Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 4 de octubre de 2011

Un viaje al país de los recuerdos


Dicen que el tiempo cura las heridas, puede que sea verdad, no me lo acabo de creer...pero nunca mencionan el hecho de que los recuerdos permanecen allí. Las canciones, las palabras, los mensajes.. montones de cosas que nos evocan lo que vivimos hace tiempo, las cosas que tanto deseamos olvidar por el daño que nos hicieron. Es imposible, pero no dejamos de intentarlo…enterramos las memorias en lo más profundo de nuestro ser esperando no volver a encontrarnos con ellas, pero siguen allí, esperando el momento oportuno para salir, despertar en nosotros los sentimientos tan bien enterrados.
Salen en forma de lágrimas, ahora parece que estemos pagando por cada sonrisa, cada beso de despedida, cada abrazo de consuelo, cada mirada impregnada de felicidad… Por unos minutos volvemos a revivir el pasado, las emociones olvidadas regresan durante unos instantes y luego… regresamos a nuestra realidad, aliviados, con la esperanza de que no vuelva a suceder lo mismo, confiando en que ese viaje por el país de los autobiografías sea el último.

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