Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 25 de julio de 2011

Paciencia


El dolor…. cantidades de recuerdos, momentos que no se volverán a repetir; sonrisas “rotas” y ese quemazón en el pecho que no te hace respirar bien; suspiros y montones de lágrimas que resbalan por tus mejillas intentndo aliviar el sufrimiento.
En esos momentos parece que el mundo se acaba, ya no hay razones para seguir respirando y tampoco se puede volver atrás.
Y, entonces, cuando parece que todo esta perdido, llega algo que cambia las cosas; se abre otra puerta, aparece nueva oportunidad de volver a sonreír. Nos secamos las lágrimas, recogemos los pedazos de lo que antes fueron nuestros sueños y comenzamos a juntarlos de nuevo, a crear nuevas ilusiones y, aún con miedo, a fantasear con verlos cumplidos.
El dolor ayuda a valorar la felicidad, las lágrimas hacen que echemos de menos las sonrisas… Todo esta calculado, solo hace falta paciencia ya que por muchas nubes que hayan, es sol siempre vuelve a salir.

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