Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 4 de mayo de 2012

El avance final


La vida suele ser una continua ruta siempre hacía delante y, aunque a veces nos tengamos que girar para mirar atrás, nunca nos detenemos. A lo largo del camino nos encontramos con muchos obstáculos que rodear o miedos que afrontar. A medida que avanzamos nos hacemos más fuertes, pero también la cuesta se hace más empinada. Parece que todo se regula, pero hay una cosa que falla… nuestra fuerza. La esperanza nos ayuda a seguir porque cuando levantamos la vista vemos el final del camino donde se encuentra eso que tanto anhelamos, entonces nuestros pasos ganan firmeza.
Lo peor sucede justo cuando estamos a un par de meros pasos de la meta, cuando parece que nos lo jugamos todo en repartir ese último aliento que nos queda para arrastrarnos al final. Todo marcha bien hasta que nos encontramos con el miedo. Ese temor específico que logra desequilibrar nuestra visión del mundo apagando la tímida llama de la esperanza.

Creo que el peor de los temores reside en el miedo a decepcionar a los demás. Te parece que cada paso que des en falso te condenará, que cada suspiro de queja alejará de ti a los demás, que cada una de las lágrimas que corren ahora por tus mejillas se convertirá en una burla de aquellos que no desean que llegues a conseguir lo que quieres… Duele pensarlo, pero es más molesto sentir cómo el miedo se acomoda en tu pecho mientras te susurra que no podrás hacerlo. En esos momentos solo te puede ayudar una cosa, una cosa que de alguna forma causa el miedo… sientes que te falta el apoyo de los demás para continuar avanzando.

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