Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 21 de enero de 2013

El suspiro perdido


Quiero huir. Las garras del prejuicio me oprimen el pecho. El extraño dolor hace que eche de menos las viejas cicatrices. Vendí mi alma a causa de una corazonada. Quería ser libre, pero acabé perdiendo las alas. No quise escuchar a los demás y me aleje del suave murmullo de mi consciencia. Lo quería conocer. Quizá el error esté en reconocer que elegí un mal camino, un camino que me llevó a la senda de la destrucción.

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