Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Sea quién sea

La oscura necesidad de alejarme de todo. Necesito estar a solas con los recuerdos del pasado. Un último adiós. Un billete sin vuelta. Un apretón de manos aliviado. Una lágrima que no termina de nacer. Descubrir quién eres y adónde quieres llegar. Montones de dudas que corroen tu cordura. El sentimiento de inquietud te rodea el pecho…


Creo que durante los últimos meses he descubierto que no hace falta saber exactamente quién eres, a veces solo basta con saber cómo no quieres llegar a ser. La escala de valores sigue rigiendo tus acciones y no podrías estar más orgullosa. Al fin y al cabo nadie ha conseguido que dejes de ser tú misma, seas quién seas.  

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