Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 16 de septiembre de 2014

Bajo la luz de las farolas

Era el escenario perfecto. Anochecía. Cada vez pasaba menos gente por las callejuelas de alrededor mientras que nosotros… nosotros estábamos a la deriva de nuestros pensamientos. Desde siempre adoraba esos ratos en los que nos podíamos acunar en los miedos más profundos o las ilusiones de lo más variopintas. Sabía que mis confidencias estarían seguras entre nuestros cuerpos, por ello volvía a abrir la boca para confesarle algún que otro secreto mío. Era como crear una pared de comprensión. Jamás me reprochó nada. Su mirada nunca se llenaba de incomprensión mientras escuchaba otra historia que la vida que había hecho experimentar.


Todavía recuerdo esos ojos castaños capaces de crear un rincón de confianza en el que tanto me gustaba refugiarme. Dios… con él me podía permitir equivocar porque sabía que, aun arrepintiéndome, esa experiencia me permitiría hacerme más fuerte.


Lo mejor de todo era la mutualidad de esa complicidad. Cuando comenzaba a contarle algo íntimo no dejaba de mirarme a los ojos. Me fascinaba ese poder de recreación, esa confianza que depositaba en mí. De vez en cuando, percibía un tic involuntario o una sonrisa nerviosa delataba su preocupación entonces comprendía realmente el esfuerzo que hacía por contármelo. Y, quieras o no, esos gestos son difíciles de pasar por alto. No hay nada más valioso que el instante en el que una persona desnuda su alma, mostrando todas y cada una de sus debilidades, confiando plenamente en ti. 

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