Supone que ya nada cambiará, que las cosas nunca se arreglarán y nota cómo
el brillo de la esperanza se va apagando en tus ojos. La vida se va con cada
suspiro, el corazón se niega a seguir latiendo a cambio de tener que sufrir ese
insoportable dolor del pasado tan presente. Llega un momento en el que ya te da
igual todo lo que pasa a su alrededor, deja de percibir la realidad que se
convirtió en un continuo sufrimiento. Todo se derrumba bajo sus pies y cae…
Cuando nota que el golpe al encontrarse con el duro suelo de penuria le
destrozará, algo le frena. Le sorprende el hecho de no llevarse un nuevo golpe.
Observa la superficie llena de promesas rotas junto con los sueños no cumplidos
y comprende que le acaban de salvar la vida. Deja de respirar por un par de
segundos mientras intenta asimilar el hecho de que hay alguien que consiguió apartarle
de la muerte por sobrecarga de recuerdos.
Poco a poco le deja en el suelo firme y reconoce que la superficie no está
estropeada, parece que podrá continuar tu camino sin derrumbarse por otro
barranco de sufrimiento incontrolado. Los primeros momentos se ve obligado a
medir cada suspiro temiendo que la realidad se convierta en otro sueño seguido
de una pesadilla.
Poco a poco, se va creyendo lo que pasa con tu mundo es real. En un
determinado instante se fija en una cosa curiosa, mira a los pies y ve que bajo
ellas se posó un pequeño trozo de cielo. Sonríe y se preguntas a qué se debe,
esperando que la respuesta sea: “Porque te lo mereces”. Mientras camina sobre
pequeñas nubes que le van indicando el camino comienza a pensar en lo que le
sucedió, en la enorme suerte que tuvo de encontrar una persona que la pudiera
salvar del pasado presente.
Caminando sobre su trocito de cielo regalado un día se da cuenta de una
sensación de ligereza extrema. Se siente rara, pero bien. Un poco más tarde
percibe un movimiento extraño detrás de ella y se eleva hasta llegar a las
nubes. Lo comprende después, es cómo si tuviera alas, alas que le pueden elevar
hasta la infinitud del universo, alas que pueden alejarla de todo y de todos,
alas que pueden salvarla de volver a caer, pero no le importa, lo único que le
preocupa ahora es la persona que la tiene cogida de la mano, esa persona que le
salvo la vida, esa persona que le volvió a regalar la felicidad, esa persona a
la que ama aun sin poder encontrar las palabras suficientes para poder
explicárselo con claridad. De momento quiere permanecer en su pequeño trozo de
cielo por el que va avanzando hacia el futuro prometedor.

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