Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 21 de abril de 2013

A un paso de algo desconocido


Ya no me importa… Y es que es así, una vez que estás al pie del precipicio las cosas cambian, ya no te importa volver a estarlo y menos dar un paso saltando al vacío. Sabes cómo se siente uno estando en esa situación. El latido desbocado del corazón, las piernas temblorosas y dolor que te tira hacia el suelo. Ahora sabes que ya no te importa pasar por lo mismo, sentirte de la misma forma si ello te indica que puedes superarlo, si hacer ese paso hacia la nada puede cambiar las cosas, si puedes volver a sentirte feliz de nuevo.

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