Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

viernes, 29 de agosto de 2014

Lo valiente...

Lo valiente no es olvidarte del dolor, ignorarlo y tratar de ocupar tus pensamientos con un pasatiempo cualquiera. Lo valiente es aceptar ese dolor que viene como una ola y arrasa con todo a su paso. Lo valiente es llorar, pero no escondiéndote, sino mostrando tus sentimientos, aceptando tu humanidad, sabiendo que volverás a recomponerte. Lo valiente no es tratar de tapar los huecos de tu vida con lo primero que se te ocurra. Lo valiente está en saber escoger aquello que te define. Lo valiente es dudar pero siempre acabar actuando de forma prudente. Lo valiente no es luchar, pero tampoco huir. Lo valiente es resistir cuando se requiere, marcharse cuando las razones son sólidas o luchar si todavía tenemos fuerzas. Lo valiente no es gritar a los cuatro vientos el haber perdido algo. Lo valiente es aprender de la vida. Lo valiente es que cada paso aumente nuestra sabiduría. Lo valiente es saber lo que quieres. Lo valiente es demostrarte que puedes ser mejor que el día anterior. Lo valiente es ir hacia tu meta.

Lo valiente no es buscar a alguien que te proteja de todas las adversidades. Lo valiente es aprender a hacerlo por ti mismo. Lo valiente es matar a tus propios monstruos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario