Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 11 de junio de 2011

Tu recuerdo...


La oscuridad de la noche
me recuerda a ti,
mi silencio, tus miradas
y las cosas sin decir.

El tiempo pasa,
no vuelve atrás…
a veces recuerdo los días
cuando aún aquí estabas.

Todo se va, me dijiste
Te marchaste sin despedirte.
No volví a saber de ti,
ahora pienso que es mejor así.

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