Porque puedes decir con toda seguridad que eres feliz, que no quieres
cambiar absolutamente nada de tu vida salvo algún par de minuciosos detalles
que pronto dejarán de molestarte para que puedas estar con él todo el tiempo
que quieras. Porque te das cuenta de que ahora ya no te hace falta pensar en
cómo será tu futuro porque lo único que te importa ahora es tu presente, tu
presente a su lado. Porque sabes que sólo podrás vivir los mejores instantes
cuando estés con él, porque admites que es su sonrisa cabe tu felicidad y con
el más simple roce de su piel puedes tocar el cielo con las manos. No, no
quieres cambiar nada. Te alegra saber que las cosas por fin van bien y que, dentro
de nada ya no te hará falta medir el tiempo que puedas pasar a su lado. Porque
sabes que puedes alzar la voz y serás escuchada, porque puedes sentirte segura
en un mundo de injusticia, porque sabes que harás todo lo posible para que él
sea feliz, porque sabes que lo que más deseas en este mundo es estar con él,
porque le amas más que a nada, porque no te imaginas sin él a tu lado.
Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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