Siento que estoy envenenada.
Tantas cosas han pasado a lo largo de estos seis meses que, sinceramente, ahora
mismo no sé quién soy, qué quiero o adónde me dirijo realmente. Dicen que para
saber quién eres realmente debes perderte, pero olvidan decir que tan solo
puedes contestar a esa pregunta en pasado porque cuando te vuelves a encontrar…
ya no eres el mismo.
Lo remedios temporales no
funcionan cuando la herida no termina de cicatrizar, cuando la infección se
empieza a extender pero tú intentas tranquilizarte a toda costa, restándole
importancia. Llega un momento en el que el corte que tú mismo te propinaste
logra infectar un área más extensa y en ese momento despierta el miedo.
Estás a la deriva de la
incertidumbre y no sabes hacia dónde dirigirte. De pronto, todos los aspectos
de tu vida a los que les echas un ojo te parecen desperfectos, les falta algo y
no sabrías decirte qué es. Resumiendo, estás en medio de algo que no quieres
mantener.
Sabes que necesitas volver a
encontrarte, volver a ilusionarte por la vida, pero para eso necesitas cortar
algunos lazos con el pasado. Todavía no sé qué será lo que haré, pero el dolor
es tal que me impide pensar con claridad. Necesito sacar todo el veneno que se
lleva acumulando en mis tejidos todo este tiempo para poder volver a sentir. Lo
peor de todo es que, aun en forma de toxina, me hace sentir más completa. Sé
que está mal, pero una vocecita interior tiembla al tener que admitir que
cuando me desprenda de toda esa infección será peor, me quedaré vacía. Pero luego,
me obligo a pensar que, aunque cueste, necesitamos librarnos de algunas cosas
del pasado para hacer un poco más de sitio a lo que está por venir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario