Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 19 de julio de 2011

UN SENTIMIENTO LLAMADO AMOR


Miradas atrevidas,
besos con pasión,
abrazos cálidos
y lágrimas de dolor.

Sueños cumplidos,
sonrisas de felicidad,
algún que otro rechazo
y “perfecta” sinceridad.

Instantes de puro placer,
muestras de ilusión,
planes para el futuro
y deseos de unión.

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