Solemos ver las películas dependiendo de nuestro estado de ánimo, la verdad
es que nunca antes me pare a pensar el ello. Cuando queremos llorar alquilamos
discos con dramas grabadas, cuando las cosas van mal algunos suelen ver películas
en la que la gente es la que sufre. El cine te ayuda a evadirte de la realidad
alrededor de dos horas mientras ves como tus problemas desaparecen y son los
actores los que sufren. Resulta una vía de escape efectiva.
Pero ¿qué pasa con las películas románticas? No estoy muy segura de esto,
pero creo que de alguna forma queremos vernos reflejados en los personajes. Esas
películas, en cierta manera, se convierten en una especie de guión que la gente
sigue inconscientemente. Sí, puede que sea por eso, pero solo puedo estar segura
de aquello que siento yo. Queremos ver que la felicidad que está reflejada en
las pantallas también está en nuestras vidas y, a veces, queremos demostrar al
mundo que nuestra realidad supera a lo que pasa en las películas. Tenemos
aquello que siempre queríamos y sabemos que es real, podemos sentirlo y afirmar
con toda seguridad que no se trata de un cortometraje que se esfumará cuando
acabe la cinta.

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