Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 30 de septiembre de 2011

El mundo de la tranquilidad


Hace poco me he dado cuenta de que una de las cosas que más me gustan es pasar tiempo en la naturaleza.
 Inspirar el aire limpio del campo, escuchar como la suave brisa mueve las hojas de los árboles, observar a los pájaros que sobrevuelan las casitas y escuchar el reír de los niños jugando al fútbol en la calle...Ver como la luz del sol incide sobre las flores, haciéndolas resplandecer con millones de tonalidades…

Es inverosímil, pero te sientes mejor simplemente estando allí…en medio de la naturaleza. Puedes observar como todos tus sentidos se agudizan y una pizca de magia presente en el aire te saca una sonrisa. Es una sensación que no se compara con nada, es algo único, algo que te recuerda a la libertad; es, simplemente, genial

No hay comentarios:

Publicar un comentario