Creo que esas cosas es lo que
realmente nos hace ser auténticos, porque en esos momentos somos reales,
imperfectos… cuando convives con alguien mucho tiempo dejas de percibir esas
pequeñas señales de su verdadero ser, supongo que te acostumbras a aceptarlas
como parte de la persona cosa que, en esencia, es así; quizá por eso no sueles
recordarlos cuando la persona se marcha de tu vida. Recuerdas “grandes gestos”,
aquello que de verdad te marcó de alguna forma. Si te paras a pensar y separas
aquello que recuerdas de los pequeños detalles te darás cuenta de su real
importancia. Es como si te atravesaran por dentro, de pronto te das cuenta de
que aquello es lo que cuenta, de que sin darte cuenta eso es lo que hace que
sientas algo por la persona que tienes al lado.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
lunes, 4 de agosto de 2014
Pequeños grandes detalles
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