Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 12 de mayo de 2012

Alas


Supone que ya nada cambiará, que las cosas nunca se arreglarán y nota cómo el brillo de la esperanza se va apagando en tus ojos. La vida se va con cada suspiro, el corazón se niega a seguir latiendo a cambio de tener que sufrir ese insoportable dolor del pasado tan presente. Llega un momento en el que ya te da igual todo lo que pasa a su alrededor, deja de percibir la realidad que se convirtió en un continuo sufrimiento. Todo se derrumba bajo sus pies y cae…
Cuando nota que el golpe al encontrarse con el duro suelo de penuria le destrozará, algo le frena. Le sorprende el hecho de no llevarse un nuevo golpe. Observa la superficie llena de promesas rotas junto con los sueños no cumplidos y comprende que le acaban de salvar la vida. Deja de respirar por un par de segundos mientras intenta asimilar el hecho de que hay alguien que consiguió apartarle de la muerte por sobrecarga de recuerdos.
Poco a poco le deja en el suelo firme y reconoce que la superficie no está estropeada, parece que podrá continuar tu camino sin derrumbarse por otro barranco de sufrimiento incontrolado. Los primeros momentos se ve obligado a medir cada suspiro temiendo que la realidad se convierta en otro sueño seguido de una pesadilla.

Poco a poco, se va creyendo lo que pasa con tu mundo es real. En un determinado instante se fija en una cosa curiosa, mira a los pies y ve que bajo ellas se posó un pequeño trozo de cielo. Sonríe y se preguntas a qué se debe, esperando que la respuesta sea: “Porque te lo mereces”. Mientras camina sobre pequeñas nubes que le van indicando el camino comienza a pensar en lo que le sucedió, en la enorme suerte que tuvo de encontrar una persona que la pudiera salvar del pasado presente.
Caminando sobre su trocito de cielo regalado un día se da cuenta de una sensación de ligereza extrema. Se siente rara, pero bien. Un poco más tarde percibe un movimiento extraño detrás de ella y se eleva hasta llegar a las nubes. Lo comprende después, es cómo si tuviera alas, alas que le pueden elevar hasta la infinitud del universo, alas que pueden alejarla de todo y de todos, alas que pueden salvarla de volver a caer, pero no le importa, lo único que le preocupa ahora es la persona que la tiene cogida de la mano, esa persona que le salvo la vida, esa persona que le volvió a regalar la felicidad, esa persona a la que ama aun sin poder encontrar las palabras suficientes para poder explicárselo con claridad. De momento quiere permanecer en su pequeño trozo de cielo por el que va avanzando hacia el futuro prometedor.

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