Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 6 de octubre de 2011

Deseos de una noche


Camino por la calle
mientras siento en la cara
mis lágrimas resbalar.
 
Me estremezco por el frío,
pero no dejo de andar

Camino…
camino y no paro de llorar

Y de nuevo suspiro
esperando que el fuerte viento
el sabor de tus labios pueda borrar.

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