Hay sensaciones indescriptibles, algunos sentimientos son imposibles de
transmitir. La frustración llega a su máximo punto cuando deseas contar cómo te
sientes y no puedes. Te conformas con las palabras que existen ya aunque sabes
que no te basta con ellas.
Son momentos en los que la realidad general deja de existir, tan solo se
percibe tu perspectiva de las cosas y eso te encanta. Dejas de percibir el
ruido de los motores, las conversaciones de la gente que pasa a tu alrededor
pasan a un segundo plano, parece que los pájaros se callen y todo,
absolutamente todo que no tenga que ver con él desaparece sin dejar rastro.
Esa realidad cotidiana deja de tener importancia, tan solo está él, sus
ojos, sus labios y esa sonrisa suya que tanto te encanta. Sientes sus brazos
alrededor de tu cintura, percibes su respiración y, por momentos, el latido de
su corazón… en algún momento te das cuenta de que con eso tienes suficiente, ya
no quieres nada más porque admites que ya posees lo que hace algún tiempo ni te
atrevías a desear.
Tu versión de la realidad le incluye a él. Te das cuenta de que el
cansancio pasa a un segundo plano, dejas de pensar en el sueño que tienes, te
olvidas de las cosas que te quedan por hacer y solo está ese momento. Esos
momentos que luego recuerdas antes de dormirte. Esos momentos que te hacen
sonreír cuando llegas a casa y percibes su olor en tu piel. Esos segundos en
los que no existe nada más, salvo vosotros. Esos momentos que no cambiarías por
nada del mundo.

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