Hay cosas que nos sorprenden, personas que sin esperar nada a cambio simplemente están allí, apoyan nuestras decisiones, aun sabiendo que estas pueden llegar a hacernos daño, dándonos así la posibilidad de equivocarnos pero que siempre están allí para secar nuestras lágrimas y, también, compartir nuestros éxitos.
Esa gente no pide nada, no envidia ni nos juzga, solo está allí cuando la necesitamos y ese sentimiento es muy reconfortante.
En los momentos de derrota, cuando caemos sin fuerzas para poder continuar nuestro camino nos ayudan a levantarnos a seguir adelante luchando por nuestros sueños. Nos dan aliento para superarnos, derrumbar los obstáculos y no rendirse. Se alegran por nuestros éxitos como si fueran suyos, al igual que lo hacemos nosotros, nos hacen sentir seguros en cualquier instante….
En nuestra vida también hay personas que se hacen llamar nuestros “amigos”, esos llevan una máscara de amabilidad y comprensión, mientras se alegran cuando algo nos sale mal y nos ignoran cuándo necesitamos que nos escuchen. A veces cuesta diferenciar entre esas dos clases de personas pero de una cosa estoy completamente segura:
Los verdaderos amigos son incondicionales y podemos estar seguros que nunca nos traicionaran.

No hay comentarios:
Publicar un comentario