Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 5 de mayo de 2012

391716


Dicen que el tiempo es relativo, lo que se olvidan de mencionar es que los momentos más significantes dejan de medirse con las manecillas de un reloj… hay algo más, un mecanismo diferente que hace que el tiempo cobre una perspectiva diferente para cada uno. Los latidos del corazón marcan la diferencia, supongo que por eso, cuando esperamos una llamada o pensamos en lo mucho que echamos de menos a alguien, comenzamos a contar el tiempo por el corazón. En algunos instantes el tiempo se hace más pausado, es entonces cuando nos parece que ha transitado un millón de latidos antes de poder verle, porque el corazón tiene su propia cuenta para aquello que más le importa. Es entonces cuando piensas que hace 391.716 latidos que no le ves, que no sientes sus caricias o sus besos en tu piel.

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