Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

miércoles, 23 de enero de 2013

Supón...






Supón que eres yo. Imagina que estás cubierto de dolor. Respira y siente como cada movimiento te desgarra por dentro. Siente como las sólidas cadenas imposibilitan tu huida. Desea alejarte y quédate donde estás. Pierde la esperanza y deja de luchar. Suspira y admite que no vale la pena llorar. Deja de esforzarte. Entiéndeme. 

1 comentario:

  1. Gracias por tu comentario en mi blog! para mi la confianza es todo y al perderla, me perdí a mi misma.
    beso grande y cuidate!

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