, medimos cada paso que estamos a punto de hacer, recordamos los errores pasados e intentamos rectificarlos sin éxito, nos sentimos solos y deseamos encontrar una respuesta, tantas preguntas, tantos problemas provocados por solo un sentimiento que nos trae una gran felicidad, pero también espera que le demos algo a cambio…. y allí es donde se encuentra el sufrimiento.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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