Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 15 de mayo de 2012

Sensaciones indescriptibles


Hay sensaciones indescriptibles, algunos sentimientos son imposibles de transmitir. La frustración llega a su máximo punto cuando deseas contar cómo te sientes y no puedes. Te conformas con las palabras que existen ya aunque sabes que no te basta con ellas.
Son momentos en los que la realidad general deja de existir, tan solo se percibe tu perspectiva de las cosas y eso te encanta. Dejas de percibir el ruido de los motores, las conversaciones de la gente que pasa a tu alrededor pasan a un segundo plano, parece que los pájaros se callen y todo, absolutamente todo que no tenga que ver con él desaparece sin dejar rastro.
Esa realidad cotidiana deja de tener importancia, tan solo está él, sus ojos, sus labios y esa sonrisa suya que tanto te encanta. Sientes sus brazos alrededor de tu cintura, percibes su respiración y, por momentos, el latido de su corazón… en algún momento te das cuenta de que con eso tienes suficiente, ya no quieres nada más porque admites que ya posees lo que hace algún tiempo ni te atrevías a desear.

Tu versión de la realidad le incluye a él. Te das cuenta de que el cansancio pasa a un segundo plano, dejas de pensar en el sueño que tienes, te olvidas de las cosas que te quedan por hacer y solo está ese momento. Esos momentos que luego recuerdas antes de dormirte. Esos momentos que te hacen sonreír cuando llegas a casa y percibes su olor en tu piel. Esos segundos en los que no existe nada más, salvo vosotros. Esos momentos que no cambiarías por nada del mundo.

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