Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El filo entre las decisiones


Algunas decisiones suelen ser demasiado simples. Nuestro problema está en pensar que detrás de todo problema se esconde una complicación. Cuan más pequeño sea el problema más tenderemos a complicarlo. No aceptamos las cosas simples, por ello solemos inventarnos obstáculos descabellados con el fin de creer que aquella dificultad nos impedirá seguir. Quizá nos asuste la simpleza de algunas cosas, quizá no nos guste admitir que hay preguntas que se pueden contestar con una palabra, quizá no queramos admitir que hay acciones que lo complican todo, quizá intentemos ignorar que aquello que hacemos pueda traernos un final diferente, un final del que podamos arrepentirnos, un final que la cabeza se imagina, pero que el cuerpo rechaza con el fin de dificultar la decisión que estamos a punto de tomar.

¿Has caminado alguna vez entre dos decisiones? ¿Has intentado seguir imparcial aun sabiendo qué decisión deberías tomar? Siempre pasa lo mismo, intentamos aplazar el tiempo de respuesta con el fin de tenerlo todo más claras, sin ver que las cosas que hacemos suelen complicarse con las acciones descuidadas que realizamos mientras rozamos las fronteras de dos posibilidades. Quizá nos guste saber que con tan solo un paso podemos tener lo que queremos, quizá nos hipnotice pensar que por un tiempo nos pertenecen las dos decisiones, quizá nos dé miedo perder alguna de las dos oportunidades, ¿quién sabe?
Al andar por el límite de las decisiones no controlamos nuestras acciones, en algún momento nos olvidamos de aquella pregunta que nos hizo medir aquel cordón de separación, por desgracia, descubrimos demasiado tarde que el hilo por el que andamos lleva espinas y que, tarde o temprano, una de ella nos obligará a tomar una decisión espontánea.
Nunca pensamos en lo que pasa a los lados del límite, solemos olvidar que el filo del cuchillo suele acabar cortando cuando uno pierde el equilibrio, cuando uno pasa demasiado tiempo premeditando el siguiente paso.

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