Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 18 de noviembre de 2012

No he llegado aquí para darme la vuelta y volver atrás


Cuando las cosas salen mal solo hay dos maneras de actuar. Tu reacción tan solo depende de ti y quizá allí es donde encuentre aquella pequeña porción de libertad que puede hacerte respirar con más soltura. Pase lo que pase, ya sea para bien o para mal, en ti está la capacidad de aceptarlo y hacer algo al respecto. Puede que con el tiempo te des cuenta de que no vale la pena tirarte al suelo arrepintiéndote de las cosas que hiciste, en algún momento comprende que aquello no sirve absolutamente de nada. La pena que puedes pretender dar a los que te rodean tan solo te hará sentir peor, las ganas de seguir adelante irán desapareciendo poco a poco… ¿de verdad crees que vale la pena hacerlo? La mejor solución está en optar por la otra opción, una que te facilite las cosas, una que sea capaz de hacerte seguir adelante sin perder la compostura.

La otra manera de actuar consiste en aprovechar el viento para cambiar el rumbo. Hay que saber aprovechar las adversidades. Puede que al principio no nos demos cuenta pera aquella es la mejor opción, ya que aunque el golpe duela podemos beneficiarnos del dolor para aumentar nuestras defensas. Quizá esté hablando de esto porque quiera volver a demostrarme que la libertad de actuar está en mí y que un fracaso no implica una rendición total. No pienso deja de caminar por causa de un rasguño que me llevé por sorpresa, por un mero descuido… el camino es largo y no pienso retroceder por muchas piedras que encuentre. Las cosas que valen la pena son difíciles de conseguir, pero no por ello tengamos que dejar de avanzar. Pienso proteger ese aspecto de mí que se llevó el peor golpe, pienso seguir adelante pase lo que pase, pienso avanzar sin caerme de rodillas, pienso mirar la meta sin que las lágrimas me nublen la vista, pienso sonreír aunque para ello tenga que esforzarme mucho más, pienso hacer las cosas mejor de como las estaba haciendo hasta ahora, pienso respirar con total libertad.

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