Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 10 de mayo de 2012

Hipótesis sin confirmar


Hay ocasiones en los que la preocupación nos envuelve con un velo de dudas unidas por los pequeños temores. Sentimos que la angustia forma parte de nuestros pensamientos e intentamos arreglar la situación. Hay ocasiones en las que parece que las cosas tomarán un rumbo inesperado, uno que nos impedirá ser felices y eso preocupa. Puede que solo sea otro de los ataques de la imaginación alterada por los miedos, no lo sabes, tan solo esperas que las cosas no salgan mal.

Tienes miedo, es esa sensación que te impide respirar con tranquilidad… lo peor es que no sabes si lo que vives forma parte de la realidad. Te preocupa darte cuenta de que algo pueda salir mal y acabar con todo lo que te hace feliz, no quieres pensar en lo que pasaría en caso de que tu suposición se confirme.

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