Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Cambio y corto




¿Acaso puede caber un sentimiento dentro de un susurro casi imperceptible? ¿Cómo una lagrima es capaz de  expresar tanto dolor? Entonces lo comprendí, le miré a los ojos y supe que ya nada volvería a ser lo mismo, que las cosas cambiarían para nosotros. Me esforcé en sacarme una pequeña sonrisa mientras nuestras manos se separaban… el quemazón en el pecho se agrandaba, pero esta vez yo estaba segura de que él volvería.

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